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Futuro

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Pero si no la usa en absoluto, también" Un arca de Noé de células animales en Barcelona: "Recuperar especies con estas técnicas es el fracaso de la sociedad, pero es alucinante poder hacerlo" Vida y muerte del rascacielos de toda la vida: "Hoy cualquier fachada de cristal nos parece sospechosa" Mi viaje a Madagascar con ChatGPT, la agencia de viajes de moda Por qué cada vez más ecologistas apoyan la energía nuclear: "Todos los temores a la radiación, a los residuos, a los accidentes, carecen de fundamento científico" Thomas R. Cech: "El siglo XXI es la era del ARN: la molécula cambiará el futuro de la medicina y de la ciencia" El reverso oscuro del pronatalismo que quiere salvar la Humanidad: "Abogan por una mayor natalidad pero de hijos como los suyos, ni�os blancos y rubios" Cómo hacer realidad el plan marciano de Donald Trump: "Ir al planeta rojo sin pasar por la Luna es posible, pero mucho más arriesgado" El planeta ante el dilema de 'matar' a una IA consciente: "Por favor, no me apagues" Arranca la carrera 'espacial' cuántica: ordenadores para dominar el espacio-tiempo PLD Space ultima el Miura 5, el primer cohete comercial español: "Nos decían que era imposible lo que ya hemos logrado" Los millonarios impulsan una nueva edad de oro espacial: "Elon Musk podr�a lanzar sus naves a Marte con independencia de la NASA" Dentro de la prisión del futuro: "El preso podrá elegir entre pasar decenas de años en una celda o rehabilitarse mediante recuerdos artificiales" Agroganader�a que mima la tierra: "Que la leche sepa a leche" El Ártico en llamas, la última plaga del calentamiento global: "Hay en marcha una sexta gran extinción" As� disfrutaremos del sexo y el amor en 2050: citas con avatares, porno-robots y pastillas para seducir El valenciano candidato al Nobel que ha revolucionado el material del futuro: "No hay ninguna raz�n para que Espa�a no sea una potencia en ciencia y tecnolog�a" La gran farsa de las nuevas tecnolog�as al descubierto: "Se necesitan much�simos humanos para conducir un coche aut�nomo" El científico español que quiere conectar nuestra mente con los objetos: "Enviar una foto por Instagram equivale al gasto de cuatro bombillas durante 24 horas" Resonancias de todo el cuerpo por 2.500 dólares: la verdad sobre la prueba preventiva que triunfa entre los ricos e 'influencers' Ben Lamm, el gurú de la 'desextinción' al frente de Colossal: "La genética, la biología sintética y la IA pueden abrir casi cualquier puerta" Colossal, la empresa que quiere devolver a la vida animales extintos: "Crearemos una manada de mamuts que puedan ser liberados en su hábitat original" La tiranía del Mundofiltro: por qué todas las series y canciones te parecen iguales Así alucinó en colores la inteligencia artificial con los cuadros del Museo del Prado: "Al principio, confundió el dragón de San Jorge con una moto" La española que enseña a jugar a los ancianos con demencia: "Asterisk es una corrección al mercado del entretenimiento" Así será tu menú del día en 2050: crema de moho, filete de pitón y helado de grillos Uyuni, Hombre Muerto y Atacama: la batalla por la hegemonía mundial se libra en el triángulo del litio Los juristas alertan de los problemas de las leyes para la Inteligencia Artificial: "La IA carece de brújula moral, es importante que haya humanos en el proceso" Stéphane Duguin, ex alto mando de Cibercrimen de Europol: "La inteligencia artificial no ha cambiado las dinámicas de los delitos, pero las ha reforzado" La amenaza de Sora, la IA que genera vídeos hiperrealistas en cuestión de minutos: "Introduce el caos en nuestras vida, ya nadie creerá en nada" La revoluci�n feminista no llega a tu hogar: "Pensaba que no iba a terminar cayendo en la trampa en la que cay� mi madre" Ritxar Bacete, el investigador que lucha contra el estigma del padre escapista: "Los hombres no tenemos la tecnolog�a biosocial para el cuidado" El historiador que adivina el futuro con modelos matem�ticos: "Viene la tormenta perfecta de la violencia pol�tica" El neurocient�fico que descubri� las neuronas 'de Jennifer Aniston': "Ning�n simio superinteligente nos va a esclavizar" Así será la vivienda del futuro: casas de plástico fabricadas como quien fabrica 'smartphones' Google y Facebook quieren ser tus nuevos caseros: "Su salto al mercado de la vivienda abre escenarios distópicos de hiperdependencia y desprotección" El asesor tecnológico del Papa: "La inteligencia artificial es el dios perfecto en la Tierra" Así es la primera ley en el mundo sobre inteligencia artificial: "Lo que vendrá en el futuro produce un vértigo espectacular"
La inminente edad dorada de la ciencia que cambiar� el mundo: "Nunca he estado tan entusiasmado con lo que vendr�"
Jorge Ben�tez · 2024-10-23 · via Futuro

El día que este diario salió por primera vez a la calle, el británico Tim Berners-Lee era un hombre brillante con una idea fracasada. Bueno, no exactamente una idea fracasada, sino una a la que no se le hacía demasiado caso. No había pasado ni medio año desde que había presentado sin éxito su primera propuesta de la arquitectura de la web en el Centro Europeo de Física Nuclear (CERN) de Ginebra, entonces el nodo de internet más importante de Europa.

El día que este diario salió por primera vez a la calle, la bioquímica Katalin Karikó acababa de mudarse a la Universidad de Pensilvania. Para abandonar su Hungría natal había vendido el Lada familiar y escondido sus únicos 1.200 dólares ahorrados en el oso de peluche de su hija. Se había jugado su futuro a cara o cruz. Y por ahora salía cruz. Su investigación no contaba con el apoyo de muchos de sus colegas y, pocos meses después, Karikó fue degradada y perdió su laboratorio.

El día que este diario salió por primera vez a la calle, Craig Venter se encontraba en un Instituto Nacional de Salud en Bethesda, un suburbio cercano a Washington DC. Estaba inmerso en un complicado proceso legal por su intento de patentar las secuencias que había utilizado para identificar los genes del cerebro. A pesar de su autoestima de hierro, Venter, un estudiante horrible en el instituto que intentó suicidarse cuando prestaba servicio en la Guerra de Vietnam, no pasaba por su mejor momento. El juez falló en su contra.

Ninguno de estos tres personajes el 23 de octubre de 1989 parecía estar destinado para la gloria. Sin embargo, todos lideraron hitos que cambiarían el rumbo de la humanidad. Y lo que es más importante: a mejor.

Tim Berners-Lee diseñó en 1990 la World Wide Web, el sistema de transmisión que haría de internet el invento más influyente de nuestra era. Por su parte, Katalin Karikó salvó de morir a decenas de millones de personas gracias a las vacunas de ARN mensajero diseñadas para luchar contra el Covid que nacieron a partir de su trabajo. Finalmente, gracias a Craig Venter se consiguió descifrar el genoma humano en el año 2000.

Durante 35 años, EL MUNDO ha contado estos y otros tantos logros extraordinarios del progreso científico y tecnológico. Presentó a sus lectores en portada al primer mamífero clonado a partir de una célula adulta -la oveja Dolly- y explicó en qué consistía el bosón de Higgs, la partícula de Dios que cimenta el universo. Sin olvidar el impacto mundial de ChatGPT, los avances de la computación cuántica, la prueba de existencia de agua en Marte o la primera foto de un agujero negro.

El mundo ha cambiado tanto que cuesta mucho imaginar qué nuevos prodigios aparecerán en los siguientes 35 años. Pero lo intentamos. Con ayuda, claro. Para ello reclutamos a algunos de los más grandes genios de la ciencia del siglo XXI. ¿Cómo ven el futuro quienes lo construyen a diario?

«Nunca he estado tan entusiasmado por ver lo que vendrá a continuación», dice David Baker, el científico que desde la Universidad de Washington está revolucionando la medicina con sus proteínas a la carta creadas de la nada y que acaba de recibir el Premio Nobel de Química. Su optimismo es compartido por Robert Langer, el ingeniero químico más influyente de la historia y uno de los mayores inventores de fármacos del mundo: «Es y será una época apasionante», sentencia Langer, cofundador de la farmacéutica Moderna, empresa pionera en la vacuna con ARN. «Creo que los avances en biología, ingeniería, química de materiales, informática e inteligencia artificial protagonizan un momento de aceleración».

Cuando Oriente Próximo coquetea con el suicidio asistido, EEUU afronta unas elecciones que pueden terminar de dividir sin remedio el país en otro Norte y Sur y en Ucrania se juega el futuro europeo, los científicos lanzan un mensaje de ilusión, de fe en el género humano. Un mañana mejor que hoy. De robots y de manipulación genética para curar enfermedades que mataron a padres y abuelos. De física cuántica y de energías limpias e infinitas.

La aceleración de la ciencia que detecta Langer -que como Baker es ganador del Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Biología y Biomedicina- tiene como máximo exponente la Inteligencia Artificial (IA). Nunca una disrupción tecnológica generó tanto entusiasmo y, a la vez, tanto temor en el ciudadano corriente. No cabe duda de que hará nuestra vida más fácil y mejorará la productividad, pero también se la percibe como una potencial trituradora de empleos y devoradora del pensamiento crítico humano.

Para hablar de su evolución lo mejor es recurrir a una de las personas que más la ha estudiado: Bernhard Schölkopf, director del Instituto Max Planck de Sistemas Inteligentes. «Para entender lo que viene es instructivo fijarse en revoluciones pasadas: las dos primeras revoluciones industriales tuvieron que ver con la energía y el trabajo físico», dice Schölkopf, galardonado con el premio Fronteras del Conocimiento por enseñar a las máquinas la habilidad humana de clasificar datos. «Entonces conseguimos trasladar el mayor esfuerzo del cuerpo a las máquinas, mientras que ahora afrontamos una revolución que se centra en la información y la tecnología. En el proceso actual nos encontramos con una diferencia que es crucial: creemos que somos el pináculo de la inteligencia y, por tanto, la industrialización del procesamiento de la información se está produciendo cerca del núcleo de lo que nos hace humanos».

AP

Una perspectiva que tiene un recorrido difícil de procesar, incluso para los mayores expertos del mundo en la materia. «Si echamos la vista la vista 30 años atrás, entonces habría sido muy difícil predecir la situación actual», dice Óscar Cordón, catedrático de Ciencias de la Computación en Inteligencia Artificial de la Universidad de Granada. «Hoy la IA está en todas partes, integrada en muchos sistemas que usamos a diario y democratizada para su uso por personas no expertas a través de una gran cantidad de aplicaciones. Por tanto, es muy difícil predecir lo que nos vamos a encontrar dentro de 30 años».

De lo que no hay duda es que la IA evolucionará hacia sistemas avanzados capaces de razonar, aprender y adaptarse de manera autónoma. Cambiará todo.

Nos espera sin duda un interesante duelo entre tecno-optimistas y tecno-pesimistas, que pronto han fijado sus posiciones cuando la IA vive aún su infancia. El más popular de los cenizos es el divulgador israelí Yuval Noah Harari, que en su reciente ensayo Nexus advierte de que la falta de brújula en la era supertecnológica puede provocar que una inteligencia no humana amenace nuestra existencia como especie.

Buscamos alivio ante semejante diagnóstico y nos lo concede Schölkopf. «Es importante para la humanidad a nivel existencial que la IA nos ayude a resolver grandes problemas a los que nos enfrentamos», dice este científico de la computación alemán, quien se presta a poner un ejemplo: «Es cada vez más improbable que encontremos una solución política a la crisis climática, así que necesitaremos a la tecnología para ayudarnos, ya sea mejorando la captura de carbono o avanzando en nuestra comprensión causal de las intervenciones climáticas. También la necesitaremos para otras crisis, que vienen influidas por la alta densidad poblacional en nuestro planeta, como futuras pandemias».

La IA será aliada, vacuna, o al menos debería serlo, porque su flexibilidad permite combinarla con todo tipo de tecnologías para transformar sistemas críticos y complejos para nosotros como la sanidad, la agricultura y la propia investigación científica. No hay duda de que la próxima época dorada estará muy diversificada. Habrá máquinas inteligentes, pero también seremos capaces de mirar a las estrellas y al mundo subatómico.

En el campo de la biotecnología disfrutaremos de cultivos de órganos y tejidos a través de impresoras 3D, sin que sea necesario recurrir a donantes para los trasplantes. Habrá granjas verticales que sean sostenibles y autoabastecidas; cultivos genéticamente modificados y carne cultivada en laboratorio para reducir el impacto medioambiental.

La dependencia de combustibles, que ha condicionado guerras y gobiernos, podría llegar a su fin si se consigue la anhelada fusión nuclear. De esta manera, se podría proveer al planeta de una energía no sólo formidable y limpia, sino también inagotable. Por otro lado, la minería espacial podría revolucionar la economía y reducir la contaminación terrestre. Ya se han dado los primeros pasos, todavía lejanos. La NASA tiene como objetivo plantar la bandera de EEUU en un asteroide que contiene metales preciosos con un valor estimado en 10.000 billones, 90 veces el valor de toda la economía mundial.

Un hombre porta un cartel de Donald Trump, realizado por IA en relación a su polémica descripción de los inmigrantes haitianos como 'comegatos'.

Un hombre porta un cartel de Donald Trump, realizado por IA en relación a su polémica descripción de los inmigrantes haitianos como 'comegatos'.AFP

Dispondremos de materiales avanzados, con propiedades casi mágicas, como el grafeno, mientras la nanomedicina permitirá vivir más y mejor con tratamientos a nivel celular que mejoren la efectividad y reduzcan los efectos secundarios. Los chips cerebrales de los que tanto habla Elon Musk dejarán de ser futuristas y permitirán un control más eficiente de dispositivos mejorando memoria y concentración. El transporte estará completamente automatizado y las redes de telecomunicaciones serán mucho más veloces que las actuales. A priori, el futuro no es bueno: es excelente.

Una de las grandes esperanzas está en la computación cuántica. La creación de estos ordenadores extraordinarios resolverá problemas que amedrentan a la computación tradicional. De lograrlo, el ser humano encontrará una forma inimaginable de optimizar todos sus recursos. «Su capacidad hará que cuando se implemente la computación cuántica, nuestro mundo nos parezca el Neolítico», dice de forma contundente Carlos Elías, químico y profesor de Periodismo de la Carlos III.

José Ignacio Latorre es uno de los físicos españoles más reconocidos en el campo de la física cuántica. Ha hecho aportaciones cruciales a la teoría cuántica de campos y el entrelazamiento. Sus principales líneas de investigación giran en torno a estos dos temas, así como en torno a la información cuántica y las partículas elementales. Comparte el optimismo de sus colegas, pero considera que quedan todavía muchos retos. «La financiación privada va a ser cada vez más importante y tendrá consecuencias en muchos descubrimientos y en su explotación», dice este catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona. Recuerda que muchos de los grandes proyectos que han cambiado nuestro mundo tuvieron dinero público, como el trabajo de Tim Berners-Lee con la World Wide Web en el CERN o la secuenciación del genoma. En el futuro las cosas serán diferentes y la gratuidad de muchos desarrollos, una quimera.

Un cambio que Latorre considera imprescindible y que está en camino es en la forma de investigar. Y esto supone un retorno al pasado: mirar a Maxwell, Einstein y Heisenberg. «Son muchos ya los grandes científicos que critican la forma de hacer ciencia de los últimos 20 años en los que se trata como si fuera un producto», denuncia Latorre. «Todo se ha estado midiendo por el número, y no la calidad, de artículos publicados. La culpa de eso la tiene el propio sistema y las revistas».

El futuro, augura, supondrá el retorno de la slow science, la ciencia lenta. Lo que no se sabe es la velocidad del progreso y más aún en qué formatos se presentará. De momento, se desconoce quién o qué escribirá un artículo publicado el 23 de octubre de 2059 sobre los grandes logros del progreso humano de los últimos 35 años. Ojalá sea optimista. Y que quien esto escribe lo lea.