La presencia de cocineros de metanfetamina mexicanos en laboratorios en África fue alguna vez una anomalía, pero una serie de arrestos recientes pone en evidencia que el comercio global de drogas sintéticas está evolucionando aún más.
El 10 de julio, la Agencia Antidrogas de Nigeria (National Drug Law Enforcement Agency, NDLEA) procesó formalmente a actores africanos y mexicanos que operaban un laboratorio de metanfetamina descubierto durante una redada en el estado de Ogun el 16 de mayo. Las autoridades nigerianas desmantelaron el laboratorio de metanfetamina a escala industrial e incautaron 2,4 toneladas de metanfetamina cristalizada y precursores químicos. Según los reportes, fue la mayor incautación de metanfetamina registrada en el país hasta la fecha. La red, que incluía a tres ciudadanos mexicanos y seis actores nigerianos, ahora enfrenta una acusación de 11 cargos por la preparación, procesamiento y producción de metanfetamina.
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El 13 de mayo, la policía de Sudáfrica también descubrió un laboratorio de metanfetamina a escala industrial, donde cuatro de los 11 sospechosos arrestados eran mexicanos.
La NDLEA también desmanteló un laboratorio de metanfetamina oculto en una zona boscosa del estado de Oyo el 17 de junio y arrestó a cinco sospechosos, entre ellos un ciudadano mexicano identificado como José Villa Ochoa. El presidente de la NDLEA, Mohamed Buba Marwa, calificó el sitio como “un centro de producción de metanfetamina sofisticado, a escala de fábrica, dirigido por un sindicato criminal transnacional altamente organizado”.
Estos casos forman parte de un patrón más amplio. Se encontraron cocineros mexicanos en 11 de los 12 laboratorios de drogas clandestinos desmantelados en África en los últimos dos años, declaró ante el Comité de Servicios Armados del Senado estadunidense el general Dagvin Anderson, comandante del Comando de África de Estados Unidos (US Africa Command, AFRICOM).
Se han reportado cocineros mexicanos en laboratorios nigerianos desde 2016. A partir de entonces, los laboratorios descubiertos en Nigeria, Sudáfrica y Kenia han exhibido capacidades de producción y exportación cada vez más sofisticadas.
Un acuerdo de transferencia de conocimiento
La tendencia parece estar impulsada por la exportación de conocimiento técnico, más que por ambiciones de expansión territorial de las organizaciones criminales mexicanas. Hasta ahora, ninguna incautación de laboratorio ha indicado que los actores mexicanos ocuparan posiciones directivas o superaran en número a los participantes locales. En cambio, parecen desempeñar un rol especializado, asesorando en técnicas de producción mientras los grupos locales mantienen el control operativo.
Esto obedece en gran medida al conocimiento técnico desarrollado por los productores mexicanos de metanfetamina en las últimas décadas. La industria mexicana de la metanfetamina se ha sofisticado considerablemente en los últimos 20 años, con productores que alcanzan de manera consistente algunos de los niveles de pureza más altos a nivel global, al tiempo que adaptan sus métodos para sintetizar precursores químicos a partir de sustancias menos reguladas.
Esto los ha convertido en socios muy codiciados para redes criminales de todo el mundo, según Jason Eligh, experto sénior de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional (Global Initiative Against Transnational Organized Crime, GI-TOC).
“Es probable que haya habido un contacto inicial [entre actores criminales mexicanos y africanos] tras el cual la producción cambió significativamente porque el modelo mexicano de producción es superior al que existía previamente en África”, dijo Eligh a InSight Crime.
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Este patrón también se ha observado en Europa. Se ha identificado a cocineros mexicanos en varios laboratorios clandestinos que apoyan redes de producción local, particularmente en epicentros de producción de drogas sintéticas como los Países Bajos y Polonia.
En África, Eligh señaló que estas alianzas se están desarrollando a través de un “sistema de referidos” en el que sindicatos criminales nigerianos bien establecidos intermedian relaciones entre grupos de tráfico que operan en todo el continente y expertos mexicanos de confianza.
Estos arreglos son mutuamente beneficiosos. A cambio del conocimiento técnico, los socios africanos pueden ofrecer a los químicos mexicanos sitios de producción discretos, conocimiento del entorno operativo local, apoyo logístico e incluso acceso a redes de protección, explicó a InSight Crime Martin Ewi, investigador sénior del Instituto de Estudios de Seguridad (Institute for Security Studies), un centro de pensamiento en África.
Si estas alianzas son temporales, oportunistas o la primera etapa de una posible expansión comercial, está por verse. Por ahora, los actores mexicanos podrían estar intentando diversificar sus conexiones tanto como sea posible, experimentando en África y Europa, según Vanda Felbab-Brown, investigadora sénior de la Institución Brookings.
África como puente hacia mercados rentables
La ubicación de África entre Latinoamérica, Asia y Oceanía ofrece ventajas logísticas. Trasladar la producción a África les da a los traficantes mexicanos acceso a un conjunto más amplio de cadenas de suministro y a mercados globales de alto valor, incluido el propio mercado de metanfetamina en crecimiento del continente.
En la última década, el consumo de metanfetamina se ha extendido a lo largo del continente. En Sudáfrica, la metanfetamina, conocida localmente como tik, es uno de los estimulantes más consumidos. Esta droga está profundamente arraigada en los mercados urbanos de drogas y vinculada a las economías pandilleras. En África oriental, se ha documentado una disponibilidad creciente en Kenia y Tanzania, donde las poblaciones urbanas en expansión y las redes informales de venta de drogas al menudeo contribuyen al aumento del consumo de estimulantes.
“Al acercar la producción a los consumidores, este arreglo transaccional se convierte en un modelo de negocio transnacional y práctico”, dijo Ewi.
Estas alianzas permiten a los actores mexicanos llevar a cabo la producción con menor riesgo operativo, al tiempo que se conectan a cadenas de suministro diferentes y menos vigiladas a través de alianzas con redes criminales locales, añadió Eligh.
La posición geográfica de África también les brinda a los traficantes mexicanos un acceso más fácil a mercados internacionales de alto valor, como Oceanía. La metanfetamina es una de las drogas ilícitas más consumidas en Australia y Nueva Zelanda, según un informe reciente de la Administración de Control de Drogas (Drug Enforcement Administration, DEA) de Estados Unidos. Al establecer centros de producción y logística en África, los traficantes mexicanos pueden acortar las cadenas de suministro y reducir los costos de transporte hacia estos lucrativos mercados consumidores, donde ya tienen presencia, según Eligh.
La reciente incautación de un cargamento de metanfetamina procedente de Sudáfrica en el aeropuerto de Sídney puso en evidencia la creciente importancia de esta ruta de tráfico. Mientras tanto, el aumento de las incautaciones en Fiyi sugiere un flujo de metanfetamina en expansión desde África hacia el Pacífico.

























