




















Elon Muskquiere enviar personas a Marte y esa es también ahora una de las prioridades del nuevo Gobierno de EEUU. No puede decirse que haya sido una sorpresa. El discurso de investidura de Donald Trump duró exactamente media hora y en el minuto 24 salió a colación el planeta rojo: "EEUU se considerará una vez más una nación en crecimiento, que aumenta nuestra riqueza, expande nuestro territorio... y lleva nuestra bandera hacia nuevos y hermosos horizontes", señaló el nuevo presidente antes de asegurar que lanzarán "astronautas estadounidenses para que planten las barras y estrellas en Marte". Desde el público, un exultante Musk sonreía y gesticulaba. Es lo que él quería.
En rigor, la NASA ya trabaja desde hace años para mandar una misión tripulada de ida y vuelta a Marte. Ese es el objetivo final del programa Artemisa que, tras el último retraso anunciado el pasado diciembre, prevé que los estadounidenses vuelvan a caminar por la Luna a mediados de 2027, como paso previo y necesario para poder llegar al muy inhóspito y lejano planeta rojo.
El plan actual, que estableció el propio Trump, es lograr una presencia continuada en la Luna que enseñe a la humanidad a vivir allí y a maximizar las posibilidades de que, en el futuro, astronautas puedan viajar a Marte, sobrevivir una temporada y regresar sanos y salvos tras pasar más de dos años fuera de la Tierra. Y es que la duración de una misión tripulada dependerá del momento en que se manda -la distancia entre los dos planetas varía según su órbita-, la propulsión de la nave y el tiempo que se esté en la superficie marciana. Como mínimo, se prolongará durante 870 días, según detalla Jorge Pla-García, investigador del Centro de Astrobiología (CAB/CSIC-INTA) y miembro de las misiones robóticas a Marte Curiosity y Perseverance.
Pero para Elon Musk, propietario de la empresa aeroespacial SpaceX, "la Luna es una distracción" y lo que él pretende "es ir directamente a Marte" con su vehículo espacial reutilizable Starship, que es el más potente del mundo y está en fase de desarrollo. Consta de dos partes, el cohete Falcon Heavy y la nave Starship, que explotó en pleno vuelo la semana pasada durante su séptima prueba. Un revés que no ha reducido las prisas del magnate, que se ha propuesto mandar en 2026 una Starship no tripulada a Marte y otra con astronautas en 2028.
Se trata de un calendario mucho más optimista que el que ven realista los expertos consultados por este diario, cuya estimación más temprana sería mediados o finales de los años 30 si verdaderamente el Gobierno de EEUU se lo propone. Es decir, parece que Trump no verá ondear su bandera en Marte durante su mandato, pese a los planes de Musk: "Todos sabemos que mandar una nave con tripulación en 2028 es simplemente imposible. Estoy convencido de que se va a llegar con la Starship, pero falta mucho desarrollo", señala Pla-García.
En lo que hay unanimidad es en que una misión tripulada a Marte es extremadamente compleja y requerirá años de trabajo y desarrollo de tecnologías que no existen en la actualidad. Y para eso hará falta una enorme inyección de dinero. "Viajar a Marte es realmente muy complicado, si no lo fuera tanto, ya se habría hecho", resume Javier Rodríguez-Pacheco Martín, investigador principal del Detector de Partículas Energéticas (EPD) de la nave Solar Orbiter. El catedrático de Astrofísica de la Universidad de Alcalá(Madrid) recuerda que "si se quieren hacer bien las cosas, hay que abordar este proyecto de manera multidisciplinar, pues abarca cuestiones orbitales, estudios del Sol, blindaje para proteger al cuerpo de la radiación o farmacología, entre muchas otras".
"Me parece muy positivo marcarse como objetivo ir a Marte, porque va a impulsar toda la industria aeroespacial y va a favorecer el desarrollo de otras áreas, desde el turismo espacial a las tecnologías para hacer un uso más eficiente de los recursos o la medicina, lo que tendrá aplicaciones en la Tierra. Sin embargo, con la tecnología actual no es posible mandar una misión de ida y vuelta", coincide Isabel Vera, presidenta del Comité del Espacio del Instituto de la Ingeniería de España.
Esta ingeniera aeronáutica cree que "si se hace el mismo esfuerzo económico y tecnológico que se hizo tras el anuncio de Kennedy de ir a la Luna, sí se podría llegar a Marte, pero lo inteligente sería probarlo todo antes en la Luna. Es posible llegar a Marte en los próximos años sin pasar por la Luna, pero será mucho más arriesgado para los astronautas", asegura.
Tanto esa gran inyección de dinero como la hoja de ruta espacial de EEUU deben ser sostenidos en el tiempo. Porque otra de las claves es que haya compromiso y continuidad, algo que ha brillado por su ausencia durante las dos últimas décadas. Desde George W. Bush a Trump, todos los presidentes han ido cambiando los planes de exploración de sus predecesores por diferentes razones.
Hay que recordar que fue el propio Trump el que en diciembre de 2017, casi un año después de comenzar su primera legislatura, deshizo el plan que Barack Obama estableció en 2010 para mandar una misión tripulada hacia 2030 directamente, sin volver a la Luna antes. Previamente, Obama había cancelado el programa Constelación de George W. Bush para volver a Luna por su alto coste, una decisión que indignó a Neil Armstrong y otros veteranos del Apolo.
Obama decidió focalizar el presupuesto y los esfuerzos de la NASA en Marte, con argumentos no muy diferentes a los que ahora esgrimen Trump y Musk. Si Trump cancelara ahora el regreso a la Luna, estaría por tanto cancelando su propio plan.
La gran cuestión ahora es saber cómo la NASA va a articular el deseo del nuevo presidente y de Musk, y cómo va a afectar al programa Artemisa para establecer una base en el polo sur de la Luna, una zona rica en agua a la que también quiere llegar China a finales de esta década. Porque a la Luna no se va sólo para aprender a vivir en Marte; su importancia geoestratégica y las implicaciones en la seguridad nacional son evidentes, sobre todo cuando su gran rival podría llegar primero.
Musk, que tiene importantes intereses privados en la carrera a través de SpaceX, no va a dirigir la NASA directamente pero lo hará su amigo Jared Isaacman, empresario, piloto y primer astronauta privado de la historia en hacer un paseo espacial. Pocos dudan que, desde su importante cargo en el Gobierno para hacerlo más eficiente, el hombre más rico del mundo presionará para que la misión marciana se lleve una buena tajada de los presupuestos. Algo que en principio no supondrá un gran problema para Trump, que ya respaldó la exploración y las políticas de seguridad espacial durante su primera legislatura, cuando Musk no había donado a su campaña los 260 millones de dólares que ha destinado en la última.
Durante ese mandato, Trump fundó la Fuerza Espacial de EEUU, una nueva rama del Ejército para proteger los intereses espaciales de su país, y restableció el Consejo Nacional del Espacio, que presidió su vicepresidente Mike Pence, al igual que lo hizo Kamala Harris durante el Gobierno de Biden y ahora hará J.D. Vance.
El Congreso tendrá en cualquier caso la última palabra a la hora de aprobar el dinero que se destine a la NASA y la posible modificación o incluso cancelación de algunos programas multimillonarios en marcha claves para la arquitectura lunar, como la futura estación espacial orbital Gateway o el supercohete Space Launch System (SLS) que la NASA usa para ir a la Luna. "Ir directamente a Marte depende de lo que se quiera enviar. Veremos qué hace la nueva administración de la NASA con Isaacman al frente, que incluso podría modificar sustancialmente los objetivos del programa Artemisa, lo que tendría un gran impacto internacional", afirma Víctor Rodrigo, consultor de la ESA y de la Comisión Europea, y ex director de la empresa Crisa-Airbus DS.
Además del cohete y la nave para llegar a Marte, algo que ya está en marcha con el desarrollo del Starship, hay muchas cosas que preparar para llegar al planeta rojo. Una de las más importantes es proteger el cuerpo humano de la radiación durante un viaje tan largo: "Los astronautas estarán expuestos a una radiación similar a la de una central nuclear. Son partículas y radiación electromagnética de muy alta energía, con dos orígenes distintos, el Sol y la galaxia", explica Javier Rodríguez-Pacheco Martín.

Astronautas trabajando en una base marciana.NASA/JPL
Si se quiere minimizar la radiación procedente del Sol, la fecha del inicio de la misión dependería del momento del ciclo solar, que tiene 11 años. "Ahora sería un mal momento para salir porque tenemos una tormenta solar fuerte casi cada mes; habría que esperar al mínimo solar, que será dentro de cuatro o cinco años. Sin embargo, durante el mínimo solar aumentan los rayos cósmicos, es decir, la radiación que viene de la galaxia, que puede tener mucha energía. ¿Cuándo vas entonces? Es posible que interese más ir en mínimo de actividad solar porque los rayos cósmicos tienen un flujo constante, mientras que una tormenta solar te fríe", explica este científico experto en el Sol.
De hecho, repasa, "los astronautas que fueron a la Luna tuvieron mucha suerte porque no sufrieron ninguna tormenta solar. Entre las misiones Apolo 16 y 17 hubo una en la que el nivel de radiación habría alcanzado la dosis fatal, que significa muerte segura en pocos días".
A las malas, pues, se irá en la fase de mínima actividad solar y habrá que intentar que el viaje dure lo menos posible. Y para proteger el cuerpo dentro de la nave, habrá que idear nuevas tecnologías. "En la Tierra nos protegemos de la radiactividad a base de hormigón y plomo, pero no puedes subir ninguno de esos materiales a una nave, pues cada kilo de carga es decisivo", explica. Una posible solución "es distribuir el agua que necesitarán los astronautas para sobrevivir en tanques para que actúen como un escudo, pues contiene hidrógeno, que suele ser eficaz para proteger de partículas cargadas y para frenar los neutrones más energéticos". Otra vía que se está investigando pero que requerirá tiempo, adelanta, es un fármaco que te proteja mejor de la radiación.
"Se habla mucho de la radiación a Marte, que es un problema enorme, pero los aspectos psicológicos y humanos van a ser también muy complicados de resolver", reflexiona por su parte Pla-García. "Vas a tener a un grupo muy reducido de personas aisladas durante más de dos años, sin poder comunicarse directamente con la Tierra, pues tardarán 44 minutos en enviar una comunicación o una posible señal de socorro y recibir respuesta. Habrá que tomar muchas decisiones sobre a quién mandas, si son todos del mismo sexo o una tripulación mixta, y muchas otras", apunta el científico, que forma parte también del Proyecto Green Moon para ensayar la agricultura espacial.
"La idea es que los astronautas tengan alimentos frescos, no sólo por los beneficios nutricionales, sino también por el impacto psicológico positivo de tener plantas alrededor. Por ejemplo, hace poco conocí a una postulante rusa a astronauta que estuvo encerrada unos tres meses en un experimento de aislamiento, y me decía que se estaban volviendo locos porque la dieta era muy repetitiva. Para una misión muchísimo más larga como será la de Marte, habrá que idear comidas atractivas", repasa.
El plan de Elon Musk para colonizar Marte comprende la construcción de bases, invernaderos y fábricas que permitan que los colonos marcianos puedan sobrevivir y autoabastecerse. Pero incluso para una misión de corta duración en Marte habrá que ensayar las tecnologías para producir oxígeno para respirar, reutilizar el agua y obtener alimentos.

Recreación artística de una futura colonia humana en Marte, con naves 'Starship', vehículos y una base.SPACEX
¿Cuánto podría costar hacer realidad una misión de ida y vuelta a Marte? Cualquier estimación sin conocer los planes concretos de Trump va a ser inexacta, porque dependerá de qué se quiera hacer, de las prisas que haya y del énfasis que se ponga en que regresen vivos los astronautas. Y es que además del escudo para la radiación, uno de los principales retos tecnológicos es enviar a Marte lo necesario para que vuelvan a despegar y regresen a la Tierra.
Un dato de referencia útil para calcular la posible factura es cuánto costaron las mayores empresas espaciales de la historia. En 1969, EEUU hizo realidad el objetivo marcado por Kennedy nueve años años invirtiendo 25.400 millones de dólares, que actualmente supondrían alrededor de 10 veces más. Esto supuso una inversión equivalente a más del 4% del PIB del país.
En la Estación Espacial Internacional (ISS), que es la mayor construcción que ha emprendido la humanidad, varios países invirtieron entre finales del siglo XX y principios del XXI unos 160.000 millones de dólares en total.
A lo largo de los últimos años, se han hecho diversas estimaciones para una misión tripulada a Marte, con rangos que oscilan entre los 300.000 y los 600.000 millones de dólares, presupuestos que con frecuencia incluyen viajes previos a la Luna. 500.000 millones es la cifra en la que más analistas coinciden, según señalaba en 2016 Harry W. Jones, del Centro de Investigación Ames de la NASA, en un documento en el que recopiló diferentes estimaciones. A esos 500.000 millones añadía al menos otros 2.000 millones para suministros y equipos que permitan sobrevivir a los astronautas.
Pla-García cree que los cohetes reutilizables de Elon Musk o Jeff Bezos van a permitir reducir el coste, mientras que Víctor Rodrigo hace su propia estimación: unos 300.000 millones de dólares y 10 años "para rediseñar y calificar los vehículos para esa misión a Marte, preparar las infraestructuras necesarias, seleccionar y preparar los astronautas, adecuar la estación Gateway a la misión marciana y la colaboración internacional, algo que no es fácil de conseguir".
¿Qué supondría este gasto para EEUU? En 2024, la NASA contó con un presupuesto de 24.875 millones de dólares para todas sus misiones, lo que supuso un 2% menos que en 2023. Fue también un 8% menos de dinero de lo que se había solicitado al Congreso. Para acelerar la misión a Marte, por tanto, el Gobierno tendría que incrementar el presupuesto de la NASA o bien recortar el dinero que ahora se destina a otros programas espaciales.
Otra cuestión es si los estadounidenses comparten el entusiasmo de Musk y Trump por plantar la bandera en el planeta rojo. Según una encuesta realizada en 2019 por el Centro de Investigación de Asuntos públicos Associated Press-NORC, para el 30% de los ciudadanos mandar astronautas a Marte era muy importante o extremadamente importante, otro tercio lo veía como algo moderadamente importante mientras que el 40% opinaba que no es demasiado importante o no es importante en absoluto.
Musk, sin embargo, está convencido de que habrá estadounidenses dispuestos a vivir en Marte. El año pasado afirmó que "algún día costará menos de 500.000 dólares un viaje de ida y vuelta a Marte, y tal vez incluso menos de 100.000 dólares", lo que según el magnate, permitirá que muchas personas en países desarrollados puedan vender su casa y mudarse al planeta rojo. Ahora ya ha conseguido que el nuevo presidente dé el primer paso para lograr su propio sueño, que resumió así el lunes: "¿Os imagináis lo maravilloso que será que los astronautas de EEUU planten la bandera en otro planeta por primera vez?"
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。