Especial AE 67 aniversario: el futuro de Europa
Entrevista
El ex primer ministro italiano acaba de lanzar la campaña 'Una Europa, un mercado' para sacar a la UE de la irrelevancia: "Es la última oportunidad".

Actualizado
Enrico Letta (Pisa, 1966) ha lanzado esta misma semana en Bruselas como presidente del Instituto Jacques Delors la iniciativa "Una Europa, un mercado" en un intento de movilizar a todas las capitales en lo que considera "la última oportunidad" para que la Unión Europea salga de la irrelevancia. Como Decano de la IE School of Politics, Economics and Global Affairs en IE University en Madrid ha seguido con interés la visita del Papa a España: "Me entusiasman los mensajes proeuropeos del primera Papa americano en esta visita tan exitosa en España". E ironiza: "Resulta que el más grande europeísta es un americano como el mas grande antieuropeo es un americano". Lo que sí quiere Letta, que fue primer ministro de Italia hasta 2023 de un gobierno de centro izquierda, es no comentar los escándalos de corrupción en España. Su foco está en Europa en un momento tan decisivo, subraya en muy apreciable castellano.
- Se han cumplido dos años ya de la presentación del informe Letta sobre las debilidades de Europa. ¿En qué momento estamos para corregirlas?
- Estamos, desde hace tres meses, en una fase de aceleración. Tras un año, 2025, en el que la profundidad del informe tuvo menos impacto práctico, ahora hay una aceleración clara. Para mí comenzó a finales de enero y principios de febrero, después de la crisis de Groenlandia. Esa crisis cambió todo a nivel europeo porque convenció a los países del norte de Europa y a Alemania de que no existe alternativa a una mayor integración europea y de que la independencia estratégica es un asunto existencial. Después de esa crisis empezó una dinámica interesante y positiva. Tenemos ahora un plan con 42 medidas: 28 relativas al llamado Estado 28, otras vinculadas a la industria, la Accelerator Act y distintas iniciativas para integrar los mercados únicos de energía, conectividad y mercados financieros mediante la Unión del Ahorro y la Inversión. Lo importante es que todas estas medidas tienen plazos muy precisos.
- ¿No se avanza demasiado lentamente con su informe y con el de Mario Draghi?
- Hasta finales de 2025 hubo mucho debate sobre los informes y mucho consenso, pero poca actividad. Desde febrero de este año hemos visto una gran aceleración, con decisiones del Consejo Europeo y ahora un plan con plazos concretos para los próximos dos años. Me parece una gran oportunidad para Europa.
- ¿Puede ocurrir que, igual que la crisis de Groenlandia aceleró todo, un acuerdo en la guerra de Ucrania o un entendimiento con Trump en una cumbre de la OTAN calme la situación y frene este proceso?
- No lo creo. Pienso que el proceso ya está en marcha porque no creo que Trump vaya a retroceder. Conocemos a Trump. Es imprevisible y tiene una estrategia diferente a la tradicional. Creo que la llamada de atención para los países europeos sobre la necesidad de ser independientes es ya irreversible. Se ha convertido en una cuestión imprescindible y no creo que haya vuelta atrás.

- Paul Krugman sostiene que se está exagerando y que Europa no está realmente en declive. ¿Cree que Europa corre un riesgo tan grave y que se juega mucho en los próximos años o décadas?
- Yo parto de una posición de gran orgullo europeo. Europa no va a fallecer. Creo que Europa resistirá. Pero también creo que debemos ser muy conscientes del riesgo. Si no integramos nuestros mercados y no ganamos escala, el riesgo de irrelevancia será muy real. En ámbitos como la tecnología o la energía, Europa necesita aumentar su dimensión, integrarse más y ganar fuerza. Precisamente porque tengo orgullo europeo, considero que esta es una última oportunidad. Y no se trata solamente de Estados Unidos. El debate está mal planteado si se limita a Estados Unidos. La cuestión es también China y, mañana, India.
- ¿India?
- Estamos infravalorando el papel de India. Será el mayor mercado del mundo, con cerca de 2.000 millones de personas que hablan inglés. Esa es una diferencia enorme respecto a China. Por eso el desafío no es solo competir con Estados Unidos, sino también con China, India y los BRICS. Ganar dimensión es fundamental para nosotros.
- ¿Y el acuerdo entre la UE e India no neutraliza ese riesgo?
- No. El desafío no puede resolverse únicamente mediante acuerdos comerciales. La competencia con China y con India es una competencia natural de dimensión. La verdadera cuestión es que Europa siempre ha sido rule setter, la que establecía las reglas, y ahora corre el riesgo de convertirse en un rule taker, la que simplemente las acepta. La pérdida de autonomía e independencia es incluso más grave que una pérdida de competitividad. Es un problema existencial para Europa. En todo caso, veo los acuerdos comerciales recientes muy positivos. Los acuerdos con India, Indonesia, Australia, México y, naturalmente, Mercosur demuestran que Europa puede reaccionar a esta crisis y avanzar en la dirección correcta.
- Pero está diciendo que esos acuerdos no resuelven por sí solos el problema de competitividad europea...
- Exactamente. El problema es la dimensión. Los países europeos son demasiado pequeños cuando actúan por separado. En cada debate nacional buscamos una posición nacional, pero una posición nacional que no se convierta en una posición europea común es una posición irrelevante. La cuestión es elegir entre la irrelevancia de las posiciones nacionales y la relevancia de una posición europea común. Por eso los líderes nacionales deben esforzarse por construir posiciones compartidas.
- El presidente francés actual y el canciller alemán han abandonado el Futuro Sistema Europeo de Combate (FCAS) por diferencias irreconciliables. ¿No es contradictorio con su discurso europeo de unidad?
- El fracaso con el FCAS es un desastre. Es un mensaje muy negativo. Es lo contrario de lo que hay que hacer. Justamente aumentar la escala de la industria europea es la condición para evitar que la subida del gasto militar de la UE se traduzca en más empleos en EEUU. Macron y Merz deben revertir este fracaso y relanzar el proyecto.
- Y hay cada vez hay más gobiernos euroescépticos. Si el partido de Marine Le Pen gana las elecciones en Francia, ¿habrá un retroceso en todos los intentos de refuerzo de la construcción europea?
- Para mí, la elección más importante de esta década será la elección presidencial francesa del próximo año. El sistema político francés es diferente al resto. Mientras otros países funcionan con coaliciones y mecanismos de equilibrio institucional, el presidente francés dispone de un poder extraordinario durante cinco años y representa a Francia en el Consejo Europeo. Mucha gente dice que la extrema derecha podría ganar la presidencia, pero no las legislativas. Sin embargo, eso no resolvería el problema. Las experiencias de cohabitación en Francia ocurrieron antes de que el Consejo Europeo adquiriera el papel central que tiene hoy. Desde la crisis financiera y la crisis del euro, el Consejo Europeo se ha convertido en la institución más influyente de la política europea. Por eso considero que las elecciones francesas del próximo año serán decisivas. Una victoria de la extrema derecha cambiaría profundamente Europa. Una derrota de la extrema derecha también lo cambiaría todo, otorgando una enorme legitimidad a un presidente claramente europeísta. Además, la seguridad es hoy la cuestión más importante en Europa y Francia tiene una posición singular porque es el único país de la UE con armamento nuclear. La diferencia entre un presidente francés proeuropeo o antieuropeo es enorme.

- Quizá para convencer a los euroescépticos habría que utilizar cifras. ¿Cuánto cuesta realmente a Europa no tener un mercado único plenamente integrado?
- Depende del sector. En defensa, la fragmentación cuesta alrededor de 100.000 millones de euros al año. Ese dinero termina generando empleo en Estados Unidos porque nuestra industria de defensa sigue fragmentada. Tenemos una industria de alta calidad, pero necesita integrarse y desarrollar proyectos comunes. Otro ejemplo son los aproximadamente 300.000 millones de euros anuales que salen de Europa hacia los mercados financieros estadounidenses debido a la fragmentación de nuestro sistema de ahorro e inversión.
- Y eso se traduce en empresas europeas más pequeñas...
- Justo quizá la cifra más reveladora sea la financiera y bursátil. En economía real, Europa representa aproximadamente el 18% del PIB mundial y Estados Unidos el 25%. Estamos en la misma liga. Sin embargo, cuando observamos los mercados financieros, Europa representa apenas el 12% de la capitalización bursátil mundial, mientras que Estados Unidos alcanza el 60%. Ahí está la diferencia: unos en división de honor y los europeos, en lo que llaman en España la liga Hipermotion [Ríe]. Pasamos de competir en la misma división económica a competir en una categoría completamente distinta en los mercados financieros. Ese es un problema enorme de dimensión y de poder económico. Por eso insisto en que la fragmentación tiene un coste muy elevado para ciudadanos, empresas y emprendedores europeos. Y, al mismo tiempo, constituye un regalo para estadounidenses, chinos e indios.
- ¿Qué le parece que dentro de algunos Estados, como España, también existan fragmentaciones internas del mercado?
- Creo que la gran fragmentación independentista se ha calmado. La tensión que existía hace una década en Cataluña fue un fracaso para España y también para Europa. Me gusta mucho la propuesta del ministro Carlos Cuerpo sobre el llamado Régimen 20 y considero que avanza en la dirección correcta. También observo que tanto Cataluña como el País Vasco son hoy mucho más conscientes de la necesidad de ganar dimensión europea. Lo ocurrido durante el proceso independentista fue una lección importante. Fue un intento de construir una especie de Brexit catalán y creo que fue un error.
- Para construir el mercado único hacen falta inversiones. ¿De qué cantidades estamos hablando?
- El informe Draghi habla de 800.000 millones de euros y considero que esa cifra es razonable. Necesitamos tanto inversión pública como privada y hay que movilizar mejor el ahorro privado europeo. La fortaleza estadounidense en inteligencia artificial, por ejemplo, no procede únicamente de fondos públicos, sino sobre todo de inversión privada. Europa debe aprender a canalizar y aprovechar mejor ese capital privado. Por eso es tan importante la propuesta del denominado Estado 28, que la Comisión Europea ha rebautizado como EU Inc. Su objetivo es facilitar enormemente la actividad empresarial a escala europea. No hablamos de una idea teórica, sino de una propuesta concreta.
- ¿Y cómo debería financiarse la parte pública de esas inversiones? ¿Sería necesaria una nueva emisión de deuda conjunta europea?
- Necesitamos un instrumento europeo para financiar estas grandes transformaciones. Si hemos sido capaces de movilizar recursos conjuntos para la defensa, también deberíamos hacerlo para la digitalización y la innovación. Además, hay dos cuestiones fundamentales en el ámbito financiero. La primera es la creación de un verdadero activo seguro europeo (European Safe Asset). No podemos seguir dependiendo únicamente del bono alemán como referencia. Necesitamos un activo europeo común e incluso en Alemania existe una mayor apertura a esta idea.También hay que completar la unión bancaria. La inestabilidad internacional puede afectar a nuestros mercados financieros y es fundamental que nuestros bancos sean más fuertes y estén mejor integrados.

- ¿Qué pueden hacer ahora países como España e Italia con el fin de los fondos europeos?
- Es una cuestión preocupante. El próximo presupuesto europeo será determinante. España e Italia deben trabajar para convencer al resto de socios de la necesidad de mantener un nivel elevado de inversiones y de reforzar las políticas de cohesión. La política de cohesión está bajo presión en Europa y considero que España e Italia deben defenderla. Una parte importante de mi informe se basa en la idea de la "libertad de quedarse". Europa no debe garantizar únicamente la libertad de moverse. También debe garantizar la libertad de permanecer en el propio pueblo, ciudad o región. Para ello hay que invertir en comunidades rurales, servicios públicos e infraestructuras en las zonas más alejadas de los grandes centros urbanos.
- Algunos países del norte podrían argumentar que los fondos europeos no siempre se han utilizado bien y que ha habido casos de corrupción. ¿No debilita eso la defensa de nuevas ayudas?
- Sí , pero España presenta actualmente una de las tasas de crecimiento más elevadas de Europa. Por tanto, el problema no puede plantearse de manera simplista. La cuestión es convencer a todos los países de que la cohesión beneficia a toda Europa. Incluso Alemania necesita políticas de cohesión. Cuando observamos las diferencias económicas y políticas entre el este y el oeste del país, vemos que la cohesión sigue siendo una necesidad europea general, no una cuestión exclusiva de España o Italia.
- Entonces, ¿defiende usted que continúen existiendo fondos europeos, aunque adopten otro formato?
- Sí, claramente. Además, debemos prestar atención a nuevos desafíos. Uno de ellos es la vivienda. La vivienda se ha convertido en una emergencia europea porque es el principal problema de los jóvenes. Resulta cada vez más difícil emanciparse, formar una familia o tener hijos debido al coste de acceso a la vivienda. Esta situación genera inestabilidad social y contribuye al problema demográfico europeo.
- Países muy endeudados como España o Italia deben pagar pensiones, aumentar el gasto en defensa y mantener el Estado del bienestar. ¿Es realmente posible?
- Es extremadamente difícil. Por eso necesitamos respuestas europeas. No veo posible que los gobiernos nacionales puedan aumentar significativamente el gasto en defensa por sí solos. Ningún gobierno puede decir a sus ciudadanos que va a cerrar hospitales para comprar más armamento. Por eso la defensa debe organizarse a escala europea. En paralelo, debemos trabajar en sistemas complementarios de pensiones. El envejecimiento demográfico obliga a repensar cómo se financian las pensiones futuras. España tiene además una ventaja importante: su capacidad para integrar inmigración latinoamericana. Viviendo en España he comprendido que esa es una de sus grandes fortalezas. Aporta dinamismo económico, trabajadores y capacidad de crecimiento.
- Usted ha sido primer ministro. ¿Le parece normal que España pueda pasar prácticamente toda una legislatura sin aprobar presupuestos?
- Es una característica bastante singular del sistema español. Dicho esto, Italia también ha vivido numerosas situaciones de inestabilidad política y presupuestaria a lo largo de su historia. No me corresponde juzgar la situación española. La diferencia es que Italia fue durante mucho tiempo el ejemplo clásico de inestabilidad institucional, mientras que hoy atraviesa una etapa de mayor estabilidad.
- Habla de la necesidad de crear campeones europeos. ¿No existe el riesgo de que eso termine perjudicando a los consumidores mediante precios más altos?
- No necesariamente. Me parece muy positivo el trabajo que está realizando Teresa Ribera en materia de competencia. La clave es que la creación de grandes empresas europeas vaya acompañada de una ampliación real del mercado. Si seguimos teniendo 27 mercados distintos en sectores como la energía, las telecomunicaciones o los servicios financieros, será difícil construir grandes empresas competitivas. Pero si disponemos de un auténtico mercado europeo integrado, podremos crear campeones europeos sin perjudicar a los consumidores. La fragmentación actual protege aparentemente al consumidor, pero al mismo tiempo debilita nuestra capacidad industrial. Lo que necesitamos es ayudar a las empresas europeas a ganar dimensión y hacerlo mediante reglas de competencia que sigan protegiendo al mismo tiempo a los ciudadanos.






















