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Ricardo F. Colmenero

El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El socialismo con diamantes es para siempre, para 2027 y más allá Una nueva 'huella dactilar' de Van Gogh que puede destapar el mayor secreto del arte: cuántos cuadros falsos cuelgan en los museos Ni drogas ni armas: el contrabando multimillonario que la IA acaba de aprender a detectar en los aeropuertos Ibiza, el verano que nunca termina: todo lo nuevo que se cuece esta temporada y no te querrás perder España pide a León XIV un Dios ateo y que hable catalán Gabor Maté, un médico en el infierno occidental de la adicción: "La guerra contra las drogas está condenada al perpetuo fracaso" Román Orús, único español en el comité de la ONU para la IA: "Puede llevar a la humanidad a una evolución nunca vista y en poquísimo tiempo" Ötzi, el hombre de hielo, no estaba solo: hallan microorganismos que lo acompañan desde la Edad del Cobre El error de 'salvar' a Pedro Sánchez con el adelanto electoral La huella filosófica de los dinosaurios: "Su extinción significaba que o Dios se había equivocado o el mundo no era perfecto" La otra amenaza espacial: acabar odiando a la tripulación antes de llegar a Marte
Ni 'fake news', ni silenciar cuentas: as� consigue la red...
2026-02-19 · via Ricardo F. Colmenero

Actualizado

Hace tiempo que el magnate Elon Musk descubri� que no hace falta manipular mensajes, ni fabricar fake news, ni borrar tuits para influir en la conversaci�n p�blica: basta con decidir cu�l aparece primero. Ese es el poder silencioso del algoritmo de su compa��a X (antes Twitter), que un grupo de investigadores acaba de poner a prueba con usuarios reales y que, seg�n sus resultados, es capaz de desplazar la percepci�n pol�tica sin que el usuario lo note.

La red ofrece dos formas de ver los mensajes: el timeline "Para ti", ordenado por el algoritmo seg�n lo que cree que te interesar� m�s, y el timeline "Siguiendo", que muestra solo las cuentas que sigues en orden cronol�gico. Cambiar entre uno y otro —algo que se hace con un simple clic en la parte superior de la pantalla— equivale, en la pr�ctica, a "activar" o "desactivar" el algoritmo: el primero selecciona y prioriza contenidos autom�ticamente; el segundo se limita a ense�arlos tal y como se publican, sin recomendaciones personalizadas.

El estudio, publicado en Nature y dirigido por la economista Ekaterina Zhuravskaya, no se bas� en encuestas ni en simulaciones de laboratorio, sino en un ensayo real con miles de usuarios estadounidenses de la red social. Durante siete semanas, los investigadores manipularon precisamente ese elemento: unos participantes ve�an un feed cronol�gico, sin recomendaciones; otros, el feed algor�tmico habitual que ordena los contenidos seg�n las probabilidades de interacci�n del usuario.

Para saber m�s

El resultado fue doble y revelador. Por un lado, el algoritmo increment� de forma clara la actividad: los usuarios expuestos al feed autom�tico interactuaron en torno a un 12-15% m�s (likes, retuits y tiempo de permanencia) que quienes recib�an el timeline cronol�gico. Por otro, aparecieron cambios medibles en opiniones pol�ticas concretas. Los participantes que navegaron con el algoritmo mostraron posiciones ligeramente m�s conservadoras en temas de actualidad especialmente polarizados en Estados Unidos, como las investigaciones judiciales contra Donald Trump, la guerra de Ucrania, y cuestiones relacionadas con inmigraci�n, orden p�blico y pol�tica exterior.

El giro no fue radical ni transform� la identidad ideol�gica declarada de los usuarios, es decir, que nadie cambi� de partido por usar el algoritmo, pero s� fue estad�sticamente significativo tras varias semanas de exposici�n, en las que los usuarios fueron manifestando peque�as variaciones en opiniones pol�ticas concretas.

Adem�s, el experimento detect� un efecto asim�trico: pasar del timeline cronol�gico al algor�tmico s� alteraba percepciones; pero hacerlo al rev�s ya no deshac�a el camino ideol�gico recorrido. La raz�n es estructural, explican los investigadores. Durante ese tiempo, los usuarios hab�an empezado a seguir nuevas cuentas pol�ticas, hab�an interiorizado determinados marcos de debate y hab�an reorganizado su ecosistema informativo. El algoritmo, en otras palabras, no solo muestra contenido: cambia a qui�n escuchas.

Los investigadores identificaron un posible mecanismo: el sistema tend�a a recomendar relativamente m�s contenido pol�tico de corte conservador y menos enlaces a medios de comunicaci�n tradicionales. No necesariamente por una decisi�n ideol�gica consciente, sino por pura l�gica de engagement: mensajes m�s emocionales, pol�micos o contundentes generan m�s reacci�n, y el algoritmo aprende a premiarlos.

Grok, la herramienta de IA que responde a los usuarios en X.

Grok, la herramienta de IA que responde a los usuarios en X.PABLO VERAAFP

La discusi�n se ha intensificado con la incorporaci�n de nuevas herramientas de inteligencia artificial dentro de la propia plataforma, como Grok, que no solo ordenan contenidos sino que tambi�n los interpretan y explican al usuario. Para algunos analistas, este paso acerca a las redes sociales a un modelo en el que el algoritmo no solo decide qu� vemos, sino tambi�n c�mo se nos contextualiza pol�ticamente lo que vemos.

En el caso de Espa�a, no existe todav�a un experimento controlado equivalente al estadounidense, pero s� ha habido investigaciones que observaban din�micas similares. Un informe interno de la propia plataforma, publicado en 2021 (cuando la compa��a a�n no pertenec�a a Elon Musk), analiz� millones de tuits pol�ticos en siete pa�ses —entre ellos Espa�a— para medir qu� mensajes recib�an mayor amplificaci�n algor�tmica. El resultado fue llamativo: en varios pa�ses europeos, incluido Espa�a, los contenidos procedentes de cuentas y medios de derechas obten�an mayor difusi�n autom�tica que los de izquierdas.

Hace tiempo que el impacto pol�tico de los algoritmos se ha colado en el debate institucional. A principios de febrero de 2026, Pedro S�nchez calific� a los due�os de plataformas como X y Telegram de �tecnocasta� y �depredadores de lo de todos�, acus�ndoles de amenazar la democracia, la convivencia y los derechos. Antes, otros pol�ticos europeos hab�an advertido que los sistemas de recomendaci�n de las reds pueden favorecer contenidos extremos o polarizantes a cambio de generar m�s interacci�n. La discusi�n no gira tanto en torno a una supuesta manipulaci�n directa, sino a un problema de dise�o: cuando el objetivo es maximizar el tiempo de uso, el algoritmo aprende que la confrontaci�n retiene m�s atenci�n que la moderaci�n.

Varios expertos en comunicaci�n pol�tica coinciden en que el efecto no es inmediato ni visible en encuestas electorales, pero s� acumulativo. El polit�logo estadounidense Joshua Tucker ha descrito estos sistemas como "arquitectos invisibles" del espacio p�blico digital: no cambian necesariamente lo que piensas de ti mismo, pero s� la proporci�n de mensajes que escuchas a favor o en contra de una idea.

Ni en Estados Unidos ni en Espa�a la evidencia disponible permite afirmar que un algoritmo determine el voto o transforme de ra�z la ideolog�a de los ciudadanos. Pero s� sugiere algo m�s sutil y quiz� m�s relevante: que el sistema decide qu� temas ocupan el centro del debate, qu� voces parecen mayoritarias y qu� marcos interpretativos se repiten cada d�a en millones de pantallas.

El algoritmo no escribe los mensajes ni dicta consignas pol�ticas. Pero establece el orden de prioridad de la conversaci�n p�blica. Y en pol�tica, ese orden —lo que aparece primero cuando abrimos la aplicaci�n— puede acabar moldeando, poco a poco, la forma en que interpretamos la actualidad y evaluamos a los actores pol�ticos.