En el columnista, la decisión de prescindir de la actualidad es política y consciente

León XIV en su tributo a los inmigrantes en Arguineguín.
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Una o varias veces a la semana el articulista recoge un fragmento de actualidad y lo cuelga en su ventana. La redacción del periódico ordena cada día los hechos. Caben varios y decide su dimensión y ubicación. El articulista escoge uno, sólo uno, una muestra del paisaje; muchas veces se repite. Hay artículos de análisis político y literarios o costumbristas; severos, juiciosos, ásperos, irónicos, paisajísticos o sentimentales; densos o ligeros. Bustos dijo con razón que al columnismo le sobra análisis político. Quizás el columnismo digital, de consumo rápido, ha imprimido un ritmo que el columnismo convencional no tenía. Las buenas letras se han caído del columnismo porque las audiencias han sustituido al público y la opinión -doxa- o preferencia al análisis y al fondo.
Cada jueves me planteo dónde debo buscar y cómo distinguir lo fundamental de lo accesorio. Una luminosa sonrisa de una niña adolescente sacudida y conmovida al paso del Papa en Madrid; un apoteósico discurso de León XIV en el muelle de Arguineguín sobre la acogida de inmigrantes; contra las mafias, explotadores, «redes criminales», «industrias de muerte» y traficantes de vidas. El Papa llamó ayer a la responsabilidad de los países de origen, de tránsito y de acogida: «Esa niña podría ser nuestra hija (...) y entonces la conciencia se queda sin excusas. La misericordia comienza con gestos pequeños: unas galletas y un poco de leche». Reivindicó el «derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada» y también el «derecho a no tener que emigrar y permanecer en la propia casa (...) sin que la corrupción robe el pan de los pobres».
Una ejecución a pleno sol en Barcelona; los tumultos de Belfast o el Princesa de Asturias para Julian Barnes. Comienza el Mundial de fútbol. Y nuestra cloaca cotidiana. Me arranqué con todo lo anterior para no repetirme. A veces una pluma huidiza decide sin justificarse escribir sobre las lavanderas de su pueblo durante el franquismo en pleno aluvión de corrupción en torno a Sánchez. La decisión de prescindir de la actualidad es política y consciente.
Lo extraño de nuestro momento y lugar es que percibimos lo global, espiritual y omnicomprensivo como una distracción porque nos corroe lo particular hasta tal punto que las andanzas de la monclovita Leire Díez y sus trapicheos con la Fiscalía son parte de lo fundamental, de lo que está en juego; atrapa y detiene.























