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Opinión – El Estímulo

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Reivindicar a Habermas es discutir sobre democracia | El ...
Andrés Cañizález · 2026-03-18 · via Opinión – El Estímulo

Habermas es referencia obligada para entender por qué la democracia no es solo urnas, sino conversación pública. En muy diversos artículos académicos, Habermas aparece una y otra vez no como nombre decorativo, sino como herramienta precisa para explicar cómo los medios, la prensa y el debate ciudadano construyen o destruyen la vida en común. A partir de esas páginas, surge el retrato de un pensador que, más que ningún otro en la segunda mitad del siglo XX, cambió para siempre la forma de concebir la democracia como un proceso comunicativo.

Habermas no fue un filósofo abstracto. En su libro Historia y crítica de la opinión pública (1962), estudió cómo en la Europa occidental de los siglos XVII y XVIII la prensa escrita permitió que asuntos privados se volvieran públicos. Surgió entonces una “esfera pública” donde los ciudadanos comunes, a través de periódicos y cafés, debatían ideas sin la coacción del poder.

Esa idea, trasladada al caso venezolano de 1830-1847, explica el nacimiento republicano: la liberalización económica y la libertad de imprenta no fueron solo políticas; fueron el suelo donde se formó por primera vez un espacio de discusión plural. La prensa dejó de ser instrumento del gobierno para convertirse en foro donde voces distintas al poder se visibilizaban. Fue aquello un corto período en el siglo XIX venezolano, según hemos podido estudiar.

Habermas cayó mal entre los pensadores atados a la órbita soviética, en aquella época cuando aún Moscú era una referencia en el marco de la guerra fría. El autor alemán destacó el rol del capitalismo en la expansión de las ideas y en el fomento de la discusión pública en Europa occidental. Sin esa esfera pública no hay democracia moderna.

Sin embargo, los intereses económicos abren la puerta no sólo a las ideas, sino a intereses que colonizan ese espacio que se intenta sea público, es decir de todos. Así, la prensa deja de ser plaza neutral y se convierte en escenario donde grupos económicos o estatales imponen su versión. Habermas detectó ese peligro temprano: la esfera pública ideal –racional, crítica, igualitaria– puede distorsionarse cuando el dinero o el control político la secuestran.

Ese diagnóstico resulta clave para entender el rol de los medios masivos en la Venezuela previa al chavismo, con un duopolio privado o después de 2004 con la “hegemonía comunicacional” que defendía Andrés Izarra: el largo soliloquio de Hugo Chávez.

La idea del espacio público, referida con amplia influencia en medios académicos por los textos del alemán Jürgen Habermas, sigue siendo un desafío para la sociedad venezolana. El autor alemán, a partir de su estudio sobre la prensa europea, sintetizó el rol de los medios: visibilizar voces distintas al poder y tejer un engranaje de puntos de vista disímiles que es, sencillamente, la base de la democracia moderna. En Venezuela hemos tenido una falta de pluralidad.

Cuando se revisa el debate sobre la esfera o espacio público es indispensable volver sobre Habermas. El pensador alemán hizo una enorme contribución a la sociología de la comunicación masiva al introducir el espacio público como pieza esencial de la teoría de la democracia. Analizado por el Eric Maigret, destaca que con Habermas se produjo un “cambio de paradigma”: el espacio público ya no quedó reservado únicamente a actores institucionales e ilustrados; ahora se entiende desde la sociedad civil y los medios masivos.

La existencia de un espacio público para el debate plural es, a fin de cuentas, sinónimo de democracia. Ese cambio de paradigma, sacar la noción de democracia de la esfera exclusivamente electoral, es lo que convierte a Habermas en posiblemente el pensador más importante de la segunda mitad del siglo XX. Antes de él, la democracia se medía en instituciones, votos o constituciones. Después de él, se mide también –y sobre todo– en la calidad de la conversación pública.

Su obra Teoría de la acción comunicativa (1981) aporta otro concepto clave: la “colonización del mundo de la vida” por sistemas administrativos o económicos. Cuando el Estado o el mercado invaden el espacio donde las personas hablan de igual a igual, la democracia se vacía. En Venezuela, eso se traduce en medios cooptados, redes sociales que generan insultos y descalificaciones vez de debate real y una ciudadanía que siente que su voz no cuenta.

¿Por qué Habermas destaca por encima de pensadores del siglo XX? Porque ningún otro colocó la comunicación en el centro de la teoría democrática con tanta claridad. Mientras otros analizaban poder, lenguaje o justicia en abstracto, él mostró que sin una esfera pública plural y crítica no hay democracia real. Su paradigma permitió entender que los medios no son simples “aparatos” sino el tejido mismo de la vida pública.

En Venezuela y en toda la región latinoamericana, seguir invocando la esfera pública habermasiana no es nostalgia académica: es la forma más concreta de defender que la democracia se haga parte de nuestras vidas.