El informe Copernicus confirma que el año pasado fue el tercero más cálido jamás registrado, y alerta de sequías, deshielo y récords de temperaturas

Ola de calor durante el pasado verano en Madrid.
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Europa se sigue calentando. Menos nieve, menos hielo, más olas de calor, más sequía y temperaturas récord que afectan desde el Ártico hasta el Mediterráneo. Estas las principales conclusiones del informe Estado del clima en Europa 2025 (ESOTC), elaborado por el European Centre for Medium-Range Weather Forecasts, que gestiona el Servicio de Cambio Climático de Copernicus Climate Change Service, y la World Meteorological Organization.
Los datos muestran que el 95% del continente registró temperaturas anuales superiores a las del año pasado, y que los caudales fluviales estuvieron por debajo de la media durante 11 meses.
El diagnóstico confirma una tendencia cada vez más evidente: Europa sigue siendo uno de los continentes que más rápido se calienta del planeta. En 2025 fue su tercer año más cálido desde que existen registros, con una temperatura media de 10,41 grados, es decir, 1,17 grados por encima del promedio del periodo 1991-2020.
El calentamiento no se distribuye de manera uniforme. Mientras el sur y el este de Europa afrontaron olas de calor extremas y largos episodios de sequía, el norte vivió temperaturas anómalamente altas y un deshielo acelerado. Las regiones árticas registraron su segundo año más cálido, mientras que la pérdida de hielo marino y la reducción de la cobertura de nieve continúan alterando ecosistemas y patrones meteorológicos.
Los océanos también jugaron un papel clave. Las aguas que rodean Europa, especialmente en el Atlántico nororiental y el Mediterráneo, alcanzaron temperaturas récord o cercanas a récord, intensificando fenómenos extremos y afectando tanto a la biodiversidad marina como a sectores económicos dependientes del mar.
El informe subraya además el deterioro de los recursos hídricos. Los ríos europeos registraron caudales inferiores a la media durante casi todo el año, reflejo de un déficit hídrico prolongado. Esta situación afecta a la agricultura, la producción energética y el abastecimiento urbano, y se suma a un contexto de estrés climático creciente.
"Las implicaciones de este informe son profundas, y hacen hincapié en las graves amenazas para la salud humana derivadas de un estrés térmico sin precedentes", apunta María José Sanz, directora del BC3 (Centro Vasco de Investigación sobre Cambio Climático), en declaraciones al Science Media Centre. "Los resultados también ponen de relieve las vulnerabilidades de la economía, ya que la generación de energía renovable depende en gran medida de los patrones climáticos cambiantes. En resumen, el informe representa una contribución clave para respaldar la evidencia de que el cambio climático es una realidad".
A escala global, 2025 fue el tercer año más cálido jamás registrado. La temperatura media del planeta alcanzó 14,97 grados, situándose 1,47 grados por encima de los niveles preindustriales. Además, el promedio de los últimos tres años superó por primera vez el umbral de 1,5 grados establecido en el Acuerdo de París como referencia crítica para limitar el calentamiento global.
Aunque ese límite se mide a largo plazo y aún no se considera oficialmente rebasado, los científicos alertan de que el ritmo actual acerca al mundo a esa frontera antes de lo previsto. Europa, por su posición geográfica y sus características climáticas, se ha convertido en uno de los escenarios más visibles de ese cambio acelerado.
El informe deja una conclusión inequívoca: el calentamiento climático ya no es una amenaza futura, sino una realidad presente que transforma paisajes, altera recursos y redefine la vida en todo el continente. Desde el hielo del Ártico hasta las costas mediterráneas, Europa está sintiendo con intensidad creciente los efectos de una crisis climática que avanza más rápido que la capacidad de adaptación.























