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Pedro Sánchez ya tiene lo que quería: pasar a la historia llevando el no a la guerra más allá de nuestras fronteras. Hace unos meses, colapsado por la corrupción, iba por el mundo diciendo que quería crear el Estado palestino. Ahora su cara aparece estampada en misiles iraníes dirigidos contra Israel, en el segundo aniversario de que dijera que la economía española va como un cohete.
Pero, más allá de lo absurdo de andar escribiendo mensajes de paz en proyectiles, hay que reconocer al presidente del Gobierno su capacidad para colocar a España en la diana de una guerra en la que decía que no quería participar.
Quién iba a esperar que el no a la guerra de Zapatero acabaría, 20 años después, convertido en un «sí a la guerra» contra nuestros aliados, y a cambio de nada.
La estrategia internacional que presuntamente funcionó en Castilla y León, vistos los resultados electorales del PSOE, también funciona para los ayatolás.
Supongo que con María Jesús Montero ha llegado el momento de hacer balance. Al revés que cuando alguien aspira a un cargo, como podría ser la Presidencia de Andalucía, diciendo lo que piensa hacer, a la ex vicepresidenta del Gobierno se la mirará por lo que ha hecho durante los últimos ocho años al lado de Pedro Sánchez.
Montero tenía la obligación de presentar unos Presupuestos y, a pesar de llevar meses anunciando que estaba a punto de hacerlo, se marcha a Andalucía sin presentarlos. Un hecho que no la deja muy bien como ministra de Hacienda, y menos como política que cumple sus promesas.
Nadie echará de menos a Montero en el Gobierno, y mucho menos Pedro Sánchez, quien por primera vez consigue que una de sus manos derechas acabe en un cartel electoral y no en prisión.
No le está resultando nada fácil a Pedro Sánchez sostener lo que queda de legislatura con el no a la guerra. Es cierto que si los ayatolás andan poniendo tu cara en los misiles, la cosa no ayuda. Aunque más complicado resulta convencer a los ciudadanos de que el Partido Popular está a favor de la guerra de Irán o, por lo menos, no tan en contra como tú.
Para eso, en la sesión de control al Gobierno en el Congreso, Sánchez tuvo que retroceder 23 años para echarles en cara la guerra de Irak a los diputados del PP, algunos de los cuales, en ese momento, estaban en la guardería.
Pero con eso es con lo que piensa tirar Pedro Sánchez hasta las andaluzas, y a lomos de la mujer, si no con más poder de la democracia, seguro que con más ego. La ministra de Hacienda comparece en rueda de prensa para explicar que les está haciendo un favor a los andaluces al presentarse en Andalucía, condenando al resto de España a sufrir su ausencia.
España toma medidas para paliar la crisis económica y el Gobierno logra sacar adelante un decreto para paliar las suyas.
El apoyo de Junts permite a Sánchez reaccionar en diferido a las medidas de la derecha catalana para favorecer a los autónomos, a la vez que asume en directo parte de las medidas del Partido Popular.
El asunto es más complicado de lo que parece porque Pedro Sánchez obliga al PP a abstenerse en sus propias medidas. Obliga a Sumar a votar a favor de iniciativas con las que está totalmente en desacuerdo. Y se obliga a sí mismo a estar a favor de una propuesta de Junts que los populares presentaron en octubre.
La eficacia de las medidas está por ver, vista la eficacia de la guerra para vaciarnos los bolsillos. Pero con este baile de intereses resulta difícil saber cuándo se están tomando a favor de los ciudadanos y cuándo a favor de los partidos.
La sustitución de María Jesús Montero por Carlos Cuerpo es el típico cambio en el tiempo de descuento. Paseo desde la otra punta del campo, aplausos en alto a la grada, saludo al árbitro, entrega del brazalete a un central que está a 40 metros. El objetivo más modesto, que pase el tiempo. El más ambicioso, que los ciudadanos piensen que cambiamos de país.
Cuando un Gobierno dice que hace una remodelación «técnica» quiere decir que la política ya no da para más. Cuando te gobierna el estrecho de Ormuz, tu mejor baza de cara al espectador es hacerle creer que la inflación y el precio de la gasolina podrían bajar si nombramos ministros que tengan cara de hacer mejor las hojas de Excel.
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