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La crisis de la masculinidad
Bárbara Blas · 2026-04-22 · via Columnistas

Esta semana hemos discutido con un profesor de literatura que dec�a que los chicos bajan el rendimiento, que los chicos se desmotivan, que los chicos se caen porque ahora todo son programas de igualdad, como si la igualdad fuera una gripe que les hubiera pillado flojos.

�Cu�ntas catedr�ticas hay en tu facultad? Le pregunt� mi pareja. Nuestro adolescente, naturalmente, se puso del lado del desconocido.

Esta semana vimos Machos alfa, una comedia de hombres en rehabilitaci�n, como si la masculinidad fuera una adicci�n, la nicotina del car�cter. Nos re�mos mucho con esos cuatro machirulos que se apuntan a un curso de nuevas masculinidades.

Tambi�n esta semana he le�do que existe algo llamado petromasculinidad, neologismo para referirse al hombre blanco que perpet�a la hegemon�a masculina a trav�s de los combustibles f�siles, l�ase Trump, l�ase cualquiera que quema rueda con su coche, como si fuera una extensi�n de su cuerpo. Y dame gasolina.

Esta semana tambi�n he visto una entrevista de Jimmy Fallon al cantante de The Strokes, Julian Casablancas, en que el presentador recordaba la �poca en que fue su telonero. En un momento dado, Julian le coge la mano y la aprieta con tanto cari�o y complicidad que fui a Google a buscar: �es Julian Casablancas gay?

Total que despu�s de tanto tiempo reformulando g�neros, sexos y derechos -algo necesario, urgente, inevitable- sigo sin saber qu� demonios es ser hombre, qu� demonios es ser mujer (m�s all� de la evidencia genital, que a veces no es tan evidencia pues a la gen�tica tambi�n le gusta jugar en la frontera y dibujar cosas a medio camino entre un cl�toris y un pene).

Yo me crie en una �poca en que un hombre era una gabardina mojada y un cigarro negro, una estatua ecuestre en mitad de la lluvia. Era no lavar nunca la gabardina. Era ganar dinero, hacer la mili, ir a la guerra a morir por todos nosotros.

Ser mujer era porcelana fina, una luz encendida en el pasillo, un misterio bien peinado. Ser mujer era limpiar el misterio de los dem�s a diario, los platos, los ba�os, la mierda. Y aguantar porque ellos mueren por nosotras.

Hoy dicen que la masculinidad est� en crisis sin que hayamos delimitado el per�metro de la virilidad, sin haber aclarado qu� es ser macho. Hoy parece que los chavales confunden la masculinidad con levantar placas en el gimnasio, con andar arrastrando una pierna como si les hubieran disparado, con tener voz de reggaet�n, grave y cansada (tan cansada de jugar a la Play).

Me resisto a que la masculinidad sea un cat�logo de torpezas: brutalidad, estupidez, analfabetismo sentimental, ego�smo. Un instrumento sin agudos, de tesitura limitada. (Y pienso de nuevo en el maravilloso Casablanca, que va del bajo al falsete, de la balada al punk).

Se nos han ca�do las palabras encima, cansadas ya de tanto significar. Ser hombre, ser mujer se han quedado en met�foras que hemos ido rellenando y vaciando. Pero tan importante es crear met�foras desde las que explicar el mundo, como no perder de vista que son imaginarias.

Y as� seguimos, un poco m�s perdidos, un poco m�s libres. Escuchando a The Strokes.