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Los robos en pleno vuelo se han vuelto tan significativos en algunas zonas del mundo, y en particular en ciertas rutas, que varias compañías han empezado a introducir secretamente vigilantes a bordo de sus aviones para combatir el fenómeno. Así lo explican al menos cinco consejeros delegados de otras tantas aerolíneas repartidas entre Asia y Europa, al margen de la asamblea anual de la IATA celebrada en Río de Janeiro.
La situación aún no es alarmante, precisan todos, pero ha alcanzado cifras tales que han llevado a una treintena de aerolíneas de todo el mundo a abordar el problema de los ladrones en las alturas hace unas semanas en Doha, Catar. "Por desgracia, casi todos los días recibimos informes de viajeros que han denunciado la desaparición en nuestros vuelos de objetos de valor, carteras, ordenadores, tabletas, móviles o auriculares", relatan dos consejeros delegado.
Ellos, al igual que los demás, han solicitado el anonimato para no facilitar información a los delincuentes y evitar la pérdida de futuras reservas. "En nuestras reuniones informativas semanales ya evaluamos también las rutas más expuestas a este problema, que es objetivamente complejo de gestionar", revela otro consejero delegado. "Se tratan de delincuentes muy hábiles, capaces de dar el golpe incluso a plena luz del día y con decenas de pasajeros despiertos".
El fenómeno de los robos en pleno vuelo surgió con especial fuerza después de la pandemia. Según los consejeros delegados y los expertos del sector, el problema se ha agravado debido al aumento significativo de personas que viajan solo con equipaje de mano, además de la mochila o el bolso. "En este momento están aumentando las maletas potencialmente atractivas para los ladrones", señalan los directivos consultados.
El riesgo se acentúa aún más por el hecho de que, en muchas ocasiones y por falta de espacio, la maleta de cabina no termina en el compartimento superior situado justo encima del asiento, sino varias filas más atrás, "eliminando así cualquier posibilidad de controlar constantemente los efectos personales". Y con una media de 155 personas a bordo, "es imposible para los demás viajeros saber si alguien está manipulando su propia maleta o la de otra persona".
Además, si uno se da cuenta del robo en pleno vuelo, tampoco es sencillo identificar al culpable. De esto saben mucho los más de 250 pasajeros del vuelo Zúrich-Hong Kong del pasado 22 de enero. Cuando un viajero denunció la desaparición de un objeto personal, los pilotos solicitaron la presencia de la policía a la llegada. En ese momento, las fuerzas del orden registraron a todos los que estaban a bordo antes de permitir el desembarque.
Nick Careen, vicepresidente sénior de Operaciones, Seguridad y Protección de la IATA, confirma el fenómeno y, al margen de las reuniones de la asociación de aerolíneas, subraya que "tiende a afectar a determinados mercados". "Asia es la mayor zona de preocupación y, en muchos casos, se trata de algo organizado". Los consejeros delegados consultados coinciden en que los ladrones tienen en el punto de mira sobre todo los trayectos largos y nocturnos, y señalan que las víctimas parecen ser seleccionadas poco antes de subir a bordo.
De ahí surge la iniciativa de algunas aerolíneas, especialmente asiáticas, de embarcar a uno de sus agentes de seguridad en los vuelos más expuestos a los robos en las alturas. Un "centinela" que no puede ser identificado y que se mueve como un pasajero normal (tal como se hace desde hace tiempo con los policías en rutas sensibles por terrorismo), pero que en realidad vigila e intenta detectar si hay algún ladrón a bordo.
El problema afecta cada vez más a Europa, según explican dos directivos de aerolíneas de bajo coste, quienes informan de un aumento en los reportes y denuncias. Sostienen que no parece haber un mercado más afectado que otro, "porque los ladrones se desplazan a lo largo y ancho de la Unión Europea, volando a menudo dos o tres veces al día con distintas compañías y dentro de un sistema donde no existen controles fronterizos".
Por ahora, las rutas turísticas y de negocios son las más expuestas. "Los datos internos muestran una fuerte correlación entre la presencia de viajeros de un par de etnias específicas y las denuncias por desaparición de objetos de valor", señalan los dos consejeros delegados de las low cost, aunque prefieren no dar más detalles sobre los autores.
A día de hoy no existen estadísticas fiables a nivel nacional o internacional. Las aerolíneas y las autoridades tienden a no hacerlas públicas por diversos motivos (la delicadeza del tema, la reputación de las compañías o la dificultad para recopilar datos actualizados y detallados). Además, muchas víctimas solo se dan cuenta tras el aterrizaje y no siempre denuncian.
"Estamos intentando entender cómo gestionarlo de la mejor manera e intercambiar buenas prácticas", continúa Careen. "Algunas aerolíneas lo hacen mejor que otras en cuanto a gestión y control de la cabina, incluyendo la presencia de seguridad a bordo para vigilar la actividad y garantizar que se reduzca", afirma, sin aportar más detalles.
El responsable de seguridad de la IATA aclara, no obstante, que "no es un fenómeno generalizado, pero sí lo bastante significativo como para que las compañías hayan solicitado una sesión especial al respecto". Careen añade que por ahora "no hay intención de tomar medidas adicionales", pero todo dependerá de cómo evolucione la situación: si remite o empeora, habrá que intervenir.
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