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El caso Quequ�: la era dorada del peloteo
Juan Diego M · 2026-04-22 · via Columnistas

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Queda un se�orito con servicio dom�stico a su cargo que le r�e las corruptelas a cambio de las sobras y vive en La Moncloa. Por eso a Quequ� le ha dado un programa de cocina

Quequ�, en una imagen promocional de 2005

Quequ�, en una imagen promocional de 2005

Actualizado

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CON la asignaci�n de RTVE destinada a Quequ� considero inaugurada la edad dorada del peloteo. Espa�a siempre ha sido el para�so de los pelotas. Un resort, con apariencia de Estado, para quienes nacieron con el don de agradar. Tenemos a los mejores. En los �ltimos a�os, han mejorado la t�cnica. Hace algunas d�cadas era habitual que los ni�os jugaran al f�tbol en la calle. Por el bullicio que segu�a a los pelotazos pod�a tomarse el latido de los vecindarios, calcular la tasa de renovaci�n de las pensiones y so�ar con la irrupci�n de alg�n fen�meno que acabar�a fichado por el Real Madrid. Con el paso del tiempo apenas quedan ni�os callejeros. Han sido sustituidos por los pelotas, a quienes puede v�rseles intercambiar elogios en redes sociales, hacer malabares con las humillaciones m�s elaboradas en los peri�dicos, poner en pr�ctica los mejores inclinaciones en las tertulias para que los fiche Pedro S�nchez. Otros pa�ses disponen de la infraestructura necesaria para impulsar la creaci�n de, no s�, astronautas o conductores de patinetes y aqu� hemos logrado la excelencia en la producci�n de c�micos de c�mara, la sublimaci�n del pelota. Nuestros campeones han elevado a ciencia la sombr�a costumbre de quedar bien.

Intuyo que la proliferaci�n de los fen�menos del comentario a tiempo, estos brokers del piropo, es el �ltimo eco de la dictadura. Franco transform� el pa�s en un invernadero de pelotas hasta alcanzar las causas naturales de su muerte. Renovador de la tradici�n de los fachas cl�sicos, Quequ� ejecut� un peloteo a la altura de una dictadura. Su potencia rompi� los registros del marcador de los bienquedas. Adem�s, lo hizo en la Ser, el mejor lugar para dejar a los pies de S�nchez una imitaci�n de un presentador cr�tico con el Gobierno pocos d�as despu�s del accidente de Adamuz. Fue tan bello como un rev�s en Wimbledon o un abrazo en un aeropuerto. Desde luego que el derecho a la caricatura tiene un l�mite: chivarse. El chivato camuflado de humorista contest� a las cr�ticas con el env�o de una carta donde contaba, en una carta tan cursi como son los hombres rendidos, su retirada.

Como premio, Quequ� acaba de ingresar en la reserva de S�nchez. All� van a parar todos los que sacaron plaza de guardaespaldas del presidente. Tiene raz�n la izquierda obsesionada con Los santos inocentes. Queda un se�orito con servicio dom�stico a su cargo que le r�e las corruptelas a cambio de las sobras y vive en La Moncloa. Por eso a Quequ� le ha dado un programa de cocina.