




















Rey del pop esto, estrella del rock lo otro. De la psicodelia se habla menos, pero tiene su monarca contempor�neo y ese es Kevin Parker. Limitar las capacidades de Parker a su faceta como int�rprete ser�a hacerle un flaco favor. Su nombre de pila suele pasar desapercibido en las conversaciones entre aficionados del rock alternativo. Eso s�, cuando lo que se escucha es su nombre de artista –Tame Impala– las cabezas tienden a girarse, asienten y, casi de forma un�nime, lo confirman como uno de los grandes artistas del siglo XXI. Se usa en ingl�s una expresi�n para designar a aquel que sirve como emblema de algo: poster child. Chico p�ster. Parker lo niega rotundamente, pero colectivamente una generaci�n entera de mel�manos y adictos a lo alternativo se ha tomado por su mano designarle como el chico p�ster de la psicodelia.
Los �ngeles es la cuna de la industria musical, hogar de starlets de alfombra roja, epicentro del exceso, de las grandes discogr�ficas, del m�s, m�s, much�simo m�s. En las ant�podas de Hollywood est� Australia. Hay una ciudad remota en el extremo oeste del pa�s: Perth. Ah� hay surf, hay rock, hay todo lo que se puede y debe esperar de una ciudad costera en la isla del "No worries!" y el "Cheers, mate!". Cerca de Perth est� la min�scula ciudad de Fremantle, localidad de origen de Kevin Parker. Perth se corona como hogar del rock australiano, y de esa escena rockera emerg�a, en la primera d�cada de los dos mil, Tame Impala.
Para saber m�s
Parker salta de un lado a otro: de proveedor de psicodelia besada por el sol, a rave master. Sin apuro, sin miedo, con una seguridad que le ha otorgado la reputaci�n de camale�n de g�neros. Aunque lo que le vio nacer es la psicodelia. De las setenteras, pero algo descafeinada y con un aire contempor�neo que lleva como sello. Hace dos a�os que Kevin Parker no se sube a un escenario. El 27 de octubre, Brooklyn (Nueva York) ser� testigo del retorno del australiano. Esta vez, y ahora s� que s�, con la psicodelia en un segundo plano, para hacerle as� un grato favor a los adeptos al techno y desempolvar la m�sica electr�nica. La nueva era de Tame Impala llega coronada con el nombre Deadbeat. Un t�rmino acusatorio y en cierta manera burdo, con el que Parker decide autorretratarse. Deadbeat podr�a traducirse en espa�ol como in�til, pringado, perdedor o cualquier variaci�n del estilo. Con este adjetivo ha bautizado a su nuevo �lbum, con el que vuelve a los focos cinco a�os despu�s de la publicaci�n de su quinto �lbum de estudio, The Slow Rush.
La pregunta es inevitable: �se siente un in�til? �Puede una estrella internacional sentirse un completo y absoluto pringado? Parece que s�. "Soy un perdedor, s�. Por lo menos as� es como me siento y me he sentido siempre", confiesa el australiano. Y sigue: "Pero gran parte de la letra y de la tem�tica del �lbum son mi manera de aceptarlo y de celebrarlo. Me resulta liberador llamarme a m� mismo in�til y cantar sobre eso. Siempre ha sido mi gran inseguridad".No le cuesta aceptarlo, lo lleva por bandera. Siente que cualquier persona en el mundo tiene la vida m�s solucionada que �l. As� que no le queda otra: "Decido tom�rmelo d�a a d�a". Su faceta de tipo simpl�n, como de quien no ha redefinido un g�nero, lleva un pulso EDM incorporado en su ADN. Los 12 temas que componen el nuevo comienzo del artista tientan las fronteras entre lo electr�nico y el funk; el dream pop y los retales de la psicodelia tan suya que todav�a se deja entrever.
Se conoce en Australia un t�rmino para denominar las fiestas de electr�nica al aire libre: Bush doof. El concepto es el siguiente: experimentar m�sica en plena naturaleza, en lugares remotos. Techno que te atraviesa hasta el alma. El ed�n de los hippies que encuentran en raves la raz�n de su existencia. "Siempre me ha fascinado la m�sica electr�nica. Me encanta pensar en espacios donde el ritmo te atrapa", dice. Y Deadbeat es su manera de experimentarlo.

Kevin Parker y Tame Impala no son lo mismo, cuidado. Tame Impala brot� de Kevin Parker; es su proyecto de un solo hombre. Pero Kevin Parker no es Tame Impala y eso �l lo deja claro. Parker no deja de ser un aussie de pura cepa, un tipo de pueblo, un chico sencillo, introvertido a m�s no poder, que adem�s resulta ser una estrella internacional. Hay estrellas que han nacido para serlo y otras que portan ese estatus como a�adido, como una capa m�s de lo que ya son, porque a veces no hay otro remedio: es el precio de la grandeza. Pongamos que Tame Impala es Los �ngeles y Kevin Parker es Fremantle. Tame Impala es show, guitarras el�ctricas, estadios vociferando su nombre; Kevin Parker es el silencio, la introspecci�n y la diversi�n de crear por placer.
Parker llama desde Los �ngeles por videollamada pero, eso s�, con la c�mara apagada. Es t�mido, lo confiesa. �Y qu�? Los nervios le atacan igual en una fiesta que sobre el escenario, dice entre risas. Cuesta creerlo de una persona que ha redefinido un g�nero, que ha colaborado con grandes como Dua Lipa, Diana Ross, Justice y Tyler the Creator; de un artista que ha hecho de un tema un himno generacional con The Less I Know The Better. "La compa��a est� bien / pero la soledad es jubilosa", dejaba caer Parker en Solitude is Bliss, tema de su debut InnerSpeaker. Tampoco hace falta que lo jure. Parker se suele mover en soledad absoluta. Ha llevado Tame Impala como un proyecto en solitario desde sus inicios, alrededor de 2007.
Se podr�a decir multiinstrumentista, productor, vocalista; o se podr�a decir Kevin Parker, Kevin Parker, Kevin Parker. "Hacer m�sica junto a otros para m� siempre ser� una labor social, una actividad que requiere hablar, compartir. Es un paso gigantesco para m�", explica sobre su modo de acarrear el proyecto.
Airear su proceso creativo, abrirlo a otros artistas, no est� en el futuro pr�ximo de Tame Impala como concepto. Las colaboraciones van y vienen, casi siempre como la cara no visible de otros proyectos. A$AP Rocky, Dua Lipa, Lady Gaga, Travis Scott, Mark Ronson, Gorillaz… El surtido de m�sicos que han decidido intoxicarse con su dosis de Kevin Parker no se queda corto. Su destreza como productor, dice el australiano, equilibra su yo m�s introvertido. "Valoro esa parte sociable, el tener una experiencia y compartirla con otros. S� lo importante que es y tambi�n lo divertido y lo provechoso que puede llegar a ser. Soy consciente de lo que me pierdo cuando me encierro en mi propio proceso musical". Pero es entonces cuando Parker tira de su as y, como productor, puede disfrutar de lo mejor de dos mundos. Su proyecto es algo as� como un espacio sagrado donde �l, bajo su propia batuta y sin la increpaci�n de nada y nadie, se desenvuelve como quiere, puede y prefiere.
Que ha sido el abastecedor de psych-rock del siglo XXI, que ha reanimado a un g�nero y lo ha tra�do de vuelta renovado y mejorado. Son cosas que se han dicho y que se siguen diciendo sobre �l. En 2010, su debut InnerSpeaker arras� con una extravaganza rockera de distorsiones, solos de guitarra, efectos de phaser y reverberaciones. Es un proyecto que recuerda a George Harrison y a Pink Floyd casi a partes iguales. Veintemil reproducciones despu�s, su carta de presentaci�n se convirti� en disco de oro en Australia. La cat�lisis acababa de empezar. Al cabo de dos a�os llegaba su segundo proyecto, Lonerism, de la mano de una nominaci�n al Grammy al Mejor �lbum Alternativo. Luego vino Currents en 2015, el que se convirti� en su sello de artista y broche de oro, con una amalgama de pop psicod�lico multicolor.
Que la psicodelia ha sido una constante en su trayectoria es innegable. Pero va a resultar que el s�mbolo de la psicodelia moderna no se considera a s� mismo psicod�lico en lo m�s m�nimo. "Si te soy sincero…" dice con una risa anticipada que apunta a que lo que viene despu�s sonar� m�s a disparate que a otra cosa. "Creo que la psicodelia se me ha asignado por defecto. Si imagino a alguien al que todo el mundo ha decidido nombrar como posterchild de la psicodelia en el siglo XXI, pienso en algo much�simo m�s grande que yo. Yo solo hago la m�sica que me gusta. No pienso en g�neros. Si suena psicod�lico, bien. Y si no, tambi�n".
Al evocar su adolescencia y juventud, el int�rprete recuerda sus primeros flirteos con la m�sica. Empez� grabando sus proyectos personales en su habitaci�n, sin pretensiones de que vieran la luz del d�a. "No esperaba ni pensaba en el �xito", dice. Fue al coquetear con la peque�a dosis de fama local, al formar parte de grupos de m�sica en el instituto, cuando empez� a pensar en ser una "gran estrella de rock". "Pero sigo sinti�ndome como la misma persona que era entonces. Era una experiencia realmente m�gica. Era (y es), puro disfrute", explica.
En toda su sencillez resulta algo fuera de lugar preguntarle sobre la fama. "�Si me siento famoso?", repite. Lo duda unos segundos. Dice que s�, luego que no. Cosa que decide resolver con un "a veces", que suena m�s a pregunta que a respuesta. "La fama es algo totalmente alien para la mente humana. No hemos evolucionado para lidiar con ello", reflexiona. Se siente m�s que satisfecho con el nivel de �xito que ha conseguido. Ni m�s ni menos. Eso s�: "Tame Impala se ha convertido en un mastodonte. Me supera del todo. Aunque creo a solas, siento que yo soy solo uno de los engranajes del proyecto, y quiero que sea lo mejor que puede ser, por el bien de todos los que estamos en la ecuaci�n".
Lo describe como algo surrealista, algo que ni siquiera �l comprende, aunque tampoco trata de hacerlo. En junio The Less I Know the Better pas� los 2.000 millones de reproducciones en Spotify. "�En serio son 2.000 millones?" R�e: "No puede ser. Bueno, esa canci�n sali� hace 10 a�os, ha tenido tiempo para llegar hasta aqu�". Cifras, n�meros, �xitos. Cuanto menos sepa al respecto, mejor. "Est� bien ver este tipo de n�meros en las plataformas, claro… pero, sinceramente, no es nada comparado a que alguien me pare por la calle y que me diga que mi m�sica le ha cambiado la vida. Eso, para m� es much�simo m�s valioso que ver cualquier r�cord multimillonario".
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