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Óscar Sánchez y César Cañadas, arquitectos: "El demasiado...
Ángel Navarrete · 2025-12-22 · via Cultura
Luis Alemany

Actualizado

P. En la carrera, ¿sus compañeros veían venir que se dedicarían a algo atípico?

César Cañadas. Creo que sí. En realidad empezamos a trabajar juntos porque nos reconocimos como dos frikis.
Óscar Sánchez. Dos motivados. Nos escribimos por Facebook para hacer juntos un trabajo de clase por parejas.

P. ¿Eran distintos a sus compañeros?

O.S. Otros amigos también tenían intereses muy fuertes, pero nosotros teníamos una relación diferente con la carrera. Había asignaturas que nos daban igual y suspendíamos y otras en las que nos dejábamos el alma, éramos obsesivos.

C.C. Todo el rato estábamos haciendo cosas por ahí. No teníamos una estrategia dirigida a un currículo.

O.S. Salió una beca. Enviaban a 10 personas a Shanghái.

C.C. Había que tener unas notas que te mueres. Nosotros teníamos un 7,5 a base de cincos y dieces. No nos daba ni locos. Pero nos pusimos cabezones, hablamos con un profesor de allí, conseguimos cartas de recomendación...

P. ¿Y entonces?

C.C. Fuimos a China, se suponía que seis meses, y nos encontramos en el momento en el que explotaba todo. Empezamos a organizar raves y nos dimos cuenta de que hay algo en el evento, algo mágico, que es lo que más nos gustaba.

O.S. En Shanghái, la universidad era más plana, es lo que pasa en los intercambios. No nos exigía mucho, teníamos tiempo y era un periodo súper vibrante y de crecimiento... Todo el rato pasaban cosas.

P. Estamos hablando del año 2017.

O.S. De 2017 a 2019, antes del Covid.

P. Y de una dictadura, claro.

C.C. En momentos puntuales, lo notábamos. Si venía el presidente a Shanghái, la ciudad se paraba y tú cancelabas la fiesta. Pero la presión iba por capas, podías abstraerte. Nosotros estábamos en la pura ignorancia. Después de dos años, ya entendíamos mejor las cosas.

P. ¿Ahí ya ingresaban dinero?

O.S. Gestionábamos dinero, no lo ganábamos. Alquilábamos espacios, equipos de sonido, hablábamos con marcas.

C.C. La primera fiesta que hicimos salió tan mal que perdimos la pasta de la beca. Tuvimos que ponernos a dar clases de español.

P. Y participar de este mundo de las 'raves' y la electrónica, ¿cambió el tipo de imágenes que creaban?

O.S. Nunca hemos sido de los que van al museo a nutrirse. O sí, pero no solo. Nuestras referencias están en situaciones cotidianas, en encuentros feos, en cosas que mucha gente no mira y a nosotros nos fascinan.

C.C. Mire ese bidón. Con él hicimos la cesta más chula de Navidad.

O.S. Cuando montábamos las raves, buscábamos lugares superlocos yendo en bicicleta por Shanghái. Locales abandonados, naves industriales, bodegas de vino...

P. Cuando yo tenía su edad, el mundo de la electrónica se representaba con algunas imágenes muy sofisticadas y con otras muy zafias.

C.C. Y nosotros aún trabajamos mucho en ese contraste. Eso es lo nuestro, coger el tornillo que usa el herrero y dar con algo especial en él.

P. ¿Utilizan la palabra 'belleza' y sus derivadas?

O.S. No mucho.

C.C. No.

P. ¿Y bonito? ¿Dicen «Esto nos ha quedado bonito»?

O.S. Decimos más «chulo», «potente»... Utilizamos mucho la expresión «qué guapo», que quizá sea lo mismo en el fondo. Estamos contentos cuando las cosas tienen un por qué.

C.C. Pero, en el fondo, la emoción es la misma. Ante el caos, en lo sucio, en Shanghái, en un poste de iluminación con 8 mil millones de cables... No lo llamamos belleza pero supongo que es lo mismo que se siente ante un cuadro. Es la misma capacidad que tienes de extrañarte ante las cosas. La capacidad de extrañamiento la tenemos trabajada.

P. ¿Y no nos dirigimos al tedio de un mundo saturado de imágenes?

CC. Estoy de acuerdo, la saturación existe y nuestro reto es navegar en ella. En las presentaciones que hacemos para un proyecto, generamos 200 diapositivas para contar una sala de 20 metros cuadrados. Pero eso es porque hay mucho concepto detrás.

P. Ya todo el mundo sabe algo de diseño. ¿Eso es bueno o es malo?

O.S. Yo lo veo algo positivo, 100%.

C.C. Lo que pasa es que a nosotros no nos toca eso porque la gente nos llama para que la saquemos de marrones y hagamos cosas locas.

Ó.L. Nosotros hacemos lo que no está en Pinterest.

P. ¿Existe el demasiado diseño?

C.C. Existe y cae mal. Las neotabernas que cogen esos casticismos impostados... Hay muchas, ¿no? El problema es que los discursos no son verdaderos. Los bares se presentan como lo que no son. Tienen un grupo detrás y se nota desde el momento en el que entras. Por eso nos interesa la cotidianidad, las imágenes que para otra gente no tiene interés. Somos ladrones del entorno.

La última

¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Y qué respondió?

Si no hacéis casas, ¿qué hacéis? Antes dábamos explicaciones larguísimas. Ahora decimos que nacimos como estudio de arquitectura pero que somos un estudio, a secas.