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Mi viaje a Madagascar con ChatGPT, la agencia de viajes d...
Carmen Casado · 2025-07-04 · via Futuro

Madagascar en junio está en pleno invierno austral. Nosy Be, la isla de los geckos, ranas y lémures, es el destino turístico más importante del país. Su calor es agradable y seco. Sus playas, idílicas. Los clic, clic, clic de los geckos acompañan la banda sonora de la isla y yo... yo no lo estoy viviendo, pero bien podría. Porque es lo que, a modo de agencia de viajes, me ha recomendado ChatGPT.

Para pasar una semana en Madagascar necesito, por lo menos, 1.300 euros. Difícilmente creíble... Pero de eso me quiere convencer la IA. Esta vez no lo hace ChatGPT, ni Gemini, ni Grok. No es ninguno de los chatbots que forman ya parte de nuestro día a día. Esta inteligencia se llama GuideGeek y dice ser nada más y nada menos que "tu asistente de viajes personal". En ocasiones parece que la última vez que utilizamos una neurona fue en tiempos que preceden a la IA. Y qué tiempos.

La cuestión es que es verano, tocan vacaciones y me quiero ir a Madagascar. Confiar en la inteligencia artificial es algo que hacemos todos en cierta medida. Aunque algún que otro moderno —probablemente, de la generación Z o millennial— ha desarrollado una dependencia fuera de lo común hacia esta tecnología.

Nadie mejor para fabricar un itinerario a medida que mi chatbot de confianza. Y, además... ¿gratis? Chollo. Así que me voy a Madagascar, siete días con un itinerario cortesía de la IA.

Primer paso: elegir fechas. GuideGeek —mi asistente personal— me recomienda la mejor época. Y al parecer, es septiembre: ni mucho turista, ni mucho calor. Perfecto. Además, doble bingo: en septiembre, según me explica, "los lémures siguen muy activos y es fácil ver crías". Porque sí, una de mis condiciones es ver lémures por doquier.

GuideGeek es solo una de las muchas herramientas de viajes de inteligencia artificial. Layla, Wonderplan y Mindtrip son otras de las más populares entre viajeros. La razón de ser de todas es prácticamente la misma: organizar tu viaje en lo que tardas en decir "IA". El bum de las nuevas agencias es innegable.

Aun así, una opción suele triunfar entre los aventureros más ávidos y adeptos a las nuevas inteligencias. Y al contrario que las anteriores, no está especializada en viajes. ChatGPT, el (no tan) viejo referente, parece ser la herramienta que menos defrauda y la elegida por los expertos.

Así que la IA generativa —es decir, los chats que responden a cualquier duda de forma instantánea y a los que ya estamos más que acostumbrados— es mi mejor amiga para esta hazaña.

A día de hoy parece haber un metaverso entero de inteligencias artificiales en donde elegir. Miren Agirregomezkorta Iza, especialista en este campo, lo sintetiza: son herramientas "entrenadas". Se alimentan de bases de datos casi infinitas y, a partir de ahí, seleccionan la información "que mejor responda a nuestros deseos". Dentro de las infinitas opciones, para ella, ChatGPT es, sin duda, el mejor instrumento para usar a modo de agencia gratuita. Opinión que comparte Juan Merodio, divulgador de inteligencia artificial.

Para él, la clave está en los plugins, un extra que se le añade a cualquier inteligencia para que "suba de nivel", y haga cosas que antes no podía. Con el "extra" indicado, es posible reservar alojamiento directamente y obtener precios actualizados. Kayak, la empresa de viajes que funciona como metabuscador, ha perfeccionado su extensión y es la recomendada por Merodio. Su complemento suele ser el más utilizado en chats inteligentes, ya que ofrece la oportunidad de organizar tu el viaje al completo desde la misma ventana en la que conversas con la IA de tu elección.

Agirregomezkorta, por su parte, apuesta por la función de la "investigación en profundidad" de ChatGPT: un paso más allá para analizar información más compleja. Como una búsqueda mucho más especializada, por así decirlo.

"Una buena instrucción es la llave a un buen resultado. Alimentar la IA con una orden adecuada, garantiza una buena respuesta"

La IA juega siempre —o casi siempre— a nuestro favor. Pero en lo que solemos fallar de forma estrepitosa, dicen los expertos, es en saber preguntar. Un buen prompt (una instrucción para guiar a la herramienta) es la llave a una buen resultado. Porque alimentar la IA con la pregunta u orden adecuada es lo que garantizará un buen resultado, confirma Agirregomezkorta.

Tras meses y meses intentando descifrar la mejor fórmula para hablar con ChatGPT, la experta por fin ha descubierto el secreto. La respuesta tiene cuatro letras y es un acrónimo: ROCE (rol, orden, contexto y estilo). En resumen, tener claro lo que quiero que haga por mí, mandarle bien, ofrecerle datos clave y dejar claro cómo quiero que me presente la información. "Cuantos más datos relevantes incluyas, mejores serán las recomendaciones", explica. Según ha averiguado la experta, a los chatbots les gusta el cosplay, así que para dar con mi viaje perfecto, bajo recomendación de la especialista, tengo que exigirle que interprete el papel de agente de viajes.

Y así lo hago: "Quiero que actúes como un planificador de viajes experto", escribo. A partir de ahí solo basta con seguir la fórmula ROCE paso a paso: «Busco un viaje de siete días a Madagascar. En solitario, con una mezcla de naturaleza, aventura moderada y relax. Quiero visitar parques naturales como Andasibe y playas como las de Nosy Be. El itinerario debe incluir actividades cada día, recomendaciones de transporte interno, sugerencias de alojamiento y consejos prácticos", añado.

A partir de ahí mi bot tiene todo lo que necesita para sentirse un agente de viajes profesional y actuar como tal. La información empieza a aparecer a borbotones. Día uno, llegada a la capital, paseo por el casco histórico de Tana, alojamiento en el Hotel Lokanga y cena en La Varangue. Día dos, rumbo al Parque Nacional de Andasibe. Día tres... He aquí cuando empiezan a surgir las dudas tras una rápida confirmación en internet.

De Antananarivo a Andasibe debo calcular, por lo menos, de cuatro a cinco horas en coche, porque las carreteras son irregulares y no del todo seguras; y para ir de Antananarivo a Nosy Be es necesario un vuelo interno. Pero estos vuelos no son diarios y tienden a ser impuntuales. Así que la logística empieza a fallar. ¿Y qué pasa con la preparación previa? Visados, vacunas... Parece ser que tampoco se han tenido en cuenta. La IA no es, ni mucho menos, inmune a pifiarla. Esta es una realidad que a muchos se les tiende a escapar. Una verdad que defiende Jorge Calvo, ingeniero informático.

"La mayoría tenemos una fe ciega en esta tecnología", advierte. Confiar demasiado y entregarse a la comodidad puede —y suele— llevar a uno por el mal camino. Agirregomezkorta lo corrobora: "Uno de los riesgos inherentes es lo que se le llama alucinación, la tendencia de las herramientas a inventar información y devolver errores». Y añade: "Lo más preocupante es que las respuestas suenan completamente convincentes y coherentes".

O sea, que la IA sufre lapsus igual que nosotros. Algo a tener en cuenta, porque no, aterrizar en Antananarivo con la intención de llegar a una playa idílica y acabar en una carretera sin cobertura ni moneda local no es, digamos, el escenario ideal. Sin embargo, para Calvo la mayor metedura de pata es la falta de capacidades críticas y de reflexión.

Pensar por uno mismo, vamos. Virtud que se echa de menos y que la IA amenaza con exterminar. El experto pone sobre la mesa una incógnita que, dice, se debería tener en cuenta en todo momento: ¿están los sistemas de IA sesgados? Y, es que, según plantea, el riesgo de "caer en una jaula" es grande.

"Puede haber intereses de por medio. Quizás de empresas", reflexiona. Teniendo esto en cuenta, cualquier compañía o negocio podría intervenir para que el chatbot de turno ofrezca cierta información frente a otra que, posiblemente, sea mejor. "Es totalmente posible que algunos sistemas presenten sesgos, que existan compañías que busquen lucrarse de las recomendaciones de los sistemas inteligentes", reflexiona Calvo.

Y Merodio lo confirma: confiar plenamente en esta inteligencia, opina, es un perezoso error común a la par que monumental. Pero, entonces... ¿Es eficaz y fiable delegar en la IA para crear mi escapada ideal a las islas africanas? Sí... y no. Porque, como defiende Calvo, es una tecnología en constante evolución. Lo que significa que ya ha «aprendido» lo suficiente como para considerarse generalmente fiable. Aunque nunca se deben desestimar los posibles deslices o "alucinaciones" que puede llegar a sufrir. Pero no nos vengamos abajo, porque hay esperanza.

Ante la duda, contrastar la información es la opción segura y esencial. Por muy tentador que sea para muchos darle al botón de apagado neuronal y dejarse llevar por la comodidad, la IA no deja de ser una "guía inteligente". Nada más que eso.

No es una "autoridad oficial", enfatiza Merodio. Porque tratarla como tal sería un auténtico despropósito. Así que el avistamiento de lémures sigue siendo posible, solo debo contrastar la información con un experto humano.

"La inteligencia artificial tiene tendencia a inventarse información. Lo preocupante es que las respuestas suenan bastante convincentes"

Mi intentona de viaje futurista no es un caso aislado. Desde la agencia de viajes Pangea lo confirman. "Muchos viajeros llegan a nosotros tras haber intentado organizar su viaje con IA y darse cuenta de que faltan piezas clave: tiempos mal calculados, actividades incompatibles, falta de reservas reales...". La inmediatez te puede jugar una muy mala pasada. Suele tratarse de una "falsa sensación de control", comenta la agencia.

En la mayoría de los casos se suelen desestimar las restricciones reales, la logística local e incluso, matices culturales. Para los organizadores de viajes hay un paso (más o menos corto) entre una experiencia "frustrante" y una experiencia "transformadora". La diferencia está en los detalles que solo un experto puede prever.

La IA, claramente, no puede con todo. Decido, entonces, poner a prueba la celeridad y efectividad de las mentes humanas. Con prácticamente la misma información que he dado a ChatGPT, pido a Pangea un itinerario de una semana en Madagascar listo, a ser posible, en un par de días.

Es aquí cuando el factor humano se hace oír. Que los tiempos son demasiado limitados; que sin asesor experto que me guíe no habría personalización; que la experiencia dejaría mucho que desear, responden. Pangea lo proclama alto y claro: no hay nada como la sensibilidad no-automatizada.

La inteligencia generativa funciona bien como punto de partida, confirman tanto la agencia como los especialistas en IA. Pero a partir de ahí, no hay nada comparable a la mano humana.

Además, hay cosas que nunca se deberían dejar en manos de la inteligencia artificial. La elección de proveedores locales, la gestión de seguros, la interpretación de normativas sanitarias o de entrada a países y la resolución de imprevistos, matiza Pangea, deberían estar, en todos los casos sin excepción, bajo control de un experto humano.

Eso sí, nada oculta el hecho de que la IA ha llegado para quedarse en el mundo del turismo. Son muchas las compañías que ya la usan, aunque no siempre de forma visible. Lo hacen para aligerar los procesos, para proponer un plan inicial y trabajar sobre él, para recolectar ciertos datos clave... Otros, en cambio, prefieren usarla abiertamente.

En 2024, la aerolínea Qatar Airways presentó al mundo su nuevo fichaje: Sama, una azafata que es, a su vez, tu asistente de viajes ideal. Sama resuelve tus dudas al segundo, está disponible las 24 horas al día y parece tener todas las respuestas en lo que a tu viaje respecta. En poco tiempo también gestionará tus reservas. Pero Sama no es humana. Es una azafata digital. Lo que lleva a la pregunta clave: ¿cuál es el futuro de las agencias de viajes?

Desde Pangea se mantienen firmes en su terreno: "No es una amenaza, es una palanca". Y añaden: "Absolutamente nada puede sustituir a la figura de un asesor experto que es originario del lugar donde se quiere realizar el viaje". Para Jorge Calvo está claro: las agencias tendrán que "reinventarse", adaptarse a esta nueva forma de entender los viajes. "Hay que sacarle partido, aprender a convivir con ella. No queda otra".