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Frente a eso el amor real es aplastante" Julieta Venegas: "Parece que nos instalan un chip de cómo hay que ser mujer" Lucía Solla Sobral, la escritora de los 200.000 libros: "Huyo de quienes quieren utilizar mi novela como un símbolo del feminismo" Irvine Welsh: "¿Qué producen las corporaciones con sus beneficios? Mierda. Películas de mierda, libros de mierda, televisión de mierda" Joaquín Rodríguez, de Los Nikis: "No estamos en contra de Dios, pero sí en contra de Bunbury" Rosa León vuelve 20 años después: "Cuando yo empecé en la izquierda había unos pedazo de señoros que ni te cuento. Ahora, al menos, se les señala" No Te Va Gustar, el grupo de barrio que conquista Latinoamérica: "Quien diga que el rock ha muerto, miente" El Mundo El Mundo Quevedo: "No quiero agradar, me la suda fuerte" El Mundo El Mundo El Mundo Cuando el luto es en compañía o la terapia psicooncológica: "Pedir ayuda no es cobarde" Lorca en familia: "Yo he nacido poeta y artista como el que nace cojo, ciego o guapo. 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Me cago en el progreso del arte" Anabel Alonso: "La ONU no sirve para nada"
Tamara Tenenbaum: "Soy muy crítica con las posiciones sionistas, para mí ser judía significa estar en contra de las injusticias y la violencia"
PATRICIA J. GARCINUNO · 2026-02-18 · via Cultura

Actualizado

Tamara Tenenbaum (Buenos Aires, 1989) aparece al otro lado de la pantalla unos minutos más tarde de lo acordado y vuelve a pedir disculpas, como ya había hecho en un mensaje previo por correo electrónico. Acaba de ser madre, la cuidadora que viene se ha enfrentado al caos matinal de Buenos Aires y el retraso es inevitable. En la hora larga que se va a extender esta charla, la escritora aún asomará varias veces su cabeza desde el altillo en el que se encuentra para comprobar si su hija de dos meses la reclama. Si todo va según lo previsto ahí abajo.

La escena no es ajena, seguro, a ninguna madre primeriza, pero vivirla con Tenenbaum como protagonista es interesante. La argentina ha hecho de la disección de la familia y de sus ataduras su género literario. Y ahora es ella quien empieza a atar los nudos de la familiaridad. "En mi corta experiencia de mamá, diré que una sigue siendo la persona que es. Lo cual es terrible". Se para. Y, sin previo aviso, vuelve: "Yo pensé que iba a ser más adulta, más responsable y que las dinámicas familiares ya no me iban a resultar tan difíciles porque soy grande, ya no soy una adolescente. Pero no, viste, aún me resulta difícil organizar un almuerzo familiar y que tengan que venir todos a mi casa. Sigo estando a favor de las familias de todo tipo".

Y para explicar esto tenemos que ir hacia atrás, hacia los inicios de los años 90, y encontrar a una niña rubísima en una comunidad judía ortodoxa de Balvanera, en la Comuna 3 de Buenos Aires, que pierde a su padre en un atentado y crece con mujeres firmes. Que llega a la juventud y, no menos firme, se rebela. Contra su educación religiosa, contra el concepto tradicional de familia, contra el mundo. Su mundo. Y, a los 30, empieza a escribirlo para que todos lo sepan. Esa niña es la que hoy mira desde el altillo a otra niña y a otra idea de familia.

"Cuando uno tiene un hijo tiene que empezar a hacer un esfuerzo mucho más consciente por seguir siendo parte de las amistades y de una comunidad. La sociedad te invita a recluirte en tu familia y a que tus amigos no importen, que sean vínculos secundarios. Tener una vida en comunidad más amplia que la familia nuclear requiere un esfuerzo, y a mí me encantaría que mi hija sienta que mis amigos son su familia y que ella tenga amigos que le caigan mejor que yo", arremete Tenenbaum, que en su última novela, La última actriz (Seix Barral), vuelve a sumergirse en los dos conceptos que ya la acompañaron en El fin del amor (2019) y Todas nuestras maldiciones se cumplieron (2021): la familia y el judaísmo.

Porque eso es lo que subyace bajo un relato que explora el teatro judío argentino a través de dos generaciones de actrices amateur y que tiene de fondo el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) de 1994, en el que murió, por accidente, el padre de la autora cuando iba a pagar un recibo del cementerio. Tenenbaum volviendo a adentrarse en las consecuencias de la ruptura con sus tradiciones y de lo que supone ser judía en el mundo actual en un momento en el que esa reflexión ha cobrado aún mayor trascendencia tras la Guerra en Gaza y el reconocimiento del Estado Palestino por varios países europeos. Entre ellos, España.

"Desde niña soy muy crítica con las posiciones sionistas, lo que siempre me ha supuesto cenas familiares muy fallidas que, por supuesto, no se comparan con las tragedias que vive la gente que de verdad sufre". Y sigue: "Es una situación que he manejado desde muy chica y mi recuperación del ídish, un idioma bastante desplazado por el hebreo y considerado por muchos expertos el camino de un judaísmo disidente, me interesa. Me interesa esa recuperación de una historia judía que va mucho más allá del Estado de Israel y de su historia. Eso no significa que la excluya, pero me hace pensar qué significa ser judío".

¿A qué conclusiones ha llegado en esa búsqueda en la que lleva años inmersa?
Hay quienes queremos pensar que ser judío puede significar estar en contra de las injusticias y de la violencia mucho más de lo que le pase o no a otro judío. Yo no creo en un judaísmo tribal donde solo nos importa lo que les pasa a otros judíos, creo en un judaísmo humanista y lo que pasa en Gaza se tiene que calificar de genocidio. A algunos judíos nos movilizó tomar una posición activa de decidir qué clase de judíos queremos ser y estamos dispuestos a discutir y a aceptar una ruptura real y familiar. Hay gente que te deja de hablar, que se ofende y que piensa que eres un mal judío, un judío traidor. Es verdad que se está dando un brote de antisemitismo de gente que también viene demasiado intencionalmente a preguntarte qué piensas de Gaza para ver si sos un buen judío o mal judío. Sin conocerte de nada salvo por el apellido.
Deduzco que, en esa situación, nunca se es una buena judía se posicione donde se posicione
No hay una respuesta buena que una pueda dar, siempre sos una traidora. Para mí lo que hay que hacer es no preocuparse mucho. Lo que está sucediendo en Oriente Medio es mucho más importante que lo que sucede en mi Instagram. No me gusta esa posición del llorón que apoya a Palestina y se queja de que le insultan por Instagram, están pasando cosas más graves en el mundo. La relación del judaísmo con el mundo exterior es una complejidad que atravesamos desde siempre. Yo creo que el judío disidente es el que continúa la tradición milenaria, como yo, de pelearse con sus padres.
Desde El fin del amor hasta aquí, tengo la sensación de que su búsqueda, siendo la misma, ha cambiado de enfoque.
Ahora me interesa explorar las sutilezas de qué significa entrar o salir de un pueblo o una religión, qué significa estar adentro o afuera. En El fin del amor aparece de alguna manera, sobre todo en la serie, una exploración de formas de rebelarse estando dentro. Cuando yo era chica no veía tanto ese valor, pero ahora, sí. Las personas que nos vamos dando un portazo y no volvemos huimos de algo que yo no no tengo el corazón para hacer: ejercer el activismo desde el interior de una comunidad para cuestionarla.

"Pensé que después de ser madre las dinámicas familiares no me iban a resultar tan difíciles, pero aún me cuesta que mi familia venga al almuerzo"

Precisamente, en El fin del amor avanzaba también Tamara Tenenbaum otra de sus obsesiones: la sexualidad. Y lo hacía como una exploración de la libertad y el consentimiento en la crisis del amor romántico. En La última actriz, esa libertad es la de Sabrina, un investigadora universitaria que inicia una relación con Gabriel, director de su tesis y mucho mayor que ella. Ni rastro de esa imagen de la lolita fascinada por el hombre adulto. "Igual que todas las chicas que conozco estuve con tipos más grandes, que ganaban más plata que yo o que son superiores en su trabajo... Esa visión en la cual el tipo sabe más que su pareja y le muestra el mundo es una invención de los hombres. Esa idea de la pobre muchacha no digo que no exista, pero muchas veces es al revés. Algo que sabemos las mujeres, espero que los hombres también, es que en una relación de una mujer joven y bella con un hombre mayor hay una relación de poder que va para los dos lados. Ella consigue cosas con su belleza y su astucia porque la juventud es un poder".

¿Lo que usted defiende es que se potencia esa infantilización como un elemento machista?
Es una visión de origen patriarcal, que ha sido reproducida por algunos feminismos. Lo entiendo si hablamos de menores de edad, pero con mujeres adultas es todo más complejo. En mi país hay un rockero que sale con su bajista 25 años más joven, pero es que ella tiene 35 años. ¿Podés tener una relación con alguien que tiene diez años más que vos? A los 15 no, pero a los 30 sí. La gracia de tener un límite en la mayoría de edad es que de ahí para arriba cada uno se arregla.
Eso puede poner también en duda postulados como los del Me Too en algunos casos que se han visto.
Es bastante interesante que el mundo del arte fue uno de los primeros mundos que explotó con ese tema. Harvey Weinstein violentó a muchísimas actrices, ahí no hay nada que discutir. Pero si hablamos de relaciones consentidas se pone más complicado, porque hablamos de colegas o de un artista más experimentado con alguien que está empezando. Es muy complejo porque, obviamente, ese tipo sale con una muchacha joven y accede a ella por quien es, pero esa chica probablemente también accede a contactos y ámbitos a los que no accedería gracias a él.
Esa parece estar siendo la gran complicación para ese movimiento, ¿qué solución le ve?
Hay que distinguir las cosas, pero me parece que la literatura no tiene que estar distinguiendo entre modalidades y tipos penales. En la literatura es interesante explorar los matices, las relaciones complicadas, los chistes que te provocan malos entendidos. Me interesa eso. El otro día veía con mi novio Perdida, de David Fincher, que es una película que hoy sería imposible.
Es una película de 2014, hace solo 10 años, ¿por qué cree que no la podrían hacer hoy?
Porque implicaría unas complejidades muy grandes, ella finge su propio femicidio. No era ni antifemicidio ni antimujeres, era sobre una mujer psicópata. Los personajes femeninos son interesantes, empoderados, inteligentes o psicópatas, pero es una película que no toma posición sobre lo femenino y lo feminista. Eso es interesante. Porque el problema de hoy no es que no se puedan hacer películas machistas, que se hacen todos los días. El problema es que sobre ciertos temas pareciera que, sí o sí, hay que tomar posición de alguna manera. Hay que ser, sí o sí, machista o feminista.
¿Esa exigencia de posición firme lleva a limitar los productos culturales?
Estamos en un momento muy malo para la ficción. Se espera que tenga posiciones políticas muy claras y que sea siempre aleccionante, en el sentido de que se le pide que enuncie sus temas y sus posiciones, que sea didáctica, que sea clara. No hablo de una cuestión política, sino casi moral. Se exige saber en qué lado moral te parás, quiénes son tus aliados o tus enemigos.

"Es mal momento para la ficción, se espera de nosotras posiciones políticas aleccionantes y claras. Hay que ser, sí o sí, machista o feminista"

Viendo cómo se está construyendo el nuevo contexto social, con los más jóvenes posicionados en el extremo, ¿estamos ante el momento en el que esas posturas empiecen a ser aún más exigentes?
La gente que ha nacido en democracia la da por hecha, no se da cuenta de cuando está en peligro y esa es la paradoja del éxito de la democracia. Si la democracia funciona, la gente se olvida de que funciona. Con esto no quiero decir que la rebelión ultra de la juventud tenga solamente que ver con que no saben historia, eso me parece infantilizante y una manera de negar los fracasos o los límites del progresismo. La juventud no es tonta. Si están resentidos es porque llegan a un mundo donde sienten que no tienen oportunidades. Nos puede parecer mal que culpen al progresismo de eso, pero igual tienen alguna razón.
¿Tiene un problema ese progresismo buscando los enemigos fuera en lugar de hacer cierta autocrítica?
Debe haber una revisión porque esa juventud de derechas está pidiendo muchas veces cosas, en el lenguaje de los derechos, que nosotros también pensamos que deberían ser posibles. No en los casos que son solo odio, pero sí en reclamar una posición económica mejor. Lo que hay que combatir, sin ningún pero, es cuando esos jóvenes creen que la culpa de la economía que les ha decepcionado son los migrantes, las mujeres o los pobres. Cuando piensan que las víctimas son los victimarios eso ya es un problema grave.
¿Dónde está el problema real para usted en ese caso?
La juventud le critica mucho al progresismo la hipocresía y creo que conviene pensar en ello. Aunque el discurso sea muchas veces muy violento y muy recalcitrante, entiendo la angustia de que te digan que tu vida es buena cuando no lo es. El gran pecado para la juventud es la falsedad. Luego, de grande, cambias. Hannah Arendt defendía mucho la hipocresía como la gran virtud democrática. Y es verdad. Un jefe de Estado tiene que juntarse con otros jefes de Estado y sentarse en una mesa a fingir que se respetan aunque no se respeten. Eso es la democracia y la vida en sociedad.

Y, cuando esta conversación está por acabar, vuelve Tamara Tenenbaum a mirar desde el altillo. "Creo que me llaman". Ah, la familia.