
La gran cruz que se instaló para la vigilia del Papa en la plaza de Lima.
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Aunque era casi un secreto a voces desde la semana pasada, el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, aprovechó el último fasto municipal por la reciente visita del papa León XIV, en el mismísimo corazón del Palacio de Cibeles, para darle oficialidad al asunto: la Cruz Peregrina de la vigilia se queda en Madrid. Y es probable que acabe regresando a la propia plaza de Lima, donde fue protagonista durante la noche de la vigilia del Santo Padre con los jóvenes. Aunque eso aún no está del todo claro.
Se trata de una pieza de casi 25 metros creada expresamente por el artesano Samuel González de Mingo para la visita del pontífice. Como curiosidad, mientras se elaboraba la cruz original, se fabricaron ocho réplicas que recorrieron la diócesis madrileña para que las parroquias pudieran rezar con ella. Eso sí, desde el primer instante el objetivo, como ya anunció en mayo la propia archidiócesis, es que permaneciera en la capital como recuerdo de la visita y, también, que llegase a ser firmada por el propio León XIV.
«Estamos estudiando las características técnicas del terreno», sostenía ayer Almeida sobre la ubicación en la plaza de Lima, junto al estadio Santiago Bernabéu. «Un análisis preliminar nos dice que es posible, pero queremos que se den todos los condicionantes para que la cruz se pueda instalar con las debidas condiciones de seguridad», argumentaba, una semana después de que el consistorio recibiera más de 40.000 firmas para que ese imponente símbolo, desmontado horas después de la vigilia, pudiera permanecer en esa plaza de Lima o, al menos, en ese mismo entorno.
Esa ruta es la que se ha venido manejando en Cibeles desde hace una semana. «Ha sido una reivindicación de los madrileños y, por tanto, queremos que sea una huella de ese viaje», abundaba el regidor. «Creemos que el mejor sitio es la plaza de Lima, pero queremos que sea también con todas las condiciones de seguridad y por eso no hemos confirmado definitivamente que sea allí», completaba tras ese pomposo acto para dar gracias a los participantes en la organización de la visita del papa, en el que, como no podía ser de otra manera, se escuchó una vez más, con la voz de Diana Navarro y Daniel Diges, ese himno tan pegadizo en el que se ha convertido Alza la mirada.
Pero los rescoldos de la visita del papa no se enfriaron del todo ayer. Aún quedará alguno para los últimos días del año. «Qué pena sería que en la programación de Navidad este coro no pudiera actuar cantando villancicos para todos los madrileños», completaba el alcalde, refiriéndose al Coro Familiar Los Mil, que ha puesto banda sonora al viaje del pontífice a la capital. Una agrupación integrada por más de 80 músicos y más de 100 bailarines, que entonarán las últimas notas musicales de un periplo papal que ya es historia de la ciudad. El skyline tendrá una cruz de 25 metros que lo recordará.

























