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Antes de fundar Nothing, Carl Pei creó OnePlus. Lo recuerdo cada vez que cae en mis manos un teléfono nuevo de la compañía londinense, y especialmente con el Phone (4a) Pro, porque la fórmula que defiende esta empresa europea es exactamente la que llevó a OnePlus a ganarse un puesto en el mercado hace una década: un diseño con personalidad y un precio por debajo de lo que pediría cualquier marca consolidada por algo equivalente.
A diferencia del Phone (3), que se aventuró el verano pasado en territorio premium, el (4a) Pro juega en la gama media-alta y arranca en 479 euros. Esa es probablemente su decisión más interesante porque demuestra que es el rango donde se siente cómoda Nothing.
Y funciona. He podido probarlo durante el último mes y creo que es una de las mejores propuestas hoy en día dentro de este rango. Da la sensación de ser un teléfono sólido desde el momento en el que sale de la caja. Abandona los marcos de plástico de generaciones anteriores y estrena un cuerpo unibody de aluminio de 7,95 mm de grosor. Pesa 210 gramos, que aunque cuesta creerlo es una cifra contenida si tenemos en cuenta que la pantalla mide 6,83 pulgadas.
La pantalla, por cierto, es AMOLED. Tiene una resolución 1,5K y llega hasta 144 Hz de tasa de refresco y 1.600 nits de brillo, con picos de 5.000 nits para contenido HDR. Es agradable y se lee bien al sol, aunque sin llegar a deslumbrar como sí lo hacen los paneles de Samsung o Apple en la gama alta. También he notado que es más propensa que otros móviles más caros a mostrar arañazos.
La trasera mantiene el característico panel semitransparente de Nothing, ahora protegido con un plástico que la marca asegura es el doble de resistente que en el Phone (2a).
Más interesante es lo que han llamado Glyph Matrix, la evolución del sistema de iluminación que define a esta marca desde sus inicios. En lugar de un patrón de unas pocas luces LED con un diseño distintivo, aquí Nothing ha apostado por una matriz de más de 100 micro-LED en la trasera, capaces de mostrar la hora, el progreso de un contador, la ubicación de un Uber o las notificaciones de las aplicaciones que el usuario marque como esenciales. La idea, según Nothing, es ofrecer un sistema de información paralelo a la pantalla principal que ayude a no obsesionarse con el teléfono.
En la práctica no estoy seguro de que cumpla esa promesa. La hora siempre encendida en la trasera es útil cuando se deja el móvil bocabajo sobre la mesa pero, en mi experiencia, raramente sustituye al gesto de
girar el teléfono y mirar la pantalla. Es más una declaración estética que una herramienta y en general, noto que hay pocas aplicaciones que le saquen partido.
Donde Nothing ha trabajado más este año es en la cámara. El sensor principal es un Sony LYT-700C de 50 megapíxeles capaz de captar, según el fabricante, un 64% más de luz que los sensores típicos del segmento. El enfoque es notablemente más rápido que el del Phone (3a) Pro (un 20% más, asegura la marca) y los resultados, en condiciones de buena luz, compiten sin problemas con el Pixel 10a, por poner otro teléfono en la misma gama de precio.
Hay también un teleobjetivo periscópico tetraprisma de 50 megapíxeles con estabilización, 3,5 aumentos de zoom óptico y 7 aumentos sin pérdida de calidad aparente. Puede llegar incluso a 140 aumentos usando zoom digital, aunque evidentemente a esos rangos la calidad de la foto se resiente.
En general, esta óptica no es tan buena como la cámara principal pero en este rango de precio cuesta encontrar algo parecido. He hecho pruebas de retrato a 80 mm equivalentes, que es donde mejor se desenvuelve, y los resultados son sólidos, con un bokeh natural, transición correcta entre rostro y fondo y poco procesado. El ultra gran angular de 8 megapíxeles, en cambio (el tercer sensor en el módulo de cámara), se queda un paso por detrás. Saca de un apuro pero se nota que es la cámara a la que Nothing ha decidido sacrificar algo para hacer cuadrar las cuentas.
Bajo el capó hay un Snapdragon 7 Gen 4 con 8 GB de RAM en el modelo de entrada o 12 GB en el de 256 GB. Es un procesador eficiente y con potencia de sobra para el día a día. Nothing OS 4.1, basado en Android 16, sigue siendo una de las capas de personalización más limpias del mercado Android. Se aleja deliberadamente del estilo de Samsung y se acerca más al de los Pixel. No hay aplicaciones innecesarias, las animaciones están muy cuidadas y lo único criticable es una cierta obsesión por la tipografía monoespaciada de la empresa. Las funciones de inteligencia artificial son interesantes sobre el papel, pero al menos, en mi caso, han terminado olvidadas como ocurre con la mayoría de funciones de IA de los teléfonos hoy en día.
La otra sorpresa que me he llevado es que se trata de un móvil con bastante autonomía. La batería de 5.080 mAh aguanta sin problemas un día completo de uso intenso y casi dos en uso moderado. La carga rápida por cable es de 50 W (recarga completa en algo más de media hora) pero no hay carga inalámbrica. Es la concesión más visible al precio, y la única que se nota en el día a día.
Para quienes busquen diseño, buena pantalla y un teleobjetivo, el Nothing Phone (4a) Pro es, creo, la mejor propuesta del mercado ahora mismo por menos de 500 euros. No es perfecto, pero es el primer Nothing que resuelve con coherencia la ecuación entre estilo, precio y utilidad. Y, dicho sea de paso, es lo
más cerca que ha estado Carl Pei de repetir, una década después, la jugada que funcionó con One Plus. Lanzar una marca de telefonía móvil hoy en día es complicado. Hacerlo desde Europa, prácticamente imposible, pero Nothing sigue demostrando año tras año, que puede hacer teléfonos diferentes y apetecibles.
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