




























Durante más de 2.200 años, historiadores, arqueólogos y geólogos han discutido por dónde cruzó Aníbal los Alpes con un ejército de 46.000 hombres, miles de caballos y los míticos 37 elefantes para atacar a Roma. Ahora, un grupo de investigadores ha abordado el enigma desde un ángulo completamente distinto, al calcular cuánta energía necesitaban soldados y animales para superar cada una de las rutas posibles.
La expedición de Aníbal fue una de las maniobras militares más audaces de la Antigüedad. En el año 218 a. C., al comienzo de la Segunda Guerra Púnica, el general cartaginés decidió sorprender a Roma atacándola desde el norte de Italia, una dirección que los romanos consideraban prácticamente imposible. Para lograrlo emprendió una marcha de cerca de 1.000 kilómetros desde la península ibérica, atravesó el sur de la actual Francia y cruzó los Alpes. Aunque perdió cerca de la mitad de sus hombres durante la travesía, consiguió descender a la llanura italiana y derrotó repetidamente a los romanos en batallas como las de Trebia, la del Lago Trasimeno y la batalla de Cannas, convirtiendo el cruce de los Alpes en una de las mayores gestas militares de la historia.
El trabajo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), compara cuatro de los pasos alpinos que durante décadas han protagonizado el debate histórico. Según sus cálculos, la ruta que atravesaba el Col de la Traversette, un puerto de montaña situado en la frontera entre Francia e Italia, a unos 2.950 metros de altitud, entre el departamento francés de Altos Alpes y la región italiana del Piamonte, era la más eficiente desde el punto de vista energético. Las alternativas requerían entre un 11% y un 19% más de esfuerzo para el conjunto del ejército.
Durante décadas, sin embargo, la hipótesis favorita de muchos historiadores fue otra: el Col du Clapier, también en la frontera franco-italiana, pero situado algo más al norte, entre el valle de Maurienne (Francia) y el valle de Susa (Italia). Esta ruta parecía ajustarse mejor a los relatos del historiador griego Polibio y presentaba un terreno considerado más adecuado para el paso de un gran ejército. Sin embargo, los nuevos cálculos sitúan por delante a la Traversette al ser un recorrido más corto y, en conjunto, menos costoso para hombres y animales.
Para llegar a esa conclusión, los investigadores reconstruyeron el gasto energético de toda la expedición: soldados, caballos y elefantes. El resultado es casi una auditoría metabólica de una de las mayores hazañas militares de la Antigüedad. Cruzar por la Traversette habría supuesto un gasto total de 5,42 terajulios de energía, mientras que hacerlo por el Clapier habría elevado el esfuerzo un 16%.
Los protagonistas inesperados del estudio son los elefantes. Cada uno pesaba alrededor de tres toneladas y necesitaba consumir enormes cantidades de alimento solo para mantener su metabolismo. En libertad pueden ingerir cerca de 200 kilos de vegetación al día y dedicar hasta 14 horas diarias a alimentarse. Durante el cruce de los Alpes, sin embargo, eso era prácticamente imposible.

Aspecto que presentaban los Alpes el pasado octubre.Fritz Vollrath
Los autores calculan que únicamente el esfuerzo de ascender y descender las montañas obligó a cada elefante a gastar una energía equivalente a entre cinco y seis horas extra de alimentación diaria. En la práctica, sostienen, los animales tuvieron que sobrevivir recurriendo a sus reservas de grasa corporal. Aun así, solo habrían perdido alrededor del 4% de esas reservas durante la travesía, mientras que los soldados pudieron consumir cerca del 19% de la suya. Para ello, los investigadores se basaron en métodos de modelización inspirados en elefantes africanos actuales , que estiman el coste energético del movimiento en función de la masa corporal y la pendiente del terreno.
La investigación también pone cifras a la logística. Si el ejército hubiera dependido exclusivamente de alimentos ricos en carbohidratos para cubrir el gasto de la marcha, habría necesitado transportar más de 230 toneladas de provisiones para la ruta de la Traversette. Elegir cualquiera de los otros pasos habría supuesto cargar decenas de toneladas adicionales.
Los investigadores creen que Aníbal no disponía, obviamente, de cálculos tan precisos. Pero sí pudo comprender de forma intuitiva qué itinerario exigía menos esfuerzo y ofrecía mayores posibilidades de mantener con vida a hombres y animales. En ese sentido, la decisión habría sido menos una cuestión de épica que de eficiencia.
Más de dos milenios después, el debate sobre el camino seguido por Aníbal sigue abierto. Sin embargo, este trabajo introduce un argumento completamente nuevo: la historia puede entenderse también a través de la física, la biomecánica y el metabolismo. El trabajo está firmado por los investigadores Emilio Berti y Fritz Vollrath. Berti pertenece al German Centre for Integrative Biodiversity Research, un centro alemán de investigación sobre biodiversidad con sedes en Halle, Jena y Leipzig, mientras que Vollrath está vinculado a la University of Oxford.
La hipótesis de la Traversette ganó mucha fuerza hace un par de décadas gracias a otros estudios. En 2016, un equipo liderado por el microbiólogo Chris Allen publicó en Archaeometry evidencias de un gran depósito de estiércol alterado por bacterias en una turbera cercana al paso de la Traversette, interpretándolo como compatible con el paso de miles de animales, posiblemente el ejército de Aníbal.
Y ese mismo grupo, pero con el geólogo William Mahaney, defendió también la Traversette basándose en estudios geológicos, sedimentos y en la descripción de Polibio de un gran desprendimiento de rocas que habría bloqueado el camino.
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