La compañía se ha comprometido a gastar 600.000 millones de dólares en centros de datos durante la próxima década, pero el crecimiento que justifica ese desembolso podría no llegar

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El boom de la inteligencia artificial, las valoraciones estelares de empresas como OpenAI o Anthropic y las promesas de inversiones millonarias en centros del datos, se sostienen sobre una idea muy sencilla: todos, tarde o temprano, terminaremos usando herramientas como ChatGPT o Claude para todo tipo de tareas. Las cifras internas de OpenAI, sin embargo, parecen indicar que no está creciendo al ritmo esperado y el impacto podría sentirse en toda la industria de la inteligencia artificial.
OpenAI quería terminar 2025 con mil millones de usuarios activos semanales en ChatGPT, pero no lo ha conseguido. Tampoco ha cumplido los objetivos internos de ingresos del primer trimestre de 2026, según publica el Wall Street Journal esta semana.
La compañía ha cerrado en los últimos meses la mayor ronda de financiación de la historia de Silicon Valley, 122.000 millones de dólares, y se ha comprometido a gastar otros 600.000 millones en centros de datos durante los próximos años. En 2025 ingresó cerca de 13.000 millones y perdió 8.000. Para 2026 aspira a facturar 30.000 millones mientras quema otros 25.000. Pero esta estrategia sólo funciona si el crecimiento de usuarios se mantiene en una curva exponencial.
Según la publicación, Sarah Friar, directora financiera de la compañía, ha trasladado a otros responsables sus dudas sobre la capacidad de OpenAI para afrontar los contratos futuros de computación si estos ingresos no aceleran. La junta directiva está revisando con lupa los acuerdos firmados con Oracle, Microsoft y el resto de proveedores y cuestionando la insistencia de Sam Altman en seguir asegurando capacidad de cómputo pese a la ralentización en nuevos usuarios.
Buena parte del frenazo se explica por la presión de los rivales. Anthropic, fundada por antiguos directivos de OpenAI hace cinco años, ha reducido la distancia a un ritmo notable y le está arrebatando cuota en dos mercados particularmente lucrativos, el de la programación y los clientes corporativos. Su modelo Claude se ha convertido en la elección por defecto de muchos desarrolladores y departamentos de desarrollo de grandes empresas.
Google, por su parte, ha encontrado un camino alternativo para Gemini, integrado de forma nativa en su buscador, en Android y en la suite de productividad Workspace. Ha firmado también un acuerdo con Apple para convertir Gemini en el andamiaje de la nueva Siri.
OpenAI no tiene tantas opciones de distribución y a esto se suma un detalle incómodo. Muchos suscriptores que se apuntaron al servicio de pago de ChatGPT en 2024 y 2025 están dándose de baja. La compañía no ha hecho públicas las cifras, pero según el Wall Street Journal son lo suficientemente elevadas como para preocupar a la dirección.
La situación es delicada porque OpenAI está considerando salir a bolsa este mismo año y de su éxito depende buena parte de toda la economía que ha surgido en torno a la inteligencia artificial. La valoración de OpenAI se acerca ya a los 800.000 millones de dólares. Nvidia, que vende los chips con los que se entrenan sus modelos, supera los cinco billones. Microsoft, Amazon y Google han disparado su gasto en infraestructura de IA hasta cifras sin precedentes en la historia de la tecnología. Todas esas cifras se apoyan en la premisa de que el uso de la inteligencia artificial seguirá multiplicándose hasta justificar las inversiones.
ChatGPT sigue creciendo, pero ya no al ritmo que los inversores descontaban y si esa moderación se prolonga, los compromisos de gasto que la empresa ha firmado podrían dejar de ser una ventaja competitiva y convertirse en un problema.
























