Fui comprensivo con él en el desastre de 2008, pero en 2009 supe que ofreció el Ministerio de Cultura a Miguel Bosé. Esa anécdota se me hizo insoportable

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero participa en un acto del PSOE, este jueves en el Palacio de Congresos de Jaén.EFE
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Un poco sí que me asombraron las crónicas que aparecieron el fin de semana y que explicaron el trauma de la caída en desgracia de Zapatero para los militantes del PSOE. Ese «las joyas no, no puede ser, José Luis no» suena como si el ex presidente hubiera sido el último idealista entre los políticos españoles. Y, ey, que yo estuve allí, que yo también voté al PSOE entre 2004 y en 2008 y que no puedo engañar a nadie: aquello no fue una práctica de riesgo. Después del shock de 2004, millones de españoles votábamos a ZP porque la vida era fácil, porque nos iba bien, porque éramos conformistas. Los pisos estaban carísimos pero siempre había alguien que ofrecía una hipoteca maravillosa, de modo que salíamos del banco con el piso amueblado y una moto porque sí; la economía crecía al 3,4, al 3,9, al 3,7% anual; las empresas daban pagas de beneficios y actualizaban salarios según el IPC y el debate político era, en resumen, inocuo. Hace poco vi uno de esos anuarios que publicaban los periódicos. ¿Cuál fue la noticia del año en 2006? El Plan Hidrológico Nacional. Lo siento, pero creo que nunca discutí el asunto muy apasionadamente, que me perdonen murcianos y aragoneses.
¿El matrimonio igualitario? Fue estupendo, pero, la verdad, para promoverlo sólo hacía falta estar atento a la calle. Todos vivimos algo parecido: aquel tío segundo que en 2005 ponía mala cara a las bodas gays bailó feliz en el casamiento de su sobrina lesbiana en 2007. ¿El fin de ETA? Ese fue otro gran momento, sin duda, pero qué rabia me dio el día que Zapatero se jactó de haber acabado con ETA. Él. Respecto a la Ley de Memoria Histórica, en su día fue difícil entender su significado. Al principio, lo importante fue que se llevaron la estatua de Franco de Ríos Rosas y ¿cómo no vivir aquello con alivio? En el fondo, el debate era leve y el Gobierno tenía el acierto de abochornarnos poco a menudo, que ya es algo. Aznar no tuvo esa virtud o la tuvo y la perdió.
Por desgracia, tampoco la prudencia fue para siempre. Yo mismo fui comprensivo con ZP en el desastre de 2008, pero en algún momento de 2009 supe que ofreció el Ministerio de Cultura a Miguel Bosé para sustituir a César Antonio Molina, en busca de «un golpe de efecto». Esa anécdota tan tonta se me hizo insoportable. No recuerdo qué voté en 2011. ¿Me abstuve?
Es un poco raro, ¿no? Idealizar el periodo más sistémico de la historia del PSOE desde el papel pasivo-agresivo que ha elegido este Gobierno. Conspira contra el Estado, dice que el Estado conspira en su contra y pasa su duelo por Zapatero con un «no puede ser».






















