En la entrevista que ha concedido, el ex juez demuestra conocer al dedillo la ley del embudo con la que pretenden regirse las izquierdas

Baltasar Garzón y Dolores Delgado, en la marcha en apoyo a Álvaro García Ortiz.
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La cloaca de Leire (mis respetos para ella, que se refiere a Ábalos como el sorbechichis) y la cloaca de la Kitchen convergen en esa cloaca máxima que es Villarejo. El comisario es el pecado original que explica muchas de las trapacerías de los gobiernos de distinto signo. No es de extrañar que tantos afectados buscaran en la fontanera una respuesta a esos procesos que, de momento, no han llevado a Villarejo a ninguna parte.
Este domingo emergió Garzón, otra criatura de las aguas fecales, en El País para enturbiar el lodazal en el que chapotea la izquierda. Ustedes ya habrán oído las conversaciones del ex juez y Lola Delgado con el ex comisario -«información vaginal, éxito garantizado», se congratula la fiscal cuando en 2009 el comisario le cuenta que tiene, como Javier Hidalgo, «una agencia de modelos»-, a las que no haremos mayor referencia por aquello de que nos regañe Arcadi. Pero en la entrevista, el juez inhabilitado dice cosas extraordinarias para alguien del que conocemos su íntima relación con el Villarejo. «He trabajado muchos años con la Policía Nacional, la Guardia Civil y las policías autonómicas, que han hecho labores impresionantes, pero nunca he visto lo que estoy viendo ahora. En este caso [refiriéndose al de Begoña] hay juicios de valor, cuando un informe policial tiene que ser un análisis de hechos. Lo contrario es mediatizar al juez».
Son palabras públicas -las de sus comilonas con Villarejo y su hoy mujer son de otra índole- del primer juez que en España recibió el apelativo de estrella y al que se apartó de la carrera por grabar en prisión las conversaciones de los cabecillas de la Gürtel con sus abogados. Paradójicamente, un párrafo de la sentencia de este caso fue lo que llevó a Sánchez al Gobierno en 2018, aunque dos años después fue anulada. ¿Eso era lawfare? También le parece que la filtración del hallazgo de las joyas en la caja de ZP es un «juicio paralelo», palabras a las que recurre la izquierda en su particular ley del embudo.
Resulta llamativo que haya sido uno de los clientes del carísimo despacho de Garzón, Álex Saab, apodado el testaferro de Maduro, el que haya comenzado a cantar contra ZP cuando Delcy le mandó a EEUU. No es de extrañar la defensa que el ex juez hace del ex presidente: ZP hizo de la memoria un negocio en el que Garzón y su señora se movían como ratas en la cloaca. Era, junto a la info que aportaban las prostitutas, el otro éxito garantizado.




















