

























Se desvaneció la esperanza de localizar con vida a algunas personas tapiadas por los escombros del urbanismo OPPE26, Caraballeda, estado La Guaira. Desde horas de la tarde del miércoles 22 de julio, la ilusión de un milagro prendió en los corazones de rescatistas, voluntarios y, lo más importante, familiares de quienes habitaban la estructura afectada por los dos sismos del 24 de junio, que hasta ahora dejan la fatal cifra de 5398 víctimas fatales.
A pesar del tiempo transcurrido, no se desvanecía el sueño. Se llegó a comentar que en el edificio hubo una venta de víveres, por lo que se intuyó que el acceso a algunos alimentos habrían facilitado burlar la muerte.
La madrugada de este jueves, fue testigo del trabajo coordinado. La tensión y el deseo de una nueva sonrisa, se unían a los profesionales de la salud equipados para entrar en acción apenas el momento soñado asomara su rostro. Las señales de posibles parroquianos con vida, lanzaron la apuesta por una buena nueva. No era para menos: el calor de 30 grados centígrados y los sonidos detectados por los equipos técnicos, otorgaban un halo de confianza.
El amanecer se presentó no tan halagüeño como era esperado por todos y todas. De la confianza, se pasó al silencio en un abrir y cerrar de ojos. A los escombros que permanecen allí desde hace un mes, fueron a dar los ruegos colectivos.
El calor detectado sí era de un cuerpo humano, pero en estado de descomposición. ¿Los sonidos? Pudieron haber sido de un animal, concluyeron los rescatistas mexicanos, quienes se retiraron del lugar como hicieron quienes también permanecían a la expectativa, señalaron el reportero Román Camacho, Primicias y otras fuentes periodísticas.
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