






























Alfredo Merino Madrid
Actualizado
Aqu� se aprende lo que es una borgo�ota, se distingue una barda de una celada y se descubre que los Reyes Cat�licos usaron estoque. Todo distribuido entre armaduras, dagas, tarjas, escudos, almetes, adargas de combatir a la jineta, ballestas, arcabuces y pistolas. As� hasta m�s de 7.000 piezas. No faltan mosquetes ni formidables espingardas de rueda. Este no es lugar para pacifistas. S� debe serlo para los amantes de la historia y del arte. Hablamos de la Real Armer�a de Madrid, que abre sus puertas despu�s de una cuidada restauraci�n.
Patrimonio Nacional ha presentado la luminosa imagen de una de las partes m�s excepcionales del Palacio Real de Madrid. Despu�s de dos a�os de trabajos y una inversi�n de 1.060.000 euros, sus salas muestran un discurso expositivo que mejora y hace m�s intensa la visita. Brillan y sorprenden las 2.500 piezas de la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco que, en su dise�o para la guerra, desvelan los ins�litos rumbos por los que se aventura el arte.
Fundada por Felipe II en 1558, la Real Armer�a acogi� las armas del emperador Carlos V, encargadas en Mil�n y Augsburgo a los renombrados art�fices Negroli y Colman, junto a piezas anteriores de Maximiliano I, los Reyes Cat�licos y otras de enorme nombrad�a. Un singular universo b�lico, cuya riqueza art�stica enmascara su naturaleza feroz. En el interior del bosque de lanzas y entre la muchedumbre de armaduras, la nueva iluminaci�n saca brillo a primorosos detalles. �Son piezas para las distancias cortas�, se�ala �lvaro Soler, conservador de la Real Armer�a.
Para entender lo que fueron muchas de estas piezas hace falta un diccionario. O leer con atenci�n las cartelas que las ilustran. C�mo saber sino que es un baber�n; imposible conocer la manera m�s efectiva de empu�ar un claymore, o cu�ndo era mejor llevar bufa, bufeta o bufilla. Pero no es �nimo de estas l�neas acumular spoilers de unas herramientas perge�adas para matar y no ser muerto y exhibirse en las paradas. S� lo son para dar fe del exquisito patrimonio que atesora la Real Armer�a que, dicen los entendidos, es la mejor del planeta, solo comparable con la Imperial de Viena, que alberga objetos desde el siglo XV hasta comienzos del siglo XX. La visita est� incluida en la entrada del Palacio Real.

Algunas de las piezas expuestas en la Real Armer�a de Madrid.EDUARDO PARRA / E. PRESS
La reordenaci�n resalta armamentos ins�litos en su exotismo. Destacan los trofeos de la batalla de Lepanto, ganados al turco por Juan de Austria, y los regalos a Felipe II de la primera embajada de Jap�n que visit� Europa. Entre ellos, un gusoku [arn�s samur�i], y un extraordinario kabuto [casco de guerra], da�ado en el incendio de 1884 y reconstruido a partir de fotograf�as y dibujos antiguos, gracias a su uso en el videojuego Assassin's Creed.
En la planta baja destacan los arcabuces madrile�os. La maestr�a de los armeros capitalinos convirti� estas armas de caza en apreciados objetos del deseo de Europa entera, durante los siglos XVII y XVIII. Gracias a una t�cnica singular, en la que se utilizaba herraduras de caballo gastadas, y adoptando un estilo decorativo afrancesado, embutieron la gran calidad de aquel armamento en un dise�o de lujo. Su abundancia en Madrid les hizo tener un papel temible en el Levantamiento del 2 de Mayo. Carlos IV -apodado El Cazador- lleg� a poseer 400 arcabuces. Los franceses arramplaron con todos ellos en la invasi�n napole�nica. Se salvaron unos pocos gracias a un comando de sirvientes de Palacio que, con nocturnidad y alevos�a, se los llevaron sorteando a los invasores.
El arte colma yelmos y escudos con grabados sublimes y orla rodelas y armaduras con una sinfon�a de escenas m�sticas y mitol�gicas, que daba lustre a emperadores y reyes. Llaman la atenci�n estos d�as que los emperadores, en vez de coraza y espada, gastan dispositivos digitales. Con ellos, lanzan drones y misiles, apenas decoradas sus canchas con pintadas obscenas, para matar a distancia a inocentes que no conocen. Las armas que relumbran en la Real Armer�a convert�an el ataque y la defensa en una obra de arte tan admirada como las que les vest�an. En una lucha cuerpo a cuerpo en la que se miraba a los ojos al adversario, se le respetaba y establec�a con �l una relaci�n de guerrera hermandad.
Patrimonio Nacional nos propone un viaje al pasado con la visita a estos hermosos arneses, repujadas corazas y borgo�otas que asemejan arrebatadores tocados barrocos. Piezas que pasaron el d�a a d�a entregadas a la suerte fatal y hoy han mutado sus hechuras b�licas en admirable boato. Se acuartelan en el m�s esplendoroso arsenal que puede contemplarse. En la Armer�a Real, guerra y muerte lucen atav�os de arte.
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