惯性聚合 高效追踪和阅读你感兴趣的博客、新闻、科技资讯
阅读原文 在惯性聚合中打开

推荐订阅源

博客园 - 三生石上(FineUI控件)
G
Google Developers Blog
Vercel News
Vercel News
Cyber Security Advisories - MS-ISAC
Cyber Security Advisories - MS-ISAC
N
Netflix TechBlog - Medium
奇客Solidot–传递最新科技情报
奇客Solidot–传递最新科技情报
钛媒体:引领未来商业与生活新知
钛媒体:引领未来商业与生活新知
Engineering at Meta
Engineering at Meta
B
Blog
博客园_首页
量子位
博客园 - 叶小钗
L
LangChain Blog
T
The Blog of Author Tim Ferriss
云风的 BLOG
云风的 BLOG
Blog — PlanetScale
Blog — PlanetScale
F
Fortinet All Blogs
S
SegmentFault 最新的问题
宝玉的分享
宝玉的分享
D
DataBreaches.Net
雷峰网
雷峰网
The Cloudflare Blog
freeCodeCamp Programming Tutorials: Python, JavaScript, Git & More
Threat Intelligence Blog | Flashpoint
Threat Intelligence Blog | Flashpoint
Last Week in AI
Last Week in AI
P
Proofpoint News Feed
TaoSecurity Blog
TaoSecurity Blog
罗磊的独立博客
MongoDB | Blog
MongoDB | Blog
The GitHub Blog
The GitHub Blog
I
Intezer
H
Help Net Security
The Hacker News
The Hacker News
The Register - Security
The Register - Security
cs.CL updates on arXiv.org
cs.CL updates on arXiv.org
AWS News Blog
AWS News Blog
V
V2EX
Microsoft Security Blog
Microsoft Security Blog
T
Tenable Blog
Spread Privacy
Spread Privacy
A
Arctic Wolf
P
Proofpoint News Feed
T
Threat Research - Cisco Blogs
Schneier on Security
Schneier on Security
C
CERT Recently Published Vulnerability Notes
让小产品的独立变现更简单 - ezindie.com
让小产品的独立变现更简单 - ezindie.com
The Last Watchdog
The Last Watchdog
Latest news
Latest news
T
Troy Hunt's Blog
L
LINUX DO - 热门话题

Historias

La guerra de los Raluy, la saga circense centenaria que ahora gira en dos carpas Román Orús, único español en el comité de la ONU para la IA: "Puede llevar a la humanidad a una evolución nunca vista y en poquísimo tiempo" El misterio de Mar de Marchis, la mujer que mangoneó a la prensa española desde Jot Down sin que nadie supiera quién era: "Fue una fabuladora en serie" De la hoja a la raya, el sanguinario viaje de la cocaína: "Así se siente este huracán de violencia, sexo y drogas" El Mundo El fin de la era dorada de los late shows: entre el odio de Trump, los intereses de las cadenas y la caída de las audiencias El Mundo El Mundo El Mundo La huella filosófica de los dinosaurios: "Su extinción significaba que o Dios se había equivocado o el mundo no era perfecto" El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo La historia de superación de Carla, amputada de pies y manos: "Soy la misma en versión mejorada" El Mundo El Mundo El Mundo Los emprendedores que han creado "la sala VIP más grande del mundo": "Las innovaciones siempre salen de un garaje, pero la nuestra se gestó en un bar" El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo ¿Qué desean las mujeres cuando pueden desear lo que quieran? "Tinder y el Satisfyer son el espejismo de una liberación sexual fallida" De Maite a Tes, una historia de discapacidad y sexo: "Me niego a que me roben el deseo por ir en una silla de ruedas" El Mundo Trabajar, estudiar y criar sola a dos hijos: "Es complicado estar sola, pero se puede lograr" El Mundo El Mundo El Mundo El Mundo El alocado concurso para imitar el canto de las gaviotas y derribar prejuicios contra estas aves La extraña muerte de Inmaculada: el caso que precipitó el cierre de las 'cárceles' franquistas para niñas Juan Tovar: "Trump fue muy hábil explotando políticamente el atentado en Pensilvania y éste también va a intentar usarlo en su beneficio" La IA ya está destruyendo empleos... y no son los que esperábamos: "La tecnología es una variable más de nuestra precariedad laboral" El Mundo Los archivos secretos de los esclavos negros que pasaron de la América inglesa a la española Mi primer móvil a los 100 años: "Poder estar conectadas a esta edad es poder vivir mejor" Nosotros, los que tenemos que dar las peores noticias: "Hay familiares que me han llegado a tirar de la bata para que me calle" Amor en la cama, higiene en el baño, soledad en el salón, educación en la alcoba: lo que nuestros hogares cuentan de la historia de la Humanidad El Mundo El éxito de Artemis 2 allana el camino hacia el alunizaje mientras Trump propone recortar el presupuesto de la NASA Hechizados por la Luna: Artemis 2, la misión que no ha dejado indiferente a nadie Orgullo y furor en EEUU por el regreso de los astronautas de Artemis 2: el espacio entusiasma tanto a dem�cratas como a republicanos De Groenlandia a la España vacía: "El Ártico es como llegar a la Luna, pero Argujillo es como volver a un pueblo mágico del siglo XIX" El 'detective' del ADN que cambió la justicia en España: "La cal viva de los GAL no ocultó la infamia; ayudó a preservar los cadáveres de Lasa y Zabala" El oligarca que se enfrentó al Kremlin: "Si Putin hubiera querido matarme, mis probabilidades de supervivencia no superarían el 10%" Iván, toda una vida en paliativos infantiles: "Tras 10 años de quimioterapia, dejamos de perseguir la cura para que pudiera vivir sin dolor" Nuevo rumbo educativo en China: más recreos y menos tareas para paliar las consecuencias de la feroz competitividad en el país 20 años de laSexta, la tele que nació para molestar a todos: "Claro que hay gente de derechas en la cadena" Los astronautas de Artemisa 2 ultiman el salto final hacia la Luna Las tres resurrecciones de David de Miranda: "La dureza del toreo me ha forjado como persona" Macarena, de símbolo religioso a icono pop: "Es una imagen para la cultura de masas" La aventura filosófica del ping-pong: "Es adictivo, hay un consuelo casi meditativo en dar una y otra vez el mismo golpe" La vida después de los abusos sexuales en la Iglesia: "A aquel cura le diría que el daño que me hizo será insoportable hasta el día que me muera" La falacia del progreso: por qué podría ser la peor idea que ha tenido nunca la Humanidad La sospechosa simbiosis entre poder y mafia: cuando los malos fundaron los estados La analista sueca que disecciona las guerras del mundo: "Aún me sorprende cómo algunas acaparan los informativos y otras ni siquiera llegan a los titulares" La adicción de Kaley, la niña que derrotó a Meta y YouTube: ansiedad, depresión y pensamientos suicidas 'Caracafé' y sus 400 niños salvados con el flamenco: "Yo les pregunto: '¿Quieres ser astronauta? Pues astronauta serás'" Meta y YouTube, culpables de dañar la salud mental de una menor en un juicio histórico Me alegra decepcionarte: por qué desilusionar a los demás te hará más feliz Menú del día en el 'mercaurante', la cocina de supermercado que amenaza a los bares: "Comida y cena por 6,99 euros. Es lo más barato" La muerte del pensador español: "Rosalía puede triunfar en el mundo entero, pero un filósofo de aquí no" Encuentro de un trasplantado de corazón con el viudo de un donante: "Se trata de dar vida. Es lo más cerca que va a estar uno de ser un pequeño Dios" Atrapados en el infierno de la hipocondría: "Sentí que tenía Covid, esclerosis, cáncer de vejiga, infartos... absolutamente de todo" Caroline Darian: "Sé que mi padre me violó. Soy la gran olvidada del caso de Dominique Pelicot" El viaje al centro de la Tierra de Francesco Sauro: "Ves cosas que no est�n en tu cabeza y tienes sue�os muy raros" Un día en la Academia de Inventores de Zaragoza: "Aquí aprendemos cosas que no se dan en el colegio" Tecnología madrileña rumbo a la Luna: "Es la primera vez que la NASA confía un sistema crítico de su nave a una empresa española" Los peligros de creernos la especie elegida: "El excepcionalismo humano est� destinado a fracasar, pero hace mucho da�o por el camino" 278 millones en programas externos y 205 en deporte: el coste de la nueva RTVE Joselito, 40 aniversario de alternativa: "Pens� en pegarme un tiro, pero no ten�a pistola ni los cojones de Belmonte" El misterio de Margarita Beese, la falangista que acabó en prisión por querer ser un hombre Cómo los ovnis se convirtieron en una nueva religión que integra a una élite científica y empresarial: "Hay gente en el Gobierno que también cree" La segunda oportunidad de Nelson: "Existen personas abocadas a sacarte del vacío en el que te encuentras. Fui muy afortunado" El reto de hacer un telediario en la era del algoritmo y la desinformación: "Somos un filtro entre lo viral y lo relevante" Viaje al experimento digital más grande de la Historia: "La prohibición de las redes sociales a los menores supone un reajuste global del poder" Luciano Fontana, director del 'Corriere della Sera' en su 150 aniversario: "El papel de los periodistas permanecerá intacto pese a la IA" La búsqueda de Dios en la neurociencia: "Rezar o meditar activa regiones del cerebro ligadas a la emoción" En la cibertrinchera, cómo se manipula la guerra de Irán y somos bombardeados con mentiras: "No se admiten grises, esto es blanco o negro" Fernando Aramburu: "A los alumnos sus padres les han convencido de que tienen derechos, de que pueden cuestionar las órdenes del maestro" Ross Harrison, experto en Irán: "La República Islámica ha sido diseñada para resistir ataques internos y externos, pero puede colapsar" Verdades y mentiras del fen�meno therian: "Me llamaron 'puto animal'. Y yo pensaba: �pero qu� he hecho? �Qu� les molesta exactamente?" Lo que los pol�ticos populistas han aprendido de los vendedores de crecepelo: "Es la edad de oro de los charlatanes" El trabajo contrarreloj de los coordinadores de trasplantes: "Es duro ver a una madre llorando porque su hijo no puede vivir en otra persona" Tiene la cara de un bebé, duerme como un bebé, respira como un bebé... pero no es un bebé: dentro del inquietante mundo de la falsa maternidad La esv�stica y la coca�na: el pacto con los nazis que dio origen al primer gran narco de la historia El CNIO descart� por "muy d�bil" la patente con la que Barbacid ya ha recaudado 3,5 millones contra el c�ncer de p�ncreas Conspiritualidad, c�mo los hippies del desarrollo personal llevaron a Trump a la Casa Blanca: "El yoga siempre ha sido m�s pol�tico de lo que pensamos"
Por qué nos odiamos si estamos programados para estar conectados: "Nuestro cerebro no está diseñado para un mundo tan complejo"
Noa de la TorreTexto (Valencia)Marina BonillaIlustraciones Texto · 2026-03-18 · via Historias

No hay un animal sobre la faz de la Tierra cuyo cerebro tenga más neuronas que el humano. El órgano más complejo de nuestro cuerpo acumula unos 11.500 millones de células nerviosas, una cifra que explica por qué buena parte de nuestra energía se va en alimentar al cerebro. Si nuestro preciado seso representa aproximadamente el 2% de nuestra masa corporal, lo cierto es que consume el 20% de la energía del cuerpo.

Parece entonces lógico pensar que somos seres inteligentes gracias a nuestro cerebro. El éxito de nuestra especie se esconde en el cráneo. Así que damos por hecho que el tamaño de nuestro cerebro se fue agrandando durante los miles de años de evolución para permitir el desarrollo de nuestra gran arma: el pensamiento abstracto. Gracias a nuestra capacidad de razonar, inventamos la agricultura o las matemáticas, llegamos a la Luna y aspiramos a colonizar Marte. Sin embargo, no hay que descartar que estemos equivocados.

¿Y si la evolución de nuestro cerebro no la explica tanto el raciocinio como nuestra habilidad para salir de copas con amigos? ¿Y si somos seres inteligentes porque supimos agruparnos para vivir en comunidad y forjar alianzas y relaciones sociales? ¿Y si lo que nos distingue como humanos es nuestra destreza para intuir qué piensan y cómo reaccionarán quienes nos rodean? Dicho con otras palabras, resulta que igual llegamos a dominar el mundo porque somos simplemente unos tipos sociables y simpáticos.

Esta es la tesis de Matthew Lieberman (Atlantic City, Estados Unidos, 1970), cuya aclamada obra Social se publica ahora en España (Capitán Swing). «Durante mucho tiempo hemos asumido que nuestros cerebros grandes son consecuencia de nuestra capacidad analítica, pero hay estudios que sugieren que la necesidad de llevarnos bien con los demás no solo impulsó el desarrollo del cerebro, sino que esa parte social podría ser incluso más importante que la analítica para la evolución cerebral», explica el psicólogo en una entrevista por videoconferencia desde su casa en Los Ángeles. «Es algo sorprendente».

El doctor Lieberman, profesor en los departamentos de Psicología, Psiquiatría y Ciencias Bioconductuales de la Universidad de California, se refiere a la hipótesis del cerebro social desarrollada por el antropólogo Robin Dunbar a principios de la década de los años 90. Según esta teoría, el crecimiento del neocórtex en el cerebro de los primates fue lo que impulsó una vida social más compleja, en grupos más grandes y numerosos.

En su libro, Lieberman sostiene que el dominio del Homo Sapiens se sustenta así en su pensamiento social. Queramos o no, estamos programados para ser sociales: «Vivir una vida social es difícil, realmente difícil. Dependemos de las demás personas, las entidades más complejas del universo, para que produzcan nuestros alimentos, paguen nuestro salario y contribuyan a nuestro bienestar general. Este sistema dista mucho de ser perfecto, pero la evolución ha apostado, una y otra vez, por hacernos cada vez más sociales», escribe Lieberman.

Y aquí llega la gran paradoja. Si en teoría estamos programados para ser sociales, ¿por qué somos cada vez más individualistas y asistimos impasibles a la muerte en soledad de muchos mayores? Es más, si nuestro cerebro nos dicta ser empáticos con los demás, ¿por qué se propaga el odio por todo el mundo? Ser sociales mejora nuestras vidas pero, por lo que sea, nos estamos volviendo menos sociales.

Lieberman solo puede asentir: «Escribí el libro hace más de 10 años, para ayudar a la gente a comprender por qué nuestras necesidades sociales son tan importantes para nuestro bienestar, y la situación no ha hecho más que empeorar». Cuando la pandemia nos obligó a aislarnos de manera radical, descubrimos que de la soledad prolongada y de la falta de contacto social no salíamos indemnes. Aun así, seguimos apostándolo todo... al dinero. Y lo que nos dice nuestro cerebro social es que el dinero no da la felicidad.

«Los humanos han estado dispuestos a sacrificar sus conexiones sociales por algo que valoran todavía más: el dinero». El autor estadounidense se pone a sí mismo de ejemplo: vive a 5.600 kilómetros de donde nació porque se mudó a la Costa Oeste de Estados Unidos para hacer carrera, igual que antes cambió de ciudad para estudiar. Se alejó de familiares y dejó a decenas de amigos por el camino. Lo mismo podría decir cualquiera de nosotros.

«Tendemos a pensar que si ganamos dinero, estatus y prestigio, seremos más felices. Sin embargo, cuando esto va en detrimento de nuestra vida social, acabamos siendo más infelices. A medida que nos volvemos una sociedad más individualista, tenemos a más gente acudiendo a terapia por depresión y ansiedad», expone Lieberman. «Tenemos teorías sobre qué nos hará más felices y tomamos decisiones basándonos en ellas. Pero a veces estas teorías son erróneas».

De hecho, en su libro pone Facebook como el ejemplo de lo que un día -lejano, sí- nos hizo felices. En los inicios de internet, los primeros estudios sobre su impacto ya esbozaban que los usuarios que pasaban más horas navegando por la red reducían la comunicación con sus familias. Y a menos vida social, más tristeza. Ahora bien, algo cambió para que, a principios de los 2000, de repente internet se asociara con una mayor conexión social y bienestar. Hoy nos parecerá un mal chiste, pero por aquel entonces Facebook irrumpió en nuestras vidas para sacarnos una sonrisa.

Eran los tiempos en los que la red social de Mark Zuckerberg nos permitió reconectar con antiguos compañeros de clase, con los primos que vivían lejos e incluso con nuestros hermanos que estudiaban fuera. El idilio con Facebook se esfumó desde el mismo momento que abrió las puertas a la polarización. La cosa ya no iba de publicar unas fotos inocentes de las comidas familiares en Navidad.

Así que preguntamos a Lieberman qué ha pasado para que nosotros mismos actuemos en contra de miles de años de evolución cerebral. Qué sentido tiene, en definitiva, haber desarrollado un cerebro social para empatizar con los demás si el odio parece hoy el valor humano que más cotiza y la indiferencia ante el mal ajeno se extiende por doquier.

«Es una de las cosas más impactantes que he visto desde que escribí el libro», confirma Lieberman. «Me quedo atónito cuando veo a personas que se identifican profundamente con el cristianismo pero que, al mismo tiempo, creen que la empatía es una debilidad que nos impulsa a hacer cosas por quienes no se ayudan a sí mismos». E insiste: «El cristianismo se reduce básicamente a ayudar al prójimo y a los más necesitados».

"Los humanos han estado dispuestos a sacrificar sus conexiones sociales por algo que valoran todavía más: el dinero"

Matthew Lieberman, autor de 'Social'

El psicólogo admite que en los últimos años han pasado muchas cosas que podrían explicar la actual polarización social y política. Incluso se atreve a mencionar una tan determinante que «lo cambió todo»: la cadena estadounidense de noticias Fox, alineada hoy con Donald Trump. «Abundan cada vez más las fuentes que son opiniones disfrazadas de hechos, y que se adaptan a nuestra burbuja informativa particular. Esto conduce inevitablemente a una dinámica de nosotros contra ellos y, si bien estamos hechos para la empatía, también lo estamos para sacar nuestro instinto de protección frente al resto», argumenta Lieberman.

Cuando hace 5.000 años vivíamos en pequeñas comunidades aisladas, la aparición de otro grupo nos ponía irremediablemente en alerta. Algo parecido nos sucede hoy con quienes consideramos nuestros enemigos.

Lieberman no cree que estemos boicoteando deliberadamente miles de años de evolución cerebral. Apunta, eso sí, que «las circunstancias del mundo son mucho más complejas que aquellas para las que nuestros cerebros fueron concebidos».

«Nuestros cerebros no se han visto probablemente alterados en los últimos 50.000 años. Por el contrario, han cambiado nuestras capacidades y nuestra tecnología. El cambio climático ha cambiado. Así que el mundo es infinitamente más complicado». Según Lieberman, «el cerebro está diseñado para la caza y la recolección en grupos pequeños, para conocer el 90% de las caras que habrás visto para cuando tengas cinco años». Y «ese no es el mundo en el que vivimos, por lo que nuestro cerebro no está diseñado para un mundo tan complejo».

«No creo que vayamos en contra de nuestra evolución», insiste el autor, «sino que el mundo la ha superado».

Que le pregunten si no a nuestros dirigentes y políticos. A juicio de Lieberman, hay una gran contradicción entre nuestro yo social y el aro por el que pretenden las administraciones que pasemos. Es como si el andamiaje administrativo no estuviese hecho para nosotros. Si nos mueven e impulsan las necesidades sociales, la pregunta sería por qué las instituciones se centran únicamente en el cociente intelectual (el sistema educativo, por ejemplo) y los ingresos económicos (el mundo laboral).

"Hay personas que viven aisladas y sin apenas contacto social. Estar solo no te matará hoy, pero perjudicará tu salud a largo plazo"

Matthew Lieberman, autor de 'Social'

«Los políticos deberían trabajar con psicólogos», opina Lieberman. Igual que los dirigentes se apoyan en comités de expertos y consejos de asesores económicos, ¿por qué no un psicólogo en el Gobierno? «Ayudaría al político a entender cómo la gente reaccionaría a determinadas medidas, o a explicar decisiones difíciles para que la gente se comprometa».

Lieberman propone volver a poner el foco en esa parte social de nuestro yo, porque nos va el futuro en ello. Y la salud: «Hay personas que viven aisladas y sin apenas contacto social. Se puede vivir así, aunque la evidencia sugiere que vivirás menos. Estar solo no te matará hoy, pero perjudicará tu salud a largo plazo».

De nuevo, hay que mirar a nuestros antepasados para entender cómo lo que mantiene nuestro sistema inflamatorio bajo control es justamente el estar conectado con otras personas. Quien tenía que salir solo a cazar debía estar alerta y preparado para cualquier peligro. Siempre era más seguro adentrarse en grupo en la selva. Por eso, «el cuerpo parece saber que, estando solo, debe activar el sistema inflamatorio para protegernos». Y la inflamación, que en un determinado momento puede ser beneficiosa, según Lieberman, «resulta perjudicial cuando se mantiene de forma crónica».

Un último dato para acabar de convencernos de que la conexión social nos ha permitido sobrevivir como especie. ¿Acaso no nos duele cuando los vínculos sociales se rompen? Podemos fracturarnos una pierna y quejarnos amargamente del dolor físico durante días e incluso semanas. Pero la muerte de una madre o de un hijo la sentimos durante años. «El dolor social es real, al igual que el dolor físico», porque ambos procesos mentales «se apoyan en mecanismos neuronales comunes». La cuestión es que ese sufrimiento social es el precio que pagamos por ser humanos.