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Ricardo F. Colmenero

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El Mundo
Ricardo F. Colmenero · 2026-07-11 · via Ricardo F. Colmenero

Actualizado

El incendio de Los Gallardos no ha necesitado arrasar decenas de miles de hectáreas para convertirse en una de las mayores tragedias forestales de la historia reciente de España. La clave no está tanto en la superficie quemada como en la coincidencia de varios factores que los especialistas consideran la combinación más peligrosa posible: un monte extremadamente inflamable, una atmósfera excepcionalmente favorable al fuego, un relieve que aceleró las llamas y una población dispersa.

La comarca llevaba varias semanas bajo una intensa ola de calor. Máximas cercanas a 42 °C y numerosos días consecutivos por encima de 35 °C, con noches muy cálidas que impedían a la vegetación recuperar la humedad y rachas de viento de entre 55 y 70 kilómetros por horas. En esta zona, unas pocas semanas sin lluvia durante el verano bastan para que el combustible fino alcance niveles muy elevados de inflamabilidad. "Cuando las condiciones meteorológicas alcanzan niveles récord, debemos esperar que el comportamiento de los incendios también alcance niveles récord", apunta Thomas Smith, profesor asociado de Geografía Ambiental en la London School of Economics, en declaraciones al Science Media Center.

El sureste de Almería no responde a la imagen clásica de bosque denso que suele asociarse a los grandes incendios. La Sierra de Bédar está formada por un mosaico de matorral mediterráneo, pinares dispersos de pino carrasco, antiguos cultivos abandonados, ramblas y pequeñas manchas forestales. Sin embargo, esa aparente discontinuidad resulta engañosa. Tras décadas de abandono agrícola, muchas terrazas cultivadas han sido colonizadas por matorral continuo, un combustible fino que prende con enorme facilidad durante el verano. Arbustos como el esparto, el romero, la albaida o las aulagas se secan rápidamente y permiten que el fuego avance prácticamente sin interrupciones.

A ello se suma el pino carrasco. "Nuestros paisajes se han forestado en muchas zonas para evitar la desertificación y se ha creado un paisaje homogéneo de pinos en detrimento de vegetaciones menos vistosas. En la zona este, son Pinus halepensis, especie autóctona que ha tenido una fuerte selección artificial por domesticación. Son auténticos polvorines. Arden con una intensidad tan grande que se convierten en focos imparables, y, además, tienen piñas que saltan a modo de pavesas y extienden aún más el fuego", apunta Fernando Ojeda, catedrático del departamento de Biología de la Universidad de Cádiz.

Los ingenieros forestales hablan de "continuidad del combustible". Cuantas menos interrupciones encuentra el fuego entre unas masas de vegetación y otras, mayor es su velocidad de propagación. El abandono del medio rural ha permitido que antiguos cultivos se transformen en matorral continuo. La expansión de viviendas entre el monte incrementa la exposición de la población. Y la acumulación de combustible hace que cualquier ignición tenga hoy más posibilidades de convertirse en un incendio extremo que hace apenas unas décadas. "Cuando pensamos en combustible de incendio podemos pensar en los árboles, pero realmente lo que dirige el incendio es la vegetación que crece a ras de suelo y que haya continuidad", apunta Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería Forestal de la Universitat de Lleida y uno de los mayores expertos en comportamiento del fuego.

Pero el viento suele ser el factor más determinante. No solo aporta oxígeno a las llamas, también las inclina hacia delante, precalentando la vegetación que aún no ha ardido y multiplicando la velocidad del frente. Por eso un incendio que podría avanzar lentamente en condiciones normales puede recorrer cientos de metros en pocos minutos cuando coinciden viento fuerte y combustible extremadamente seco.

Vivienda afectada en el incendio de Los Gallardos.

Vivienda afectada en el incendio de Los Gallardos.ABEL F. ROS | ARABA PRESSAraba

Además, los barrancos actúan como chimeneas naturales. El aire caliente asciende con rapidez, alimenta las llamas y puede generar aceleraciones repentinas del incendio difíciles de prever incluso para los equipos de extinción.

"Es un incendio extremo y es inextinguible, está fuera de nuestra capacidad de extinción. Puedes mandar a todas las tropas de la UME y a todas las tropas de la OTAN que no lo vas a apagar", apunta Víctor Resco de Dios.

La comarca está salpicada por urbanizaciones, cortijos y viviendas aisladas construidas entre el monte, un modelo muy frecuente en numerosas áreas mediterráneas y conocido como interfaz urbano-forestal.

Para los servicios de emergencia, estas zonas representan uno de los escenarios más complejos. No existe un único núcleo urbano al que proteger, sino cientos de viviendas dispersas conectadas por carreteras estrechas y caminos rurales. Localizar a todos los residentes, transmitir las órdenes de evacuación y coordinar la salida resulta mucho más difícil que en una ciudad compacta. Las investigaciones sobre tragedias como Pedrógão Grande o Mati demostraron precisamente que la mayor parte de las víctimas fallecieron mientras intentaban escapar del fuego en coche, tal y como acaba de ocurrir en Almería.

"Al igual que el año pasado, los incendios extremos que estamos viendo en España son consecuencia de una primavera húmeda que ha propiciado la acumulación de vegetación", explica Theodore Keeping, investigador asociado en el análisis de fenómenos meteorológicos extremos e incendios forestales del Imperial College de Londres.

"No se trata ni de una cuestión de destino ni del resultado de un simple error. Las catástrofes provocadas por los incendios forestales suelen ser el resultado de años de negligencia y de una lentitud en la toma de decisiones", denuncia Guillermo Rein, catedrático de Ciencias del Fuego en el Imperial College de Londres, en declaraciones al Science Media Center. "La solución no es un nuevo avión o más agua. La seguridad frente a los incendios forestales requiere múltiples niveles de protección: la gestión de la vegetación y los combustibles, la detección temprana, la planificación previa de las rutas de evacuación y la formación periódica tanto de autoridades como de la población local".

El aumento de las olas de calor favorece incendios cada vez más intensos, pero los expertos llevan años insistiendo en que el clima explica solo una parte del problema. "No se puede esperar que los bomberos detengan todos los incendios forestales extremos. El cambio climático hará que estas situaciones sean más frecuentes y graves", concluye Rein.