Médico y director de la Escuela Andaluza de Salud Pública entre 2015 y 2017, acaba de publicar el ensayo 'Más de 11 vidas', donde aglutina voces de otros expertos, de supervivientes y de sobrevivientes

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Joan Carles March ha publicado un libro, Más de 11 vidas, que tiene una portada llamativa, con un iceberg y una línea recta que destaca su punta. Tan bonita que las personas se acercan cuando la ven estos días en la Feria del Libro. Pero pocos lo compran porque, en cuanto ven que habla del suicidio, les brota un rechazo hasta físico, algo les empuja hacia atrás. Si del suicidio cuesta hablar, natural es que también cueste leer sobre él. Su autor lo sabe pero también tiene claro que esta batalla es siempre más profunda de lo que parece.
Joan Carles es médico. También profesor. Dirigió la Escuela Andaluza de Salud Pública entre 2015 y 2017. En ese tiempo, uno de sus empleados se quitó la vida. Y una década más tarde él es uno de los mayores referentes de nuestro país en prevención del suicidio. «El libro surge no hace mucho, pero la idea de trabajar el asunto del suicidio surge cuando Andrés muere. Nos chocó muchísimo. Nos tocó muchísimo», rememora.
Un impacto generalizado en las casi 200 personas que trabajaban en la institución. Y un antes y un después en la vida de Joan Carles, que decide arremangarse. «Aquel momento me marcó, algo tenía que hacer», cuenta ahora. «La semana comenzó con la ausencia de Andrés, que normalmente abría la escuela y no había llegado a trabajar», sigue recordando. Y también que planteó «la necesidad de trabajar con cada uno de los trabajadores» tras su muerte.
«Hicimos reuniones globales con todos y cada uno de los profesionales, escuchamos lo que sentían, lo que les pasaba, si necesitaban ayuda. A los que la necesitaron, se les ofreció. A los que trabajaban más directamente con él también se les dio un apoyo especial porque pensamos que era importante». A día de hoy, cuando se le pregunta dónde hay que poner recursos inmediatamente, menciona el mundo empresarial, al que considera alejado de la realidad de una emergencia nacional que se lleva alrededor de 4.000 personas al año; 11 vidas cada día. De ahí el título del libro, publicado por Sonámbulos Ediciones.
Pero dejemos que siga hablando él todavía un poco más. «También trabajamos con su familia, con su madre y su hermana». «Su hermana necesitaba apoyo, sin duda alguna», prosigue, como si estuviera solo, como si se reafirmara. «A sus hijos también les ofrecimos apoyo».
Este médico no dejó que la realidad le alejara de sus principios, y lo explica con una frase breve pero clave: «No podemos pensar que los temas aparecen y no hay ninguna causa. Hay que trabajarlo». Podrían haber optado por el silencio, pero en la Escuela Andaluza de Salud Pública a Andrés le hicieron un homenaje -«me pareció buena idea, era un trabajador muy querido, vinieron sus hijos y fue un acto muy emotivo y muy bonito»-.
Teléfonos de asistencia
- En caso de riesgo vital inminente, llame directamente al 112 de Emergencias
- Si usted o alguien de su entorno tiene ideación suicida. llame al 024
- Teléfono de la Esperanza: 717.003.717 / 91 459 0055
- Teléfono Prevención del suicidio (Barcelona): 900 92 55 55
- Teléfono Asociación la Barandilla (Madrid): 911 385 385.
- Línea de ayuda a niños y adolescentes de la Fundación Anar 900 202 010
- Teléfono de Asistencia psicológica Ayuntamiento de Barcelona 900 925 555
- Samaritans in Spain para la atención psicológica a cualquier persona que hable en inglés en todo el territorio español pat@samaritansinspain.com 900 525 100
- MIEMBROS DE LAS FUERZAS Y CUERPOS DE SEGURIDAD:
-Atención a guardias civiles y familiares (900 200 062). Teléfono de la Esperanza (717 00 37 17)
-Atención a policías nacionales 24 horas (91 582 10 43)
GRUPOS DE AYUDA Y ASOCIACIONES DE APOYO A SUPERVIVIENTES
Papageno ofrece un espacio 'on line' de apoyo psicológico concreto para personas en riesgo (633 169 129)
- ¿Qué valoración hace de la situación en prevención del suicidio?
- Que el Ministerio pusiera en marcha un comisionado para la salud mental, y que haya un observatorio es algo muy positivo. Los datos más recientes indican una mejora respecto a los máximos registrados. En 2024 hubo un 4% menos que en 2023 y es el segundo año de descenso. Es un indicador, hay otros aspectos que valorar, pero nos dice algo importante: probablemente el hecho de que se hable más, se trabaje más y haya mayor conciencia puede haber ayudado. Pero el suicidio sigue siendo un problema importante de salud pública, sigue siendo un problema estigmatizado y sigue generando vergüenza y culpa.
- ¿Qué cuestiones o particularidades habría que estudiar con urgencia?
- Es fundamental trabajar la relación que hay entre hombres y suicidio. Lo exige el hecho de que 3 de cada 4 personas fallecidas por suicidio lo sean, entre los 45 y los 60 años. El Observatorio tiene que estudiarlo y que sepamos qué pasa, qué deberíamos hacer y no estamos haciendo. Y el otro tema que me preocupa mucho es el de los adolescentes, porque los registros de 2024 reflejan un aumento de suicidios en menores de 20 años respecto al año anterior. Claramente hay que trabajar más la prevención en colegios, institutos, universidad...
- ¿Estamos en una situación aún débil, pese a los avances?
- Sí, porque los cambios han sido muy pocos. Hay que hablar de lo que se necesita. En adolescentes y jóvenes hay mucha más ideación y conducta suicida. Y tras la pandemia, a muchos les ha sobrevenido la ansiedad, la angustia, el estrés, los duelos... Esto marca la vida de las personas y no hay una respuesta adecuada por parte de las administraciones públicas. Hay una línea de trabajo, pero no todas las comunidades pueden incorporar el número de psicólogos que necesita el sistema. Muchos centros de salud no tienen, muchísimos centros de salud no tienen psicólogos.
- Hay que invertir más.
- Mucho más. Ante el malestar emocional, hay que intervenir, hacer algo. Y estrategias diferentes en cada entorno. En la empresa nadie hace nada, por ejemplo. En los colegios los orientadores no tienen tiempo para determinadas cosas. Y así se pierde la oportunidad de ayudar a jóvenes adolescentes con ideas suicidas, porque no tienen a nadie a quien contárselo. Muchos de los malestares emocionales lo que necesitan es alguien con quien poder hablar, poder establecer una relación, poder interactuar, poder generar un vínculo que permita romper ese malestar. Es evidente que ante eso estamos muy lejos de estar en una posición buena para poder atender los problemas que tenemos en estos momentos.
- ¿Tenemos una atención primaria preparada para detectar riesgos de este tipo?
- La atención primaria deberia ser central. Es el médico que te conoce, con el que se tiene una relación directa y al que se ve habitualmente. Pero el problema para acceder a ella es enorme. Hay comunidades autónomas en las que tienes que esperar 15 o 20 días para ser recibido. En 15 o 20 días, si tú no tienes a nadie a quien contar tus problemas, buscas otras fórmulas para poder atender tu situación. Y los problemas se agravan. La atención primaria, que en teoría debería ser el espacio donde muchos de los problemas deberían ser atendidos, pierde esa opción para poder ser el espacio central. Y las enfermeras deberían tener un papel central también. Así como una mayor formación para captar los problemas y que no se minimice cuando una persona dice que la vida no tiene sentido y que prefiere dejar de vivir. ¿Y si acabas yendo a Urgencias porque no te dan cita y te dicen que 'no, hombre, que eso es una tontería, que tienes todo el futuro por delante, que eso le pasa a todo el mundo'? Al final se favorece la toma de decisiones drásticas en algo que puede ser puntual.
- ¿Cómo se puede trabajar la prevención en casa? ¿Cómo se debe hablar a los niños de este asunto?
- Del suicidio se habla poco o nada. Hay que fijarse en los cambios drásticos de comportamiento. A veces hay niños que plantean el tema porque otro niño les ha contado que se hacía autolesiones o tenía pensamientos suicidas. Esto obliga a las familias a hablar, lo tienen que hacer, es lo apropiado, lo necesario y lo recomendable. Hay que aprovechar cuando ellos comenten cosas. Y poder acotar los términos de lo que esté sucediendo: si ha habido una pérdida de un familiar o amigo, si hay autolesiones, si hay problemas de salud mental... Sabemos que preguntar directamente no induce ni aumenta el riesgo de suicidio.
- ¿Qué sería imprescindible una vez se aborde el tema?
- Que sea haga sin juzgar a la persona. Con escucha activa, que es el elemento central ante situaciones como estas. Escuchar con los cincos sentidos, escuchar para que la gente te cuente, escuchar estando presente, escuchar para que el otro note que estás ahí, que no te despreocupas... Para conseguirlo, hay que aprender a hacer bien las preguntas. Podemos decir: 'Últimamente pareces triste, ¿qué te está pasando?'. O bien: '¿Qué sientes?'. E incluso avanzar: '¿Has tenido pensamientos de hacerte daño?'.
- Al final hemos hablado poco de su libro.
- En él hay entrevistas con personas que han vivido el suicidio de alguien cercano, los supervivientes, y también algunos sobrevivientes. Lo que me gustaría decir es algo que siempre digo, que ante estas situaciones, quien pueda hacer, que haga.
Este reportaje forma parte del proyecto 'Once vidas' impulsado por EL MUNDO para la prevención del suicidio, y del que forman parte Rafael Álvarez, Yaiza Perera, Rebeca Yanke y Santiago Saiz.
























