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Opinión – El Estímulo

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"El topo", la viralidad y la pendejada de siempre | El Es...
https://www.facebook.com/ElEstimulo/ · 2026-07-05 · via Opinión – El Estímulo

Imagínate que eres un jefe policial. Ponte en esas botas un momento. Hubo un terremoto, están sacando a personas muertas de entre los escombros de cientos y cientos de edificios que se desplomaron, ha llegado ayuda internacional de medio mundo porque todos saben que el país no está en capacidad de manejar una tragedia de esas dimensiones, la gente depende de esa caridad para comer, para curar sus heridas, perdieron sus hogares, perdieron a sus hijos, a sus hermanos, a sus parejas. Todo. Y tú decides que te molesta que un tipo se haga «viral». ¿De verdad, mano?

Wilmer Antonio Cruz debió haber sido un personaje conocido en su zona de La Guaira desde antes: un tipo bullanguero, extrovertido, con un look creado a conciencia, los collares, las pulseras, el corte de pelo. No es alguien que pase desapercibido. Su transformación en «El topo de La Guaira» se la ganó, según dicen, porque desde mucho antes que llegaran los rescatistas de formación e incluso antes de que aparecieran soldados y policías a ver lo que ocurría, ya él estaba ahí sacando tierra con las manos, moviendo pedazos de edificios y ayudando a rescatar a las víctimas.

Luego vino la viralidad. Siendo como es, apareció en redes sociales, le habló a algunos medios y en los videos reclamó lo que tanta gente en La Guaira ha reclamado a lo largo de estos días: la casi nula respuesta inicial de las autoridades y la necesidad de que la ayuda llegue con más rapidez y eficacia. Eso, pero con otras palabras, con otro tono.

El «topo» ganó popularidad en las redes -a diferencia de muchos- porque estaba haciendo algo útil y con todo su malandreo estaba ahí -dicen los vecinos y dicen reporteros que lo vieron- entregado a la labor. Y tú sabes qué es jodido, mi jefazo: buscar gente aplastada y sacar escombros con ese sol tan hijueputa.

Y entonces, el 1 de julio arranca otra tanta de mensajes por las redes: se llevaron al «topo». De inmediato se dio lo de siempre: unas cuentas lo denunciaron como otro atropello del régimen autoritario para acallar las quejas y en otras lo presentaron como un show y comenzaron a asomar que Wilmer Antonio Cruz no es ningún santo de la comunidad.

Mire mi jefazo, es obvio que santo no es. Pero si lo que querían era callarle la boca porque ya era muy viral para el gusto de ustedes, han debido mandarle dos palas y unos guantes de trabajo. O, mejor, 20 palas a la comunidad que se quedó sin viviendas. En lugar de eso, en medio de la tragedia nacional, usted que está en esa oficina con aire acondicionado decide movilizar a un personal para llevarse al personaje viral, darle un paseo, presentarlo e imputarlo por presunto hurto y otorgarle una condicional, todo en tiempo récord: el 3 de julio, ya «El topo de La Guaira» andaba pegando gritos en nuevos videos.

Ojalá la mayoría de los presos políticos hubieran tenido la «suerte» de un procedimiento tan apegado a los plazos…

Siempre ha sido tan curiosa esa preocupación del gobierno por las cosas que se hacen y dicen a través de las redes. Esa obsesión que tienen con la viralización de contenidos y opiniones que no les favorezcan. Cosa que en este contexto, con tanto por hacer, resulta una estupidez. Movilizaron gente, lo llevaron, lo trajeron y además de eso, han invertido tiempo en activar a sus cuentas aliadas para que hagan circular el historial de Wilmer Antonio Cruz y hasta para grabar y editar videos con la intención de responder al «uso político» del caso -que no es mentira- y desacreditar al personaje presentándolo como un delincuente.

¿Eso es importante? ¿Esas son las prioridades, jefazo? Hay mejores formas de invertir ese tiempo y esfuerzo, la verdad. Miles de personas necesitan ayuda en La Guaira. Y sí, no puede extrañar que el fulano topo haya hecho esto o lo otro, pero la gente que está allá seguramente considera que ha ayudado más que tú. Enfócate en lo que verdaderamente importa y deja de ver TikTok: hay vainas urgentes más allá de la viralidad.