



























Vicente Ferrer (1920-2009) decía que para erradicar la pobreza se necesitan muchas manos y que él sólo tenía dos. Pero también promulgaba que, uniendo las de muchas, se podían conseguir grandes cosas. Por eso, durante décadas, se dedicó a juntar miles para sembrar de humanidad y esperanza las regiones más pobres de India. Y sin hacer demasiado ruido, transformó vidas, comunidades y regiones enteras. Aquellas palabras siguen guiando el camino en la fundación que lleva su nombre, que, fiel a su legado, continúa su historia 30 años después de nacer en nuestro país.
Su labor, en realidad, empezó mucho antes, como explica desde su oficina en Madrid la directora general de la institución, Luz María Sanz. «En India llevamos desde el año 69, pero la fundación en España se creó en el 96. Vicente empezó allí con tres voluntarios a escuchar las necesidades que tenían en las aldeas, pero se dio cuenta que tenía el deber de contar aquí lo que estaba sucediendo para tratar de motivar a más personas que le acompañasen en esa labor. A través de los medios de comunicación contó su historia y empezó a tener muchos apoyos. Por eso se decidió que en España la fundación debía tener una entidad, para hacer todo con un hilo conductor, con transparencia, para explicar lo que sudecía allí y el impacto que tenía la colaboración de miles y miles de personas».
Ese impacto se resume en un montón de cifras acumuladas. Cada cual más llamativa. Más de 12 millones de visitas a pacientes en sus propios hospitales, 1.215 escuelas activas, 87.000 viviendas construidas, 16 millones de plantas y 11 de árboles plantados...

Una niña estudia en una escuela de Sri Lanka.OLIVER DE ROS
«Cuando comenzamos en India, Vicente Ferrer tenía muy claro que para que una persona pudiera salir de una situación de pobreza extrema, como estaban algunas de las personas en la zona de Anantapur, tenían que tener cubiertas las necesidades básicas: poder ir a un hospital sin tener que tardar dos días, encontrar agua y poder sembrar los campos para obtener alimentos, tener acceso a la educación, que las personas con discapacidad y las mujeres tuviesen visibilidad y que todos contasen con un hogar donde poder vivir y dormir. Ese modelo de trabajo integral nos ha ayudado, les ha ayudado a ellos, a que consigan un cambio para que puedan tener una vida mejor», detalla Sanz.
En esa última frase hay un matiz importante que narra, de forma sutil, la forma de hacer de la fundación, que siempre ha intentado impulsar que la transformación la lleven a cabo sus propios protagonistas. Algo que ya puso en valor el misionero. «Lo mejor que tuvo Vicente es que tenía un liderazgo muy puro. Era una persona que sabía motivar a miles y miles de personas solo con la palabra o la acción», añade en este sentido la líder de la institución.
Hoy, el 99% de las personas que están trabajando en la fundación allí son mujeres y hombres indios. «Hay un equipo de unas 2.500 personas trabajando en los 3.800 pueblos donde estamos. Son personas que han creído en ese proyecto y que son un referente para otras. Durante estos años hemos visto cómo niños y niñas que pudieron ir a la escuela y aprender a leer y escribir allí ahora son maestros. Están devolviendo la oportunidad que tuvieron ellos», asegura la directora de la fundación, que aquí en España se encarga de coordinar a un equipo de más de 500 voluntarios, que realizan labores de sensibilización entre la población española.

Varias niñas con las bicicletas con las que van a estudiar.MARÍA HORTELANO
Mirando especialmente a niños, mujeres y discapacitados, todos juntos han conseguido sacar adelante grandes iniciativas en India, como el hospital de Bathalapalli, asentado en una zona rural y convertido en una referencia; o la red de mujeres que hace llegar los medicamentos a las aldeas. También esas escuelas que se han convertido en espacios multidisciplinares donde reunir a mujeres o llevar a cabo programas de nutrición; o esos centros especiales para cuidar a discapacitados que son imprescindibles para integrarles en la sociedad. Incluso, aunque parezca poca cosa, las más de 26.000 de bicicletas que han repartido entre las niñas indias para que tarden menos tiempo en ir a las escuelas de secundaria -no hay en todas las aldeas- y no abandonen la educación en una etapa en la que empiezan a casarse, evitando además que puedan ser agredidas en un camino que les lleva horas.
Actualmente, en India la fundación ayuda a más de 3 millones y medio de personas. A ese número se suman otro millón y medio en otros puntos del planeta, donde, bajo el impulso de Anna Ferrer -mujer de Vicente y presidenta de la entidad-, han comenzado a trabajar hace un par de años: Nepal, Filipinas, Sri Lanka, Mozambique, Palestina y Gaza [también en Valencia a raíz de la Dana]. «Nos sentimos muy cerca de personas que están muy lejos en la distancia. Nuestra guía siempre ha sido el humanismo. Para Vicente Ferrer era algo que estaba en el centro, y eso significa que tenemos que sentir el dolor de una persona, que nos tiene que afectar y que, si podemos hacer algo para paliarlo, tenemos la responsabilidad de hacerlo», atestigua Sanz.

Vicente y Anna Ferrer en una foto familiar con dos de sus hijos.VICENTE PEIRÓ
La filosofía del filántropo, esa de trabajar con discreción, con humildad, pero sin parar nunca, les ha ayudado a dirigir la mirada a esos otros lugares vulnerables. Y por ellos han creado la Gala Esentia, un evento solidario que celebrarán por primera vez en el Palacio de Cibeles este próximo jueves con la excusa de su 30 aniversario. «Estará centrada en la infancia, porque es nuestro presente y el futuro. Si los niños pueden soñar, el mundo puede cambiar», detalla Sanz.
A la cita asistirá Moncho Ferrer (hijo de Vicente) y su mujer Vich, implicados en la fundación, rostros conocidos (Marilia, Pablo Rivero o el artista Eduardo Pérez-Cabrero) y 500 personas que dejarán su granito de arena con el menú solidario que ha preparado el chef Michelin Mario Sandoval. «Hablar de cifras económicas es muy frío, a nosotros nos gusta más hablar de impacto y de personas. Con los 330 euros que cuesta la asistencia a la gala, 20 niños y niñas de Nepal podrán comer durante un año en nuestrocentro educativo», explica la directora.

Pérez-Cabrero, Marilia, Sanz y Rivero, en la presentación de la gala.E. M.
La gala se retransmitirá por streaming para dar la oportunidad de estar presente a los más de 110.000 socios españoles que les apoyan. Gracias a ellos, dice, y a «la constancia, la fe y la capacidad de acción de las personas», se han obtenido buenos resultados, «aunque aún queda mucho por hacer...». «He visto proyectos difíciles, situaciones duras, pero también cómo cambian. ¡Hay esperanza!», añade.
Las palabras de quien puso la primera piedra permanecen en el horizonte. «Vicente siempre decía que la fundación transforma la sociedad en humanidad y nosotros tenemos que seguir sembrando humanidad», recuerda Sanz. La semilla se traduce esta semana, en esa gala, en escuelas para niñas y niños migrantes de Nepal, en nuevas aulas en una zona indígena de Filipinas, en espacios seguros para niños palestinos, en la prevención de matrimonios infantiles en Mozambique y en programas de apoyo para pequeños vulnerables de Sri Lanka.
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