








Tras las bambalinas del pabellón de la Mercedes-Benz Fashion Week, el trajín de las modelos, las carreras de los estilistas y el vapor constante de las planchas parecen disiparse en torno a la figura serena de Antonio del Canto. Graduado hace apenas tres años de la Universidad de Diseño Innovación y Tecnología (UDIT), el joven creador, de 26 años, se rodeaba de aquel caos con la gran responsabilidad de exponer su talento, potencial y reputación en una de las semanas más importantes de la industria de la moda.
Con poco más de un desayuno en el estómago, el joven diseñador llevaba desde temprano en una de las aulas de la Universidad de Nebrija, donde (con aparente tranquilidad) se disponía a dar el salto más decisivo de su vida: lanzar por primera vez una colección de 38 piezas, hechas cada una por sus propias manos. "Yo no solamente coso. Yo diseño, corto, patrono, ensamblo, modelo. Todos esos son gastos reducidos", explica. Todas las prendas, algunas inspiradas en su pueblo de origen en Cádiz y otras en Madrid u otras metrópolis, cobrarían vida en lo que por esta semana no es el patio interior de la institución universitaria, sino un conjunto de pasarelas conectadas entre sí.
Sin embargo, el camino hasta consagrarse en el calendario oficial del evento no ha estado exento de estrategia y determinación. Tras haber participado en ediciones anteriores en la plataforma EGO, destinada a figuras emergentes, para esta cita prefirió curarse en salud e ideó incluso colecciones paralelas por si el férreo comité de selección de Mercedes-Benz no le otorgaba una plaza entre los consagrados. La noticia de su admisión trajo consigo una inevitable dosis de presión sobre sus hombros. Sabía que estar en ese escaparate privilegiado implicaba la responsabilidad de demostrar ante la crítica más exigente, los compradores y los directores de las grandes cabeceras por qué merecía ese lugar y no otro.

Uno de los diseños de Antonio del Canto en la MBFW
Para lograrlo, los últimos meses de Antonio han estado envueltos de telas, agujas, cintas métricas, bocetos y perchas para, entre muchas cosas y con un presupuesto que sobrepasa por poco los diez mil euros, demostrar su capacidad artística e ir haciéndose un nombre en la industria. Como resultado, optó por una propuesta coherente pero diversa, con piezas fieles a su estilo monocromático, gótico y algo romántico, elaboradas sin descanso los siete días de la semana, desde las 9:00h hasta las 22:00h de la noche.
Ahora, de caminar por los alrededores del recinto como profesor, ha logrado recorrer los pasillos de la universidad pero, esta vez, como la mente maestra detrás de los diseños que pisaron aquellas pasarelas. Con una colección variada (en la que no faltaban colores sobrios junto a otros más vibrantes como el rosa, el amarillo o un verde vibrante), Antonio pasó poco más de dos meses haciendo realidad lo que en un principio fueron solo dibujos o telas sueltas sobre maniquíes, un método que utilizaba para inspirarse. Para él, no siempre hay que crear desde la pluma ni el papel; en ocasiones, basta con soltar los tejidos sobre la forma y observar qué figura pueden adoptar de manera espontánea.
La propuesta "está basada en el tocador femenino, y en todas las siluetas y formas orgánicas que se pueden encontrar, como pueden ser frascos de colonia, con mucho volumen o siluetas de globo", explica. A partir de la geometría pura y de la sensualidad de esos frascos, el creativo gaditano traduce dichos objetos en siluetas arquitectónicas que oscilan entre el rigor de la sastrería clásica y la escultura textil contemporánea. En medio de este repertorio de vanguardia, destaca un rotundo look confeccionado íntegramente en piel, inspirado en Ubrique, cuna indiscutible de la marroquinería de lujo donde las grandes firmas internacionales mandan a elaborar sus piezas más preciadas. "Ese look es un homenaje a mi tierra", recalca orgulloso.

Uno de los diseños de Antonio del Canto en la MBFW
El idilio de Antonio con la aguja no es una vocación sobrevenida por las tendencias de las redes sociales. Con apenas cinco años, ya repetía a todo el que quisiera escucharle que de mayor sería diseñador de moda. En los bares del pueblo, cualquier servilleta o papel de estraza se convertía en el lienzo improvisado donde garabateaba vestidos sin saber muy bien qué significaba realmente esa profesión.
Años más tarde llegó el choque con la realidad académica, donde comprendió que la moda no vive únicamente de la fantasía que despide la pasarela, sino que es una industria exigente donde el negocio y la viabilidad comercial dictan sentencia. Tras graduarse, su trayectoria pasó por el engranaje de una firma en París, el regreso al calor de sus orígenes en Cádiz y, finalmente, el desembarco en Madrid, donde hace apenas año y medio decidió arriesgarlo todo para impulsar su propia marca.
Este debut oficial no llega a la vida de Antonio como una sorpresa, sino como la consecuencia natural del eco que ya ha generado en el panorama musical y de la cultura popular. A su portfolio se suman nombres como Nathy Peluso, Ana Mena, Belén Aguilera o la propia Aitana, a quien vistió para su esperada gira. Esta última supuso un gran reto al tener que elaborar vestuarios artesanales capaces de sobrevivir a las exigencias de un escenario: "Tuve que dar con la fórmula para crear prendas de apariencia delicada, trabajando con tules gruesos y estructuras tenaces sin varillas ni corsetería rígida, que soportaran la exigencia física, los movimientos bruscos y el baile de una estrella". Asimismo, su experiencia con personalidades le ha hecho volverse cada vez más selectivo: "Muchas veces se pide ropa para artistas, influencers o celebrities y no renta, porque supuestamente se cede para obtener crédito en redes, pero hay ocasiones en las que ni lo dan. Yo ya no trabajo así".

Aitana con un diseño personalizado de Antonio Del Canto
Al ser preguntado sobre sus referentes, el diseñador no oculta su fascinación por los grandes maestros de la fantasía como John Galliano, Alexander McQueen o Thierry Mugler, de quienes hereda esa querencia por llevar el patrón clásico hacia terrenos audaces. Aunque es consciente de que el mercado convive con el fast fashion como un elemento que democratiza el acceso a la moda, defiende con vehemencia la necesidad vital de preservar los oficios tradicionales y la distinción de la costura hecha a mano: "Hay que tener cuidado porque los oficios se tienen que mantener, y todas las clientas quieren llevar alguna vez en su vida algo hecho a medida".
En cuanto a su futuro a nivel nacional, no duda en confesar su mayor deseo estilístico: "Todos los diseñadores se mueren por vestir a la Reina Letizia, así que yo también me incluyo". En el plano internacional, sueña con vestir a un icono imperecedero como Madonna y no oculta su aspiración de cruzar el charco hasta la MET Gala en Nueva York con musas de la talla de Rosalía o Penélope Cruz. "Soy español, claro que voy con Rosalía a la MET", apunta entre risas.
Con el estallido final de la música en el desfile, cuando las piezas irrumpen de forma triunfal sobre la pasarela entre las ovaciones de los asistentes, se hace evidente que los meses de aislamiento, agujas clavadas y jornadas maratonianas han merecido la pena. Antonio del Canto no solo ha superado el examen de su debut en la Mercedes-Benz Fashion Week, ha demostrado que la firmeza de sus convicciones, por las que se autodescribe como un "cabezota", son la mejor carta de presentación para escribir el futuro de la moda española

Uno de los diseños de Antonio del Canto en la MBFW
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