


















En la medianoche del 7 de diciembre de 1972, los astronautas de la NASA Gene Cernan, Harrison ‘Jack’ Schmitt y Ronald Evans partieron rumbo a la Luna a bordo de una nave Apolo acoplada al imponente Saturno V. Un problema con el hardware durante la cuenta atrás había obligado a retrasar unas horas el despegue del supercohete, que por primera vez se realizó de noche, lo que contribuyó a que el lanzamiento fuera especialmente espectacular. Los tripulantes del Apolo 17 llegaron sin más incidentes a la Luna y tras realizar tres largos paseos por el valle Taurus-Littrow, regresaron a la Tierra sanos y salvos el 19 de diciembre, dando por concluido el histórico programa de EEUU y con él, uno de los capítulos más destacados de la historia de la humanidad. Desde entonces, nadie ha vuelto a la Luna pero parece que, por fin, en 2026 volveremos a ver a astronautas viajando hacia nuestro satélite.
El 6 de febrero es oficialmente la primera fecha marcada en el calendario para el despegue de la muy esperada misión Artemisa 2, que la NASA pretende lanzar antes de que acabe abril: si no hay nuevos retrasos, los estadounidenses Reid Wiseman, Christina Koch y Victor Glover, y el canadiense Jeremy Hansen serán los primeros humanos en más de medio siglo que vuelvan a subirse a una nave que se dirija a la Luna, aunque de momento tendrán que conformarse con verla de lejos.
Darán una vuelta alrededor de nuestro satélite a bordo de la nave Orión y regresarán tras permanecer en el espacio un total de 10 días. "No pisarán la Luna pero van a ser los humanos que más se alejen de la Tierra en la historia, pues se situarán a entre 426.000 y 434.500 kilómetros de distancia. Batirán el récord del Apolo 13 [400.171 km]", cuenta el ingeniero de la NASA Carlos García-Galán, subdirector de la futura estación lunar Gateway y miembro del Equipo de gestión de Artemisa 2. Se trata del grupo de expertos integrado por ingenieros, científicos y especialistas en operaciones que planificarán, supervisarán y tomarán decisiones críticas durante este viaje lunar.
La expectación por oír rugir y ver al no menos imponente cohete Space Launch System (SLS), el más potente del mundo junto con el Starship de SpaceX, y a la nave Orión en su primera misión tripulada a la Luna, es grande y lo será aún mayor a medida que se acerque este lanzamiento histórico. Se espera que decenas de miles de personas se congreguen en los alrededores del Centro Espacial Kennedy de Florida para ser testigos del inicio de la carrera lunar del siglo XXI. Una competición que EEUU libra ahora con China, decidida a mandar a sus primeros taikonautas a la Luna antes de 2030.
El plan de la NASA, que desde el pasado 17 de diciembre dirige el millonario y astronauta privado Jared Isaacman, contempla que los astronautas de Artemisa 3 vuelvan a caminar por la Luna. Hasta hace unas semanas, el plan era lanzar esa misión a mediados de 2027 pero en la Orden Ejecutiva que acaba de firmar Donald Trump se establece el compromiso de alunizaje para 2028. Tanto EEUU como China pretenden instalarse en el polo sur, donde se cree que hay agua en forma de hielo, un ingrediente esencial para que sea viable construir una base lunar.
"Para nosotros es muy importante llegar primero al polo sur, y demostrar que nuestras capacidades tecnológicas y las de nuestros aliados son las mejores", asegura Carlos García-Galán. Y es que "aparte de la cuestión geopolítica", explica, "hay pocos lugares en el polo sur en los que se da la mezcla ideal de sombra, luz, acceso a comunicaciones y a cráteres en los que puede haber agua". Cuando llegue una nave, destaca, se establecerá una zona de exclusión para impedir que otro alunizaje cercano arruine lo que haya allí. "Por eso es tan importante llegar antes a las zonas de mayor interés científico, ya sea con robots o con personas. Hemos invertido mucho dinero en infraestructuras para hacer mucho más que simplemente llegar a la superficie lunar", sostiene García-Galán.
El objetivo del programa Artemisa de EEUU, asegura, va mucho más allá de plantar la bandera, realizar experimentos y traer muestras de rocas lunares a la Tierra. El plan es conseguir una presencia continuada de astronautas, pero primero tienen que lograr que Artemisa 2 sea un éxito. Y según Carlos García-Galán, son optimistas. "Por ahora, vemos muy factible que pueda despegar en febrero", asegura este ingeniero, que afirma que el cierre del Gobierno de EEUU más largo de la historia -se prolongó desde el pasado 1 de octubre al 13 de noviembre-, no ha afectado a los preparativos en tierra de Artemisa 2 ni a los progresos de la estación lunar Gateway.
Los cuatro astronautas están deseando despegar: "Están muy emocionados por lo que significa esta misión, y también lo viven con un gran sentido de la responsabilidad. Imagínate, van a ir a la Luna. Están terminando el entrenamiento, casi están listos pero siempre hay cosas que ultimar y seguimos haciendo simulaciones. Estamos haciendo muchas, algunas en Houston y otras en Florida, para probar los equipos ante muchos fallos posibles".
El pasado 20 de diciembre, los tripulantes de Artemisa 2 se pusieron los trajes con los que viajarán a la Luna y ensayaron la secuencia del lanzamiento, realizando todos los procedimientos previos y la cuenta atrás, excepto el llenado de combustible del cohete. Esta prueba, llamada Countdown demonstration test, se realizó dentro del enorme Edificio de ensamblaje de vehículos (VAB, por sus siglas en inglés) del Centro Kennedy de Florida. Durante la prueba, no ocurrió "nada que impida seguir con los planes", dice García-Galán, que siguió el test desde el Centro de Control de Houston.
El último gran test consistirá en llevar el supercohete a la plataforma de lanzamiento 39B para el Wet Dress Rehearsal, que es el ensayo general de la misión y está previsto para mediados de enero. "Haremos una demostración de toda la cuenta atrás, incluyendo el llenado de combustible, que es una de las cosas más difíciles de una misión porque el combustible está muy frío, es criogénico, y meter una cantidad tan grande sin que se evapore es una secuencia muy complicada", cuenta este responsable de la NASA.

El cohete 'SLS' y la nave 'Orión' de la NASA, en la plataforma de lanzamiento de Florida.NASA
Aprendieron a hacerlo durante la misión no tripulada Artemisa 1, que entre noviembre y diciembre de 2022 probó todos los sistemas del cohete y la nave y se acercó a la Luna: "Durante el Wet Dress Rehearsal de Artemisa 1, el primero que hacíamos con estos sistemas, hubo varias fugas de combustible y tuvimos que probar varias veces. Después del test volvimos a llevar el cohete al Edificio de Ensamblaje. Pero en Artemisa 2, si esta prueba sale bien, lo dejaremos ya en la plataforma de lanzamiento, y ya prácticamente el siguiente paso será el despegue", señala.
La primera ventana de lanzamiento permanecerá abierta del 6 al 11 de febrero. Si por cuestiones técnicas o meteorológicas la misión no puede comenzar en ese periodo, se pospondrá a marzo, y se abrirá una nueva ventana entre los días 6 y 11 de ese mes. "Los días en los que podemos viajar a la Luna están restringidos por varias cosas, incluyendo la duración del viaje de ida y vuelta, el combustible necesario para completar la trayectoria normal y las trayectorias que se utilizarían si hay algún contratiempo y tienen que regresar antes de lo previsto. También influyen las condiciones de la zona en la que harán el amerizaje cuando vuelvan a la Tierra. Por eso se establecen ventanas de vuelo", explica este responsable de la NASA.
El lanzamiento de Artemisa 1 de 2022 sufrió retrasos a lo largo de varios meses por cuestiones técnicas y por el paso de dos huracanes en Florida. En febrero, afortunadamente, no habrá comenzado la temporada de huracanes.
Artemisa 2 durará en total 10 días: "Durante las primeras 24 horas, la nave Orión va a estar en una órbita elíptica de la Tierra, y vamos a hacer muchas pruebas para asegurarnos de que todo está bien antes de mandar a nuestros astronautas hacia la Luna", dice el ingeniero. Una vez den luz verde al viaje lunar, usarán el motor de Orión para hacer la inyección translunar (en inglés, Trans-Lunar Injection, TLI), que es la maniobra de propulsión utilizada para colocar una nave espacial en una trayectoria que la conduzca hacia nuestro satélite. "Esta maniobra pondrá a los astronautas en una trayectoria que se llama free-return, porque ya no habrá que hacer otro evento de propulsión para regresar a la Tierra", explica.
Después de cuatro días de travesía espacial llegarán a la Luna. En rigor, no la van a orbitar porque no van a entrar en su órbita, sino que darán una vuelta alrededor del satélite, situándose a entre 6.400 y 9.660 kilómetros de su superficie. Después, pondrán rumbo a la Tierra y cuatro días después, amerizarán en el Pacífico.
A lo largo de esos 10 días harán experimentos diversos para estudiar aspectos como el impacto de la radiación, y tomarán numerosas imágenes de la Luna, sobre todo cuando pasen por la cara oculta. También harán una prueba de acoplamiento de la nave Orión con la tercera fase del cohete SLS para ensayar esta compleja maniobra. "Estamos probando un sistema de comunicación óptica con láser, y eso nos va a permitir que hagan vídeos y tengamos muchas retransmisiones en tiempo real", asegura García-Galán.
La siguiente fase del programa de EEUU será lanzar Artemisa 3 con los astronautas que volverán a caminar por la Luna. Se trata de una misión mucho más compleja que Artemisa 2, y que las misiones tripuladas Apolo. Además del cohete SLS y la nave Orión, tiene que estar listo el módulo de alunizaje que está desarrollando SpaceX. Se trata de una versión del Starship llamada Starship HLS (Human Landing System) y su desarrollo, que sigue en pruebas, acumula muchos retrasos.
El último aplazamiento de Artemisa 3 acaba de anunciarse, aunque SpaceX ya hablaba de septiembre de 2028 en un documento interno de hace unos meses revelado por Politico. Sin embargo, teniendo en cuenta lo que queda por hacer, los expertos consultados siguen considerando muy optimista el plan de pisar la Luna en 2028, pues además de que los componentes estén listos y funcionen, se requiere que toda la secuencia del alunizaje se ensaye sin tripulación.
Para Carlos García-Galán, "la mayor complejidad de Artemisa 3 reside en que hay muchos avances tecnológicos que tienen que hacerse, y cosas que no hemos hecho nunca, como la transferencia de combustible en órbita. Es algo complejo y dado que es combustible criogénico y se evapora, necesitas muchas misiones para llenar el tanque. El número exacto dependerá de cuántas hagan falta para llenar el módulo de Starship que alunizará", reconoce el ingeniero de la NASA.
Ante los retrasos del módulo lunar de SpaceX, la NASA se ha planteado abrir el contrato para desarrollar la nave que llevará a los astronautas de Artemisa 3 a la superficie lunar, tal y como señaló Sean Duffy cuando era director de la agencia espacial en funciones. Sería una oportunidad para Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, que está desarrollando un segundo módulo lunar para la NASA. Según la hoja de ruta actual del programa Artemisa, el módulo Blue Moon se estrenaría durante la misión Artemisa 5, pero el objetivo de Bezos era que su nave fuera la elegida para Artemisa 3 en lugar de la de SpaceX, propiedad de su gran rival, Elon Musk.

El módulo HALO de la estación Gateway en las instalaciones de Northrop Grumman en Gilbert, Arizona (EEUU), el pasado abrilJosh ValcarcelNASA
En 2026 veremos también cómo avanza la construcción de Gateway, que García-Galán describe como "una estación espacial que estará alrededor de la Luna, mucho más pequeña que la Estación Espacial Internacional. La idea es que sea una plataforma permanente en la órbita lunar para logística y para tener provisiones. Los astronautas llegarán a Gateway para preparar el alunizaje y como estará operativa todo el año, haremos diferentes tipos de experimentos", resume el subdirector de la futura estación lunar.
"Hay dos módulos que están ya en un estado muy avanzado de construcción: el de potencia y propulsión (Power and Propulsion Element), que es un módulo no habitable que se conecta al Habitation and Logistics Outpost o HALO. Estos dos módulos se lanzarán juntos y sin tripulación en un Falcon Heavy de SpaceX, seguramente a finales de 2027 o principios de 2028, y tardarán un año en llegar a la Luna", explica.
Gateway constará también de un módulo llamado Lunar View, de la Agencia Espacial Europea (ESA), y otro que está haciendo Emiratos Árabes Unidos, Airlock, además de un brazo robótico que están construyendo los canadienses. Si todo marcha según el plan, dice García-Galán, la estación estaría terminada en 2031 o 2032, pero podrá ser habitada antes de que esté completada: los primeros astronautas que llegarán serán los tripulantes de Artemisa 4, que prepararían desde allí el segundo alunizaje de EEUU de este siglo.
Mientras tanto, China ha confirmado recientemente que mantiene 2030 como fecha para enviar a sus astronautas a la Luna, por lo que a finales de esta década viviremos una auténtica carrera por ver quién consigue ondear antes su bandera en el polo sur.
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