La depreciación de la inversión y el gasto financiero siguen dejando en número rojos a Zegona, pero el operador ya tiene un resultado operativo positivo

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Zegona, el dueño de Vodafone España, cerró su año fiscal el pasado marcado con unos ingresos estables de 3.628 millones de euros frente a la misma cantidad que el año fiscal anterior, el primero completo al frente de la compañía tras adquirirla al grupo británico.
El tercer operador del mercado español ha registrado unas pérdidas de 189 millones de euros, un 57% menos que el año anterior por la depreciación en libros de la operación de compra. En términos operativos, el operador ha vuelto a registrar beneficios con un resultado de 220 millones frente a las pérdidas de 88 milllones del año anterior, en una métrica que no cuenta los más de 300 millones de gasto financiero por la deuda contraída por Zegona para comprar la sociedad.
El nuevo dueño ha puesto su foco en mejorar la rentabilidad del grupo y su perfil de generación de caja con cientos de iniciativas de ahorro, 700 según traslada a los inversores. Esto se ha trasladado en una mejora del beneficio bruto de explotación ajustado (Ebitda ajustado) del 7% con los mismos ingresos hasta los 1.341 millones de euros
La compañía ha rebajado en 500 millones su deuda y elevado en casi un 22% la caja, a la espera de poner en marcha las dos sociedades conjuntas con fibra óptica que ha acordado con Telefónica y MasOrange. Asimismo ha rebajado en un 7,5% su inversión en el país hasta los 529 millones de euros.
A nivel comercial, la compañía ha sumado 29.000 líneas de banda ancha y 128.000 líneas de contrato en móvil, aunque termina el año con menos líneas móviles que el anterior en un contexto de elevada lucha comercial en el bajo coste contra Digi.
En este sentido, cabe destacar la aceleración durante el año del negocio, que sitúa al grupo en posición de proyectar un aumento de ingresos para el futuro ejercicio.
Para ello, la compañía confía en una nueva refinanciación que mejore su perfil de deuda y en seguir ajustando los costes, además de recuperar vigor comercial.
En paralelo, tendrá que afrontar los procesos para determinar qué ocurre con Finetwork, que han terminado en un cruce de demandas con los propietarios, ahora en posesión del activo y que han interpuesto una querella contra la compañía y su CEO.

























