Kyle Andeer, vicepresidente de Legislación Regulatoria y de Productos de Apple, admite que la compañía podría verse forzada a degradar la experiencia de sus productos en la Unión Europea si la Comisión no reconsidera su interpretación de la norma

EM
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Dos años después de que la Ley de Mercados Digitales (DMA, por sus siglas en inglés) entrara en vigor, Apple ha tenido que retirar algunas funciones de sus dispositivos en Europa, abrir el iPhone a tiendas de aplicaciones de terceros y enfrentarse a investigaciones formales por parte de la Dirección General de Competencia de la Comisión Europea. La semana pasada, Bruselas publicó su primera revisión de la ley y concluyó que sigue siendo adecuada para su propósito y que por tanto no necesita cambios fundamentales.
Kyle Andeer, vicepresidente de Legislación Regulatoria y de Productos de la compañía, cree sin embargo que algunos puntos de la ley son claramente un camino hacia una experiencia degradada o incluso arriesgada para los usuarios. En una entrevista con PIXEL, ha explicado los puntos más polémicos de la ley y la situación actual y la frustración de la compañía con una Comisión que, cree, tiene una visión demasiado estrecha de la situación.
- Ahora que la Comisión ha declarado que la DMA es adecuada para su propósito, ¿que avenidas realistas le quedan a Apple?
- Empecemos diciendo que esta revisión la ha elaborado la Dirección General de Competencia, así que viene a ser como si se evaluara a sí misma. No la interpretaría como la posición de la Unión Europea ni de todos los estados miembros. A tenor de las conversaciones que hemos mantenido, tanto en Bruselas como en distintas capitales europeas, hay un esfuerzo mucho más serio por examinar cómo se ha interpretado esta ley y preguntarse si apunta en la dirección correcta, especialmente en un momento en que la innovación, la inteligencia artificial y el emprendimiento son tan determinantes para el futuro del continente.
- ¿Percibe un conflicto interno en la Comisión entre objetivos que tiran en sentidos opuestos, como por ejemplo la privacidad frente a la competencia
- Muy claramente, sí. Esa ha sido nuestra experiencia a lo largo de estos dos años. Tomemos la privacidad. La decisión sobre dispositivos conectados que emitió la Comisión el año pasado exige a Apple proporcionar acceso a información privada a dispositivos como relojes inteligentes de terceros, pasando por alto las protecciones de que tenemos en vigor.El historial de redes Wi-Fi es un buen ejemplo. Tu iPhone sabe a qué redes se conecta, y lo utiliza para mejorar tu experiencia. La Comisión nos obliga a facilitar esa información a terceros, incluidas empresas como Meta. Esto son datos que Apple ni siquiera recopila, sólo los sabe tu teléfono, pero nos preocupa enormemente qué puede ocurrir con ellos en manos de compañías cuyo modelo de negocio se basa precisamente en recopilar datos de los usuarios y construir perfiles detallados.Estas decisiones las están tomando personas formadas en derecho de la competencia, no autoridades de protección de datos ni especialistas en protección infantil. Es una visión muy cerrada. Obliga a rediseñar el iPhone atendiendo a un solo valor, en lugar de ponderar todas las consideraciones que implica el diseño responsable de un producto.
- Puedo entender el argumento de la preocupación por la seguridad, pero en cierta medida, con esta ley, ya no es responsabilidad de Apple, ¿no? Y no es tampoco una situación tan rara. En el Mac nunca ha existido este nivel de control, y a Apple no parece importarle tanto. ¿Por qué el iPhone es diferente?
- Son productos fundamentalmente distintos, y así los hemos visto siempre. El Mac surgió en una época muy diferente. El iPhone es un dispositivo extraordinariamente potente que va contigo a todas partes. Lo usas para fotografiar a tus hijos, gestionar tus finanzas, enviar mensajes a tus seres queridos. Es un producto fundamentalmente más personal, y uno de sus rasgos definitorios es la confianza. Puedes dárselo a tus hijos con tranquilidad. Nuestra preocupación es que los mandatos de interoperabilidad están haciendo casi imposible mantener esa promesa a nuestros usuarios europeos.
- De todo lo que está exigiendo la Comisión, ¿qué es lo que más le preocupa a Apple en este momento?
- Diría que dos cosas. La primera es el mandato de interoperabilidad por diseño. Apple trabaja a un ritmo enorme, lanzando nuevas funciones y productos cada año. La idea de que, simultáneamente, para cada nueva tecnología debamos encontrar la manera de ofrecer acceso seguro a cientos de miles de terceros es un desafío monumental. Eso es lo que nos está obligando a retener o retrasar productos en Europa. La segunda es la premisa de que abrir la plataforma es incuestionablemente positivo y que ignora por completo otros valores como la seguridad, privacidad o protección del usuario. Eso necesita revisarse seriamente.
- Apple ha retirado ya algunas funciones en sus productos pero, ¿hasta donde estaría dispuesta a llegar? ¿Existe un escenario en el que Apple decida dejar de vender, por ejemplo, iPhones en Europa?
- No es un escenario que quiera contemplar. El objetivo de Apple es siempre encontrar la manera de seguir vendiendo productos en Europa. Lo que me preocupa más, y que ya estamos viendo emerger, es el de una experiencia degradada; una en la que no podemos ofrecer la experiencia Applecompleta a nuestros usuarios europeos. Y lo que hace este debate tan frustrante es que se desarrolla en Bruselas, en los círculos de política. No lo escuchas de los consumidores.
- La revisión de la Comisión insinúa en el informe que Apple retiene funciones que podría adaptar fácilmente de forma intencional y para crear presión. La Duplicación de iPhone, por ejemplo, lleva dos años bloqueada pero la Traducción en Vivo de los AirPods, en cambio, estuvo disponible pocas semanas después de anunciarse. ¿Por qué?
- El problema del Duplicado de iPhone es que funciona permitiéndote controlar tu iPhone desde un Mac, a través de un sistema muy seguro que hemos construido. El reto está en cómo ofrecer algo equivalente cuando el segundo dispositivo es un PC con Windows u otro sistema operativo. Estarías abriendo una vía para acceder a información muy sensible desde un entorno menos seguro. Todavía no hemos encontrado una forma de permitir ese intercambio sin comprometer la seguridad del iPhone. No es un problema de ingeniería sencillo.
- Más allá de las declaraciones públicas, ¿las conversaciones con la Comisión le dan alguna esperanza de que algo pueda resolverse?
- En muchos temas hay un diálogo constructivo real. Hemos avanzado de verdad en cuestiones relacionadas con la App Store y otras disposiciones de la DMA. En interoperabilidad, sin embargo, el equipo de la Dirección General de Competencia está muy atrincherado en su posición. Lo que me parece revelador es nuestra experiencia en otros mercados. Reino Unido, Japón y otros están adoptando un enfoque muy diferente al de Bruselas. Ven lo que está pasando en Europa y a la hora de pensar en una política de interoperabilidad tienen en cuenta también la seguridad, la privacidad, la protección del usuario y la propiedad intelectual. Hay una sensación creciente de que el enfoque de Bruselas está cada vez más aislado. Sigo siendo optimista. Pero queda mucho trabajo por hacer.
- Apple ha argumentado también que la DMA señala a las empresas americanas mientras deja fuera a competidores como Samsung o fabricantes chinos. Pero los criterios que aplica son públicos y conocidos. ¿Qué cambiaría de ellos exactamente?
- Vendemos iPhones, iPads y Macs en el mercado europeo. Competimos con Samsung, con empresas chinas, con otros fabricantes asiáticos. Esas compañías no están sujetas a las mismas normas. Samsung es el líder del mercado en España y en muchos mercados europeos. Que Apple cargue con una regulación que compromete su capacidad de ofrecer el producto que quiere, mientras Samsung compite sin esas restricciones, es un problema de competencia.Y si estas restricciones son genuinamente buenas ideas (algo que no creemos, al menos en lo relativo a la interoperabilidad), entonces deberían aplicarse a todo el mundo. No es justo obligar a hacer las cosas de una manera a un único competidor.

























