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Opinión – El Estímulo

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https://www.facebook.com/ElEstimulo/ · 2026-07-06 · via Opinión – El Estímulo

En estos días post susto hemos ido y venido de la ansiedad al temor, de la tristeza a la esperanza, de la impotencia a la rabia. El alivio porque después de todo, la familia y la casa están bien, se nos disuelve cuando vamos recibiendo las dosis amargas de la realidad circundante. La tragedia de tantas familias. Los muertos, los heridos, las pérdidas materiales que si bien son lo de menos de todas maneras pesan, pues representan años de esfuerzo, las ilusiones truncadas. Todo se nos revuelve adentro y así seguirá, mientras las mareas del espíritu no se nos tranquilicen.

¡Es tan difícil! E inevitable brota la pregunta ¿Por qué Dios mío? Igual me aferro a la fe que no moverá montañas ni impedirá que la Tierra se estremezca, pero sí mueve mi voluntad y serena mi alma y mi cabeza. Ella me recuerda que no hay poder más grande que el amor.

Como muchos, el 24 de junio me dispuse a ver el futbol, a mi esposa no le gusta –somos una familia beisbolera, aunque a mí me quedó del colegio el gusto balompédico- y se fue a otro cuarto a leer y terminó en siesta. Entonces empezó a estremecerse la tierra, la llamé y mirándonos, cada uno desde lugares que considerábamos seguro, sentíamos el edificio sacudirse, el piso se movía como en olas bajo nuestros pies, el ruido, las cosas que se caían en aquellos segundos interminables. Bajamos hasta la calle como lo hicieron nuestros vecinos, con quienes nos encontramos en la acera junto a los de edificios cercanos.

¿Qué hacer? ¿Cómo ayudar? Lo que cada quien pueda. Acompañando, donando, colaborando en su propia comunidad para atender las contingencias, empezando por tu condominio, tu barrio o urbanización, tu lugar de trabajo. Comprendiendo que la tensión hace que se multiplique la incomprensión. Que las crisis alimentan tanto la solidaridad como el egoísmo que incluso pueden alternarse en las mismas personas.

No es secreto que desde 1992, en razón de arraigados valores adquiridos desde muy temprano y alimentados por mi experiencia de vida, estoy en las antípodas de la noción de poder y el modo de ejercerlo de quienes nos mandan, pero creo sinceramente que no es momento de ahondar o echar hiel en las heridas de estos años. Ya habrá ocasión de discutir, esta no es. Por peor que sea mi opinión con relación a algunos de ellos, no tengo derecho a dudar de su genuina preocupación por lo que está pasando. El fin no justifica los medios. En el poder o fuera de él, encuentro inmoral querer sacar partido del dolor. Ninguna diferencia está por encima del deber de ayudar. Todos debemos ayudar, ayudarnos, a todos.

La dura realidad también nos ofrece vivencias reconfortantes. La espontánea solidaridad de la gente volcada. En las parroquias, en las universidades, en las comunidades, las ONG que tan acosadas han sido, el Colegio de Ingenieros, los medios de comunicación, voluntarios por todas partes. En medios y redes veo la tarea de los rescatistas venezolanos y esos competentes equipos venidos de otros países, se les agradece de todo corazón. También bomberos, insuficientemente dotados como los médicos y enfermeras de los hospitales haciendo de tripas corazón, policías, soldados y guardias nacionales.

Que como siempre, asomen pícaros y aprovechadores a pescar en río revuelto, no debe impedirnos apreciar, valorar, el verdadero espíritu venezolano brotando caudaloso y las generosas demostraciones de naciones con gobiernos muy diversos, con varios de los cuales tengo radicales discrepancias que nos dan una mano en esta hora de angustia.

Pasada la tragedia que pasará, con las cicatrices en el alma que quedarán y los daños en la infraestructura y la economía imposibles de ignorar, por delante nos queda la gran tarea de la múltiple reconstrucción. Reconstrucción personal, social, institucional, económica. Notaremos que los más grave, nuestra mayor carencia hoy y lo que más falta nos hará mañana será el Estado destruido y la credibilidad perdida. Esos son los escombros más difíciles de remover. Ojalá aprendamos la lección.