Actualizado
En el corazón de Madrid, la Antigua Pastelería del Pozo sigue elaborando desde hace décadas sus famosos bartolillos.
Este dulce, emblemático, a la vez que desconocido, de la capital, se fabrica siguiendo un proceso artesanal minucioso .
La preparación comienza con una masa de harina, manteca de cerdo, sal y vino blanco. Estos ingredientes se combinan en la amasadora hasta obtener la consistencia deseada.
Posteriormente, la masa se divide en pequeñas porciones que los pasteleros estiran una a una de forma manual sobre la mesa hasta darles una silueta elíptica.
En el interior de este postre, un generoso relleno de crema pastelera sobre la masa. Ésta se pliega como si fuera una empanadilla, se presionan los bordes con firmeza y se cortan con una ruleta, lo que deja el dulce bien cerrado y con su marca característica.
El secreto de su acabado crujiente y dorado reside en la fritura, que se realiza en aceite de oliva muy caliente durante un periodo breve de apenas dos o tres minutos.
Una vez listos para la venta, el detalle final es un toque de azúcar glas o de canela para los más golosos. Según Antonio, con más de 40 años de trabajo en la casa, esta especia es el acompañamiento ideal para las masas fritas, aportando un aroma y sabor que realzan la calidad de la elaboración.





























