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"Standard Oil a 2.014 dólares convierte a su jefe en multimillonario", titulaba el New York Times el 29 de septiembre de 1916. John D. Rockefeller fue el primer hombre de la historia en añadir nueve ceros a su fortuna, gracias al aumento del valor de las acciones de su compañía petrolera, que controlaba aproximadamente el 70% del petróleo estadounidense.
Casi 110 años después, el ascenso patrimonial de Rockefeller ya no sería noticia. Hoy, según cálculos de UBS, existen 2.919 multimillonarios en el mundo y su número sigue creciendo impulsado por la subida de los mercados bursátiles. Para ocupar la portada ahora hacen falta doce ceros, es decir, 1 billón de dólares (1.000 miles de millones). Esa sería la fortuna de Elon Musk, convertido en el primer billonario de la Tierra tras la histórica salida a bolsa de SpaceX.
En 1916, Rockefeller alcanzó los mil millones de dólares —una suma equivalente a entre el 1,5% y el 3% del PIB estadounidense de la época— gracias, en parte, a la legislación antimonopolio.
En 1911, la Corte Suprema de Estados Unidos ordenó dividir Standard Oil en 34 compañías más pequeñas, dejando a Rockefeller participaciones minoritarias en cada una de ellas. Sin embargo, esa fragmentación terminó liberando el valor oculto de las distintas empresas, haciendo a Rockefeller aún más rico.
Musk, por su parte, debe su fortuna de 1 billón de dólares —también equivalente al 3% del PIB estadounidense actual— al monopolio espacial que Estados Unidos decidió privatizar. Fundada en 2002, SpaceX ha sido responsable del 51% de los lanzamientos espaciales y ha transportado, mediante sus cohetes reutilizables, casi el 90% de la carga enviada a la órbita terrestre.
Musk ha aprovechado este predominio para desplegar más de 10.600 satélites de telecomunicaciones que conforman la red Starlink.
Ahora, respaldada por los 75.000 millones de dólares obtenidos en bolsa, la empresa texana pretende llenar el espacio de centros de datos para inteligencia artificial. Si las acciones de Standard Oil crecían al ritmo del encarecimiento del petróleo, los 2,2 billones de dólares de valoración bursátil de SpaceX estarían impulsados por el entusiasmo por la IA, que continúa llevando a los mercados financieros a máximos históricos.
Sin embargo, mientras Standard Oil y sus 34 filiales eran compañías altamente rentables, SpaceX habría cerrado 2025 con ingresos de 18.700 millones de dólares y pérdidas de 5.000 millones, debido a las enormes inversiones en centros de datos.
Los inversores han comprado masivamente acciones de SpaceX, atraídos por el carisma de Musk y convencidos de que estas inversiones generarán enormes beneficios.
Según Goldman Sachs, el banco que dirigió la salida a bolsa de SpaceX, la facturación de la división de inteligencia artificial del grupo se multiplicará por cien en cinco años, pasando de 3.200 millones a 322.000 millones de dólares.
Una previsión que supone no solo una explosión del mercado de la IA en los próximos años, sino también que SpaceX consiga imponerse a competidores cada vez más fuertes, rivales que Musk aún no encuentra en el espacio y que Rockefeller tampoco tuvo en el petróleo.
También OpenAI y Anthropic se preparan para salir a bolsa en Wall Street con valoraciones extraordinarias.
SpaceX se les habría adelantado, al igual que Musk habría superado a los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, así como al fundador de Amazon, Jeff Bezos, en la carrera hacia el billón de dólares de patrimonio.
Una suma suficiente para comprar todas las empresas cotizadas en la Bolsa de Milán o, quizá más interesante para Musk, financiar 68 campañas presidenciales de 15.000 millones de dólares cada una.
Muchos expertos creen, sin embargo, que pronto otros nombres se unirán al club de los billonarios.
Mientras amenaza con sustituir millones de puestos de trabajo, la inteligencia artificial está acelerando la concentración de la riqueza en la parte más alta de la sociedad.
Hasta el punto de que el primer inversor de OpenAI, Vinod Khosla, ha defendido una reforma fiscal que traslade parte de la carga tributaria desde el trabajo hacia las rentas del capital.
Mientras tanto, en 2025 los trabajadores estadounidenses recibieron en forma de salarios el 53,8% de la riqueza producida en Estados Unidos, el nivel más bajo desde 1947, cuando comenzó a medirse este indicador. El resto se destinó a beneficios empresariales y rendimientos para los accionistas.
En 1916, recuerda el New York Times, la aparición del primer multimillonario provocó un intenso debate en una época en la que el gobierno estadounidense intentaba frenar los excesos del capitalismo.
Por ahora, Donald Trump no parece preocupado por el impacto en la opinión pública de la llegada del primer billonario: Elon Musk.
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