



























Si hay un sector que ha depositado una gran parte de sus esperanzas de futuro en la implementación de las recomendaciones de informes como el de Enrico Letta ese es el de las telecomunicaciones. Los operadores llevan dos décadas viendo cómo las grandes tecnológicas iban arrebatándole o haciendo inservibles algunos de sus grandes negocios (SMS y llamadas de voz), mientras caen en bolsa hasta quedarse en un mercado que comparte los males de la economía europea: crecimiento limitado e hiperregulación.
Los operadores se ven a sí mismos como una alternativa europea que podría llegar a rivalizar en parte con estas tecnológicas si recibieran la financiación suficiente y para ello necesitan escala, un camino que pasa por fusionarse entre ellas, algo a lo que siempre se había resistido Bruselas... hasta el informe de Letta y posteriormente Mario Draghi. En los textos de los italianos, se hacía alusión a la necesidad de crear campeones europeos, una etiqueta que encaja como anillo al dedo con la estrategia de los gigantes de la telefonía.
Desde el sector hay una frase que se ha repetido hasta la saciedad: "En Estados Unidos y China hay tres operadores, en Europa hay cien"... Una cifra que abarca solo a los que tienen infraestructura propia, ya que si se es exhaustivo la cifra se dispara. Solo en España hay unas 300 empresas operando en el mercado de las telecomunicaciones. La traducción tangible de este escenario es que hay una mayor competencia y, aunque una parte se da en calidad de servicio, el verdadero factor determinante es el precio.
Un informe de la consultora Kearney evidencia esta situación. En la mayoría de mercados, más del 90% de los clientes aseguran que contrataron su tarifa actual por el precio. La única excepción arroja incluso una peor señal para las 'telecos' europeas, donde el peso del precio baja hasta el 63% es en aquellos mercados considerados "atrasados" por la consultora, ya que ahí sí prima la calidad de servicio. Es decir, cuanto más se invierte y mejor red se tiene, más se da por sentada la calidad por el cliente y se prioriza el ahorro. Como consecuencia, los precios de la banda ancha han caído un 3% y los de móviles un 10% desde 2016 en Europa, frente a un 30% de inflación acumulada.
Así, es tan poco mencionado como poco cuestionado que la mayor consolidación europea traerá previsiblemente una subida de precios en la tarifa de Internet, algo que se va aceptando a nivel político consciente de que la anomalía de que un servicio estratégico valga al mes "menos que una hamburguesa", en palabras de un conocido directivo del sector.
Bajo este consenso de que la situación debe cambiar, los operadores estaban convencidos de que la unión de los informes Letta y Draghi movería rápidamente la aguja hacia una regulación más amable con el sector en Bruselas y el cumplimiento de sus reivindicaciones. Sin embargo, la prisa sigue siendo un sentimiento ajeno en la capital comunitaria y los pocos pasos que han dado han causado en su mayoría impaciencia al sector, cuando no una honda decepción.
La situación la resumía bien Marc Murtra, presidente de Telefónica, en el Cercle d'Economia. Allí celebró que el foco de la Unión Europea haya pasado a simplificar la regulación, pero reclamaba los necesarios cambios en la ley de fusiones para permitir ganar un tamaño que permita competir a nivel global en un momento en que las inversiones se empiezan a vivir en cientos de miles de millones anuales. "Estamos en una época de escala. Si queremos desarrollar tecnología en Europa, hemos de desarrollar escala", señaló.
Si se vuelve a mirar de Letta hacia adelante, el mercado parece contar una historia que los hechos no respaldan plenamente. Deutsche Telekom, el mayor operador europeo, ha subido casi un 32% en bolsa desde entonces, Orange y Vodafone casi un 70%, BT casi se ha duplicado. Prácticamente todas las grandes 'telecos' muestran una rentabilidad en el parqué por encima del 20% salvo Telefónica, lastrada por el castigo al recorte del dividendo y su inestabilidad de los últimos dos años, lo que podría apaciguar la urgencia por hacer los cambios que demandan los operadores, algo que no comparten dentro del sector.
Como apunta el analista de ING Jan Slijkerman en declaraciones a Actualidad Económica, los operadores han sido capaces de construir un "caso de inversión", en parte por su moderado crecimiento, en parte por una reducción del apalancamiento y perfil defensivo. Parte de este potencial en bolsa, se explica porque "no hay potencial disrupción de su modelo de negocio con la IA, las telecos están en el lado positivo del impacto", según el analista, sino que, al revés, podría verse reforzado con mayores necesidades de conexión por el aumento de tráfico.
Pese a la robustez de la evolución de la acción del sector, por encima de la del Eurostoxx 50, los vientos de cola que han llegado de Bruselas han sido limitados. La Ley de Redes Digitales, que en principio iba a ser el primer gran espaldarazo para el sector, ha sido tildada de "insuficiente" y aún no ha sido aprobada. El otro gran revulsivo, la nueva directriz de competencia para fusiones supervisada por Teresa Ribera, acaba de salir a consulta y el texto no convence del todo o, al menos, no tanto como se querría.
En un análisis, el despacho de abogados White Case señala varios elementos positivos como que el foco de la Comisión añade un apartado en que valora la relevancia de la escala en el contexto geopolítico actual y liga este concepto en la necesidad de invertir en tecnologías críticas, ciberseguridad o diversidad de cadena de suministros. Un traje que parece hecho a medida de las 'telecos', pero la firma legal encuentra un matiz desalentador: Bruselas considera que la escala es una cosa y el poder de mercado es otra, lo que le lleva a concluir que "es incierto hasta qué punto los argumentos sobre la escala ayudarán a las transacciones que hasta ahora han tenido dificultades".
El sector no está ahora mismo centrado en fusiones continentales, sino que primero se deben consolidar los mercados nacionales, que es el tipo de operación que aumenta la rentabilidad y genera más retorno. Según Kearney, 12 de los 20 grandes mercados europeos ya operan como mercados con tres operadores con red propia, mientras que otros ocho siguen manteniendo estructuras de cuatro operadores, más competitivos entre ellos. En su informe, la consultora destaca que la mayor diferencia que hay entre unos mercados y otros es que los que tienen solo tres actores principales suelen contar con unas empresas con una situación financiera diez puntos mejor en su índice que en los que hay cuatro.
Por ello, cada proceso de consolidación se mira con lupa en Bruselas y fuera de ella para medir el nivel de las aguas. En estos últimos dos años, la fusión entre Orange y MásMóvil fue vista como un ejemplo medio al conceder unas condiciones poco traumáticas para ambos operadores, aunque propició que Digi obtuviera red móvil y tuvo un pero importante: la aprobación se demoró más de un año. Sin embargo, otras operaciones como la compra de Vodafone Italia por Swisscom y sobre todo, y pese a ser británica, la fusión entre Vodafone y Three han dado una visión aceptable para el futuro del sector. En vez de obligar a vender activos o dar acceso a bajo precio a la red a rivales, la operación británica se saldó con las empresas firmando un compromiso de inversión a futuro en tecnología: ganaban los consumidores y ganaban ellos.
No obstante, la verdadera prueba de fuego de lo que podemos ver en los próximos años se juega en Francia, un país con especial peso en Bruselas. Tres de los principales operadores de Francia han pactado la pasada semana la compra de SFR, el segundo mayor actor del país para repartirse sus activos para configurar así un mercado a tres. Entre las condiciones ofrecidas a competencia se encuentra mantener el empleo hasta 2029. El ministro de Economía de Francia, Roland Lescure, ha asegurado que el sector entra en una etapa de "reestructuración determinante" y que será seguida de cerca con el Gobierno con especial atención al empleo y evitar el impacto en los precios, lo que deja claro cuáles son las preocupaciones que sigue habiendo.
Fuera del caso francés, todas las quinielas apuntan a España y Alemania con Telefónica como declarada protagonista, aunque Vodafone podría jugar también un rol en Alemania. Precisamente, las opciones que más se barajan es que uno de estos dos operadores compre 1&1, el cuarto operador alemán, y que Telefónica adquiera el antiguo negocio de Vodafone en España, ahora en manos de Zegona.
De cara a acometer esas operaciones, los expertos coinciden en que con sus perfiles crediticios lo normal sería recurrir a fuentes externas de capital. Más si cabe tras la subida en bolsa al calor de los rumores de los objetivos de compra. Zegona ha más que duplicado su precio por acción en el último año, mientras que 1&1 escala un 30%, ambas con valoraciones sobre los 4.000 millones.
Fuera de las operaciones, el crecimiento orgánico es una alternativa de la que nadie espera milagros, pese al esfuerzo de los operadores por abrir nuevas líneas de negocio empresarial y el salto al mundo de la defensa. "Hay muy pocos productos killer para las 'telecos' en la IA. Pueden hacer reventa de productos de IA o entrar en el mundo de la soberanía y los centros de datos como están haciendo DT y Telefónica, pero no les veo tampoco haciendo grandes centros de datos", apuntan desde ING.
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