Dijo en el Primavera Sound que volverá irá a más conciertos cuando deje de ser presidente. La pregunta en el PSOE es: y después de Sánchez, ¿qué?

Sánchez, durante la entrevista en Radio Primavera Sound.EFE
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Pedro Sánchez afirma tener unos gustos musicales eclécticos, admira a artistas comprometidos como Bruce Springsteen y confiesa que le encantan los festivales, a los que quiere volver a asistir con más frecuencia cuando deje de ser presidente. El jefe del Gobierno ha dado muchas noticias en una entrevista a una emisora temática, Radio Primavera Sound, durante su asistencia en Barcelona a varias de las actuaciones en este festival. Una de ellas es el hecho en sí de que conceda una entrevista a una radio, también que entre esos gustos musicales incluya la banda virtual Gorillaz y, la no menos sorprendente, es que contemple la posibilidad de que alguna vez deje de ser presidente. No se recuerda a Sánchez, que ya es el segundo inquilino de Moncloa que más tiempo lleva paseando por sus jardines, hablando de una vida fuera del Gobierno. De él sólo le pueden echar las urnas, porque va a volver a ser candidato. Y una cosa debe llevar a la otra, es decir, que pocos le ven como jefe de la oposición, como líder de un PSOE sin gobernar. Y después, ¿qué?. Las sucesiones en Ferraz nunca han sido fáciles y la del "puto amo", o el "one", tampoco lo va a ser.
Dice un grupo de militantes socialistas que el PSOE es "mucho más que sus líderes". En el momento en que estamos, deberían hablar en singular. sóilo hay uno. Han firmado un manifiesto pidiendo la convocatoria de elecciones con un nuevo candidato y se han convertido en corriente crítica, ReActiva. Históricamente, el PSOE ha sido un partido de corrientes críticas, menos influyentes cuando los líderes, que mandaban mucho, estaban en el poder. Las ha habido en su etapa moderna -guerristas, renovadores, Izquierda Socialista, barones territoriales díscolos...- y las hubo también en sus orígenes. Pero ha sido tras su paso por el Gobierno cuando al partido le ha costado más rehacerse. Hoy, con uno de sus últimos secretarios de organización encarcelado, otro en libertad provisional, su sede registrada y sus cuentas investigadas, se antoja aún más complicado. La sucesión de Felipe González fue un quebradero de cabeza cuando los militantes eligieron al candidato por el que no apostaba el aparato del partido. Pese al resultado de las primarias, el liderazgo fue para Almunia no para Borrell. Fracasó y Bono se postuló como solución, pero le ganó Zapatero. Cuando su tiempo acabó, se improvisó con Rubalcaba, que luego derrotó a Chacón. Después, Sánchez tuvo que batirse dos veces, primero con Madina y Patxi López y, tras ser defenestrado por la ejecutiva, con Susana Díaz.
Sánchez fue el único candidato a secretario general en el último congreso del PSOE. Públicamente sólo le tosen un ex presidente, González, al que acusan de haberse hecho del PP, un presidente autonómico díscolo, García Page, al que consideran poco menos que un traidor, algún que otro histórico trasnochado y ahora un grupo de militantes que, según el fiel escudero Óscar Puente, «caben en un salón de actos». El problema que tiene el PSOE es que cuando necesite relevar a Sánchez si las urnas, y sólo las urnas, le obligan a retomar su costumbre de asistir a festivales, sean sus votantes los que quepan en ese salón de actos.




















