

























Enrique Carrasquilla C. Madrid
María Santamaría
Actualizado
El pinar del barrio de La Elipa, un parque recientemente intervenido y "estupendo" para pasear, lleva cerca de cuatro décadas ocultando una doble realidad. Entre los arbustos y tras los muros del Instituto Francisco de Goya, la basura se acumula por montones. Los propios vecinos de la zona ya lo han bautizado de forma explícita, cansados de la situación: 'sexolandia', una histórica zona de cruising (el nombre que se le da a tener relaciones al aire libre entre hombres) de la que el Ayuntamiento de Madrid parece haberse olvidado y que se ha convertido en un cementerio de residuos sexuales. "Por ahí no se mete a limpiar ni Dios. Es una acumulación gigantesca de toallitas, preservativos, heces... Lleva siendo así toda la vida y aquí no hace nadie nada por mejorarlo", lamenta indignada una vecina que pasea a su perro por el pinar.
El cruising es una actividad originaria de la comunidad LGTBIQ+ que consiste en tener encuentros íntimos en lugares públicos como parques, baños públicos o estaciones. No es una práctica exhibicionista de por sí, sino que se fundamenta en el consentimiento y la discreción. Según relatan algunos residentes, el servicio de limpieza solo pasa por el lugar cada tres o cuatro meses, a pesar de que es una práctica que existe desde hace décadas y que ahora se ha potenciado con los mapas y páginas web dedicados a documentar los puntos de encuentro. "Lleva siendo así toda la vida, y no tengo nada en contra de ellos, pero yo voy con mi perro y le gusta acercarse a las heces; es asqueroso que se acerque a esa basura", relata.

Tapia del instituto Francisco de Goya, donde se practica el cruising.María Santamaría
Como exponen estos habituales de la zona, incluso personas homosexuales del barrio han expresado su malestar. No ante las prácticas, sino ante la suciedad que van dejando sin recoger. Otros vecinos colocaron carteles por los árboles, después de ver que grababan una película pornográfica en el lugar, con mensajes amenazantes: "Os vamos a descubrir y os vamos a...". Como relatan, esas advertencias desaparecieron al poco tiempo y no llegó a pasar nada, pero por momentos la crispación ha llegado a niveles altos.
Estas prácticas no se limitan a la clandestinidad nocturna, sino que algunos estudiantes del instituto confirman a EL MUNDO que han llegado a ver desde las propias aulas a algunas personas manteniendo relaciones sexuales. La indignación vecinal llega precisamente de ahí, de la falta de filtros y de horarios, ya que suelen verse a plena luz del día. "No puede ser que a las tres de la tarde bajes y estén ahí, o a las 12 de la mañana mientras estás paseando con los niños. No tienes por qué estar explicándole a un crío de tres años qué están haciendo dos personas", lamenta otra vecina.

Residuos sexuales en el Pinar.María Santamaría
Solo en la ciudad de Madrid se pueden encontrar más de cien lugares para hacer cruising. Concretamente, la Nueva Elipa, según algunos portales dedicados a estas prácticas, se define como un lugar accesible al que "puedes llegar en metro o bus", donde "se suele ligar arriba, cerca de la carretera" y en el que "se va a follar junto a la tapia del instituto". Además, se retroalimenta de otra zona cercana dedicada a estas prácticas: la piscina municipal de La Elipa. En verano, este enclave se convierte en un punto de encuentro para evitar el calor del parque, partiendo como un solárium nudista con "cancaneo" (búsqueda activa para encuentros) donde hay "muchos tíos", y donde resaltan que "lo mejor es ir a los lavabos y duchas".
La Asociación Vecinal La Nueva Elipa, existente desde hace más de 40 años, comenta a este periódico que ha presentado quejas al Ayuntamiento a lo largo de los años, todas ellas sin respuesta. Para combatir la suciedad, esta entidad organiza anualmente una carrera de cross llamada Salvar el Pinar, ya van por la 22.ª edición, donde los vecinos se reúnen para limpiar el parque. Y es que el problema de la suciedad en este paraje no solo reside en los residuos del cruising, sino que hay diferentes puntos de botellón que agudizan aún más el problema medioambiental del pinar.

Botellas acumuladas en uno de los puntos críticos del Pinar.María Santamaría
Aunque el asunto del sexo al aire libre sea de especial prioridad para la asociación, esta comunica que otro de los grandes retos que enfrentan en el parque es el de los macrobotellones. Junto a la autopista M-23, en medio de un descampado, los jóvenes han sustraído bancos y mesas del parque para crear su propio campamento de alcohol, donde hoy en día se acumulan por centenares las botellas, bolsas de comida, vasos y paquetes de tabaco. "Es exagerado, han robado bancos de uso vecinal y se los han llevado para allá; a saber qué hacen ahí, pero da asco", relata un vecino de la zona. Comentan que en su origen, eran diversos grupos de jóvenes los que acudían a beber pero recogían los residuos. Con el paso del tiempo, se fueron acumulando hasta un punto de no retorno. Aunque, como reconocen, no sea una zona muy transitada por vecinos, la imagen es impactante. También en otras zonas verdes y en áreas deportivas se puede ver por las noches a menores bebiendo y fumando, dejando a su paso restos que se acumulan y pueden perjudicar a los viandantes. "Llamé a la policía y ni se molestó en venir. Hoy llamé al Ayuntamiento y nada, cero respuestas, les he dicho que estaré llamando hasta que esto encuentre una solución, porque algunos vecinos estamos hartos", afirma una residente.
Uno de los perros que pasea junto a su dueña por el Pinar de La Elipa diariamente se llama Cooper. Desde hace tiempo tiene que pisar con mucho cuidado porque entre los matorrales hay cristales, y sobre todo, latas que se parten a la mitad. Dejando el filo cortante a plena vista se pone en peligro su integridad. Cooper es solo un ejemplo más de cómo se ve perjudicado el paraje natural.
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