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Laia Alcolea declara que no es una gata gata, pero que al mismo tiempo: «Más madrileña no puedo ser». Nació el 12 de octubre, el Día de la Hispanidad, y desde pequeña vive en la zona de Peñuelas, en Embajadores, donde comenzó su carrera musical con tan sólo cuatro años tocando el piano. Ahora, que lleva menos de un año enfocada en su carrera como solista, ya ha llenado el histórico Café Berlín, tiene más de 10.000 oyentes en Spotify y este fin de semana se encuentra en México, realizando tres conciertos en distintos puntos del país.
A la entrevista llegó vestida de negro y con los labios pintados de rojo. Se sentó en uno de los bancos de la plaza de Peñuelas, al sol, y llamó al lugar «el parque de su infancia», a pesar de que cuando estaba en la escuela primaria sufrió acoso escolar por parte de sus compañeros: «Me molestaban por el tema de la música porque no tenía tiempo ni para ir a cumpleaños, pero era mi vida». La verdad es que Laia tampoco quería encajar, y cuando con siete años entró en el conservatorio, comenzó a encontrar a más gente con sus mismos intereses.
La artista estudió música clásica en el Conservatorio Adolfo Salazar, en Ferraz, donde no sólo aprendió a interpretar la música, sino que una de sus profesoras, formada en la escuela rusa «que tiene una forma muy visceral de sentir el arte», consiguió que su parte creativa consista en «sentir todo y no solo ser una ejecutante».
A pesar de estudiar lo más purista, a Laia Alcolea le atraen el jazz, la música latina e incluso la electrónica, una mezcla de sonidos que conforman su estilo musical actual, que algunos denominan cómo «ecléctico», aunque a ella le haga gracia ese término.

Laia Alcolea en las escaleras del parque de Peñuelas, en Embajadores.SERGIO ENRIQUEZ-NISTAL
«No me gusta el acústico tradicional, me parece un poco monótono si todas las canciones son así», confiesa la artista al hablar de su puesta en escena en directo, a la que lleva «todo tipo de cacharros». El próximo 2 de mayo a las 14.00 horas, la madrileña será la protagonista del escenario de Nuevo Baztán, un concierto que se enmarca dentro del ciclo Sesión Vermú 2026, de la Comunidad de Madrid.
A pesar de llevar menos de un año desarrollando su carrera en solitario, Alcolea tiene tablas de sobra después de formar parte del equipo de Delaporte y Valeria Castro, entre otros artistas. Aunque tiene ventaja en aspectos técnicos, aclara: «Me he acostumbrado a estar muy cómoda detrás de los protagonistas». A Delaporte le debe el apoyo que le dieron para empezar a producir, ya que «era muy creativa, pero no sabía cómo hacer las cosas».
A la Sesión Vermú pretende llevar un espectáculo con toda su banda, donde se encuentra su propia hermana pequeña, que toca el trombón. Por otra parte, su padre es catalán y su madre es manchega, dos culturas distintas que encontraron en Madrid un punto en el que forjar su propia familia. Esta se conforma ahora por dos hijas a las que apoyan en su carrera musical desde el inicio: comprando un bajo para convertirlo en estudio musical o, por ejemplo, ayudando a Laia en la elección de sus conjuntos para México.
En el país latinoamericano encontró un lugar donde su música encaja perfectamente, pero su misión en los conciertos de este fin de semana es aprender, ya que artistas latinas como Mon Laferte o Nathy Peluso son algunas de sus grandes referentes. Lo primero que va a hacer es visitar el Salón Los Ángeles para «escuchar una orquesta de cumbia y salsa».
Por la parte local, en pleno centro de Madrid, consiguió llenar el Café Berlín el pasado 13 de febrero, donde presentó su álbum debut, El amor no debería doler. «Toda la sala estaba cantando mis canciones y a la mayoría de la gente no la conocía; yo pensaba que solo iría mi familia», exclamó entre risas la medio gata que declara sentirse muy afortunada porque su música está conectando con la gente sin necesidad de grandes inversiones en publicidad ni de cambios en su estilo que la adapten a un sonido más comercial.
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