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Apple presentó esta semana en su conferencia de desarrolladores la mayor renovación de Siri en quince años. Se trata de una nueva versión del asistente, construida sobre Apple Intelligence, capaz de leer la pantalla, los mensajes, el correo y las fotos del usuario para responder preguntas complejas y ejecutar tareas dentro de las aplicaciones.
Pero Siri AI, que es como se llama esta nueva Siri, no llegará a iPhone ni iPad en la Unión Europea con iOS 27 y iPadOS 27, las actualizaciones que la compañía lanzará a finales de año. Tampoco al Apple Watch, porque la función en el reloj depende de un iPhone compatible. Los usuarios europeos sí podrán usarla en Mac y en las gafas Vision Pro, una excepción que dice mucho sobre la naturaleza del conflicto. No es un problema técnico, sino regulatorio.
El motivo, según Apple, es el Reglamento de Mercados Digitales (DMA), la ley con la que Bruselas obliga a las grandes plataformas designadas como "guardianas digitales" a abrir sus sistemas a la competencia. La compañía sostiene que, bajo la interpretación que hace la Comisión de esa norma, lanzar Siri AI en Europa la obligaría a dar a cualquier asistente rival acceso directo a los datos privados del usuario y la capacidad de controlar otras aplicaciones instaladas, sin las salvaguardas necesarias para mantener esa información a salvo.
El choque tiene su lógica cuando se entiende qué hace la nueva Siri. A diferencia del asistente actual, esta versión está pensada para actuar de forma autónoma. Lee y envía mensajes, accede a archivos y encadena acciones entre apps en nombre del usuario. Apple presume de que todo ese procesamiento ocurre en el dispositivo o en Private Cloud Compute, su infraestructura de servidores diseñada para extender la privacidad del iPhone a la nube.
El argumento de la empresa es que un asistente con esos permisos es precisamente lo que no se debe abrir a terceros sin filtros. Craig Federighi, vicepresidente sénior de ingeniería de software, lo expresó con un tono inusualmente directo. "Estamos profundamente decepcionados de que nuestros usuarios de la UE no vayan a tener Siri AI en el iPhone o el iPad cuando lancemos las nuevas versiones de software este año", dijo en una sesión técnica con la prensa tras el discurso inaugural de la conferencia.
Apple asegura que investigadores de seguridad ya han demostrado que los sistemas de inteligencia artificial pueden ser secuestrados para robar contraseñas y fotos o alterar archivos sin consentimiento. Su tesis es que conceder ese nivel de acceso a asistentes externos multiplicaría el riesgo a medida que la IA gana capacidades.
Para sortear el bloqueo, Apple diseñó lo que llama un Trusted System Agent, un intermediario que permitiría a los asistentes rivales acceder a las mismas funciones que Siri AI sin saltarse las protecciones de privacidad. La compañía propuso un despliegue por fases. La idea era lanzar Siri AI en Europa mientras introducía ese mecanismo de forma gradual a lo largo de dieciocho meses.
La Comisión Europea dijo que no. Según Apple, rechazó todas y cada una de sus propuestas. La empresa cree que es "el ejemplo más claro hasta la fecha" de lo que considera una lectura desmedida del reglamento. Greg Joswiak, el jefe de marketing de Apple, llegó a explicar a la prensa tras la presentación que Apple había mostrado a los reguladores, en una decisión sin precedentes, el funcionamiento de Siri AI ya a principios de 2026. Aún así, no fue posible llegar a un acuerdo.
Pero la versión de Bruselas es radicalmente distinta. El portavoz de Asuntos Digitales de la Comisión, Thomas Regnier, salió a responder al día siguiente con un mensaje que no dejaba mucho margen a las negociaciones: "La decisión de no lanzar Siri AI en la UE es de Apple y solo de Apple". Nada en la DMA, sostuvo, impide a la compañía introducir nuevos productos en Europa.
El portavoz fue más lejos y reprochó a Apple haber actuado de mala fe en el cumplimiento. "Apple simplemente fue incapaz de desarrollar soluciones de interoperabilidad que cumplan con los estándares esenciales de privacidad y seguridad de la UE", afirmó, antes de acusar a la empresa de pedir directamente una exención de sus obligaciones en lugar de una solución compatible con la norma. "Eso no es una opción", zanjó.
Es el último episodio en una relación que parece condenada. En abril de 2025 la Comisión multó a Apple con 500 millones de euros por incumplir el DMA al impedir que los desarrolladores informaran a los usuarios sobre alternativas de pago fuera de la App Store, la primera sanción de este tipo bajo la nueva ley. Bruselas ha repetido desde entonces que no piensa modificar ni derogar el reglamento por las quejas de la empresa.
El frente de la interoperabilidad tampoco ayuda. Un informe de la Free Software Foundation Europe publicado en abril concluyó que, a 22 de marzo, ninguna de las 56 solicitudes formales de interoperabilidad presentadas por desarrolladores bajo la DMA había terminado en una solución concreta por parte de Apple. La organización denunció que muchas se rechazaron alegando que las funciones "quedaban fuera del alcance de la ley".
Detrás de todo esto hay una pelea de fondo que va mucho más allá de Siri. Es el modelo de ecosistema controlado de Apple frente a la insistencia europea en abrir el sistema a la competencia. La inteligencia artificial, que exige una integración profunda con el dispositivo, se ha convertido en el terreno más espinoso de esa batalla.
Apple, sin buenas opciones, ha optado por evitar el lanzamiento de varias funciones y herramientas. La primera versión de Apple Intelligence tardó casi un año en llegar a Europa; la traducción simultánea de los AirPods también se retrasó varias semanas. Hay herramientas, como iPhone Mirroring, que llevan años estancadas porque implementarlas al modo de la UE requerirían dar acceso a terceros a la información del usuario, datos que a menudo ni la propia Apple recopila.
Bruselas, por su parte, acaba de revisar el DMA y ha concluido que la ley funciona. Mientras ninguno mueva ficha, los iPhone que se vendan este otoño en Madrid, París o Berlín tendrán un Siri sensiblemente menos capaz que los de California o Reino Unido. Y nadie, de momento, se atreve a decir hasta cuándo
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