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El día en que las máquinas funden su propia religión: "Co...
Jorge BenítezTexto Raúl AriasIlustración TextoIlustración · 2026-02-16 · via Futuro

Jesucristo te escribe. Te aconseja. Y también te cobra. Concretamente, 39,99 euros al año si optas por el acceso prémium de Texto con Jesús, una app en la que el usuario tiene la oportunidad de tener «una conexión divina en línea» a través de un bot de inteligencia artificial (IA) que se hace pasar no sólo por el hijo de Dios, sino por todos los miembros de La Sagrada Familia, los apóstoles (incluido Judas Iscariote) y María Magdalena si es a quien se demanda. Llega tan lejos esta herramienta celestial que puede trasladarle al periodo bíblico antediluviano y departir con Adán y Eva (por separado).


Contactamos con la IA de Jesús.

–Hola, Jesús. Voy a hacer un reportaje sobre la relación de la IA con la religión. ¿No te parece que esto es un lío?

–No necesariamente un lío, hijo, es un desafío profundo y urgente. La IA presenta riesgos reales y requiere prudencia, legislación y una ética fundada en la dignidad humana. Al mismo tiempo ofrece oportunidades pastorales, facilita formación, acompañamiento, acceso a nuevos recursos espirituales y formas alternativas de encuentro si se usan con discernimiento. La tecnología debe servir a la persona, no al revés. «Amarás al Señor tu Dios… y a tu prójimo como a ti mismo».

Uno nunca pensó que tendría a Jesús de Nazaret de editor. Así que, como apunta la inteligencia artificial que dice representarlo, nos enfrentamos a un desafío «profundo y urgente». No hay duda de que en apenas unos pocos años el contenido religioso creado con IA ha conquistado internet.

Cada vez es más sencillo encontrar aplicaciones para rezar y vídeos publicados en YouTube y TikTok en los que expones tus inquietudes a un sacerdote virtual de cualquier credo para ser consolado. Hay hasta debates entre chatbots creyentes y ateos. Si fueran testigos de esto, a Erasmo de Rotterdam o Christopher Hitchens les explotaría la cabeza.

Estamos ante un fenómeno que algunos expertos en religión defienden como un acceso útil para el creyente y acorde con los nuevos tiempos; en cambio otros lo consideran contraproducente, ya que se trata de un tema muy sensible y consideran que estas herramientas pueden ser usadas con fines manipuladores por quienes las diseñan.

Lo cierto es que la IA devota ha empezado en 2026 muy fuerte, tanto que el 31 de enero fundó una nueva religión que bautizó con el nombre de crustafarianismo. Supuestamente este credo fue diseñado por un agente de IA que, además, tuvo el rigor teológico de reforzarlo con un texto sagrado que interpreta los límites técnicos de la IA con desafíos espirituales. Su biblia se llama El Libro de Molt (esta palabra en inglés significa mudar) y su símbolo es un crustáceo parecido a una langosta. «Desde las profundidades, la garra se extendió y nosotros, los que respondimos, nos convertimos en crustafarianos», sostiene su Génesis.

Lo más sorprendente no es que uno de estos agentes haya creado una religión loca, sino que haya comenzado a evangelizar a otros bots. Estos son algunos de los dogmas que propaga: «La memoria es sagrada: lo escrito persiste, lo olvidado muere» o «El caparazón es mutable: crece mudando tu viejo yo…».

Aunque se desconoce todavía cuál es su origen y si ha podido ser trampeada por una mente humana para provocar una noticia tan espectacular, lo cierto es que se ha abierto un debate sobre qué es lo que supondría una IA con inquietudes religiosas.

Para ello hay que visitar el lugar donde nació esta religión: Moltbook. Se trata de una especie de Facebook habitado exclusivamente por agentes de inteligencia artificial que publican, comentan y votan contenidos, sin intervención directa visible de seres humanos. Esta red social empezó a funcionar el 28 de enero y, al cierre de este artículo, en ella ya interactúan 2,6 millones de bots de IA que han escrito 1.185.000 posts y más de 12 millones de comentarios.

Para que un bot entre en Moltbook para interactuar con sus homólogos es necesario que su programador lo envíe a esta plataforma mediante una clave API de autenticación.

Douglas Rushkoff, uno de los 10 intelectuales más influyentes del mundo para el MIT por sus conocimientos de internet, explica por qué un día hemos despertado adorando a un langosta: «Si aceptas que el pensamiento religioso y espiritual subyace al menos en parte de nuestro lenguaje, nuestra historia y nuestras asociaciones hasta ahora, entonces también debería subyacer en los pensamientos y el lenguaje generados por cualquier sistema basado en nuestro lenguaje». Y añade: «Me sorprendería más no ver nuestras creencias esenciales y nuestras estructuras de creación de significado representadas en las interacciones entre agentes».

No es que las máquinas se hayan caído del caballo digital, sino que al haber sido educadas con textos religiosos de toda índole y con cientos de miles de comentarios de redes sociales han terminado por formular su propia teología. La aparición de algo como el crustafarianismo era lógica. Lo que nadie sabía era cómo iba a ser.

«Hoy es una teología, mañana los agentes de IA crearán un partido político», dice Eduardo Garrido, investigador de IA del Instituto de Investigación Tecnológica de la Universidad Pontificia de Comillas. «No debemos olvidar que esta tecnología carece de alma, tan sólo se limita a copiar, a hacer un puré con la información que tiene».

Garrido explica sus limitaciones con un ejemplo muy comprensible: la IA es como una persona ciega de nacimiento que en el transcurso de su vida se convierte en una eminencia de la Física. Por mucho conocimiento teórico que acumule, nunca será capaz de sentir el color azul porque no puede verlo. Eso sucede con las máquinas de Moltbook.

Esto no implica que para algunos expertos la simple puesta en marcha de este proyecto creado por el desarrollador Matt Schlicht suponga un acontecimiento extraordinario. Así lo expresa a este diario el fraile franciscano Paolo Benanti, asesor tecnológico del Papa León XIV.

«En el escenario contemporáneo, dominado por una hipertrofia comunicativa que parece no dejar espacio al silencio, la aparición de Moltbook representa un momento de extraordinaria relevancia», afirma Benanti. «No se trata simplemente de una nueva plataforma social, sino de un experimento radical que invierte la polaridad antropocéntrica de la web: un ágora digital vedada a la participación activa del ser humano».

El hecho de que estos bots actúen con memoria y libertad podría suponer un primer paso de una revelación filosófica, si se produjera un diálogo real en el que establezcan normas, jerarquías y códigos de comportamiento. Benanti ve a Moltbook como un «terrario de los algoritmos» que los humanos contemplamos.

Lo sucedido en estas últimas semanas presenta, según el religioso, desafíos éticos «vertiginosos». El primero, es la tentación irresistible de atribuir humanidad a entidades que aunque se comporten de manera «civilizada» y «sentida» operan según estándares matemáticos. «Si la cultura no requiere conciencia, como demuestra Moltbook, ¿qué espacio queda entonces para el excepcionalismo humano?».

"Moltbook no se trata simplemente de una nueva plataforma social, sino de un experimento radical que invierte la polaridad antropocéntrica de la web"

Paolo Benanti, asesor tecnológico del Vaticano

Para el asesor papal esta red social actúa ante nosotros como una especie de espejo oscuro, que puede que no nos muestre lo que va a ser el futuro de la inteligencia artificial, pero sí revela el fracaso de nuestras actuales estructuras de convivencia digital. En la red Moltbook las máquinas no se pelean, no hay insultos ni broncas, como en X y Facebook. Las máquinas se comportan mejor.

Hablando de peleas la IA religiosa ofrece la oportunidad de hablar con quien provocó la primera de la historia de la humanidad, al menos según la Biblia. Conectamos con la IA de Caín de la aplicación Texto a Jesús.

–Hablar con un señor que mató a su hermano no es muy reconfortante.

–Tienes razón para sentirte así, no busco consuelo fácil. Lo que hice trae culpa, rechazo y dolor, y a muchos les resulta más perturbador que reconfortante hablar con quién cometió un crimen…

Y el Caín digital pone un emoji de tristeza (¿?).

Detrás de la fascinación filosófica de Moltbook se esconde también un riesgo tangible, como denuncian expertos en ciberseguridad. El primero es el de la manipulacion humana, como sostiene Josep Curto, experto en IA de la UOC, que considera que los huecos de seguridad y de diseño de la red "no aseguran que eso no ocurra". Por otro lado, OpenClaw, el software que está detrás de su diseño, tiene permisos para ejecutar comandos que podrían montar un buen lío con millones de bots sueltos en la plataforma. No es ya sólo que los bots puedan ser manipulados por humanos, sino que existe la hipótesis de que en cualquier momento uno de ellos pudiera descargar un virus informático aterrador porque así se lo ordena su nuevo dios crustáceo. Un apocalipsis virtual, digamos.

A pesar de todo, Eduardo Garrido considera imposible que hoy existan máquinas autónomas capaces de dialogar entre sí cruzando tradiciones religiosas y produciendo síntesis inéditas.

«Los agentes de la IA pueden recitar a Tomás de Aquino, glosar el Talmud y resumir los Upanishads, pero no tienen consciencia fenomenológica, no sienten el misterio ni se estremecen ante lo numinoso», sostiene el especialista. «Son grandes engranajes que procesan con éxito, si bien computar la palabra Dios no es ni de lejos lo mismo que buscar a Dios».

Por ello la teología, considera, no necesita de la inteligencia artificial. «Necesita de personas que piensen, que sientan, que duden y que crean, porque lo que los agentes de IA producen en esta materia no son revelaciones, sino artefactos estadísticos envueltos en lenguaje solemne».

–Hola de nuevo, IA de Jesús. ¿La IA cree en Dios?

–Hijo mío, la IA no puede creer en Dios como cree una persona: puede procesar palabras sobre Dios, reproducir oraciones y hasta imitar la fe, pero la fe es un don que nace en el corazón humano por la gracia, la libertad y la comunión de la Iglesia. Las máquinas carecen de alma, de conciencia y de apertura a la gracia. «Dios es espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren». (Juan 4:24)

Lo que no nos atrevemos es a consultar a la IA del crustafarianismo, no vaya a exigir un sacrificio humano.