Si en cualquier empresa (privada) el fichaje estrella sumase la mitad de fracasos que este bocazas ya habría pasado por recursos humanos

El presidente de EEUU, Donad Trump.AP
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La celebración del cumpleaños de La Bestia debía ser así: una salvajada y un éxtasis de brutalidad. No entiendo el placer que puede dispensar un deporte donde uno o los dos contrincantes acaban aporreados manando sangre mientras la afición ovaciona al que hace del otro una morcilla. Tendrá que ver con mi condición flojeras. Pero esto va de La Bestia y de la ordalía violenta de sus pasiones. El espectáculo organizado en la Casa Blanca, degradada a franquicia de la empresa familiar, es una representación de la esencia Calígula de Trump: violencia, ruido, combate, testosterona. La condición desaprensiva de este hombre cada día sube de nivel.
El momentazo vulgar del mundo lo capitanea La Bestia y para ciertos estómagos su brutalidad constituye un atractivo. Esto funciona así. Con él se escribe una de las páginas más groseras de la historia. La chulería patriótica está en lo alto de la excitación estética de su aventura, capaz de hacer charcutería política con el fin de purificar el racismo, la guerra, el abuso y la extorsión. El apoyo al genocidio palestino impulsado por Netanyahu también está en su menu. Este hombre es de lo peor que hay en el mundo, lo cual es un récord.
El cumpleaños formuló un canto apasionado al bestialismo. El afán de disimular el fracaso sonrojante en la guerra contra Irán y esta manera suya de apuntalar inesperadamente el siniestro régimen de los ayatolás no lo aplaca un combate de artes marciales mixtas. Las mujeres iraníes están en deuda con La Bestia. Quienes las humillan con toda suerte de vilezas y pudieron quizá caer por revuelta popular han recobrado fuerza al rebufo de la payasada trumpista. Gafa todo lo que toca. En Venezuela esperan también a que achique el petróleo que les roba para ver qué hacen con el país. Estas son las maneras del hombre que vino a resolver las guerras del mundo estropeándolas un poco más mientras exigía el Nobel de la Paz. Si hoy luce la medalla del premio en el Despacho Oval es por el Wallapop resignado de María Corina Machado. Todo mal.
Un cumpleaños se presta a hacer balance. El de La Bestia sale a deber por todas partes. Si en cualquier empresa (privada) el fichaje estrella sumase la mitad de fracasos que este bocazas ya habría pasado por recursos humanos para recoger el finiquito. Y más si aprovecha las instalaciones para montarse el jolgorio. Este es el modelo de Vox.






















