Cinco jóvenes analizan las barreras que frenan la creación de nuevos proyectos

Mesa de trabajo de emprender u opositar.
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Emprender o hacerse funcionario. Es la pregunta que muchos jóvenes se hacen últimamente. La idea de un puesto en el sector público resulta muy atractiva por la estabilidad que ofrece -aunque también exige muchos años de estudio- sobre todo por el contexto donde el mercado laboral está marcado por la precariedad. Sin embargo, aún hay quienes regresan a ver al emprendimiento como una salida de tener el control de sus vidas. De hecho, el 30% de los jóvenes españoles ve oportunidades de emprender, pero sólo el 8% termina lanzándose de verdad.
¿Por qué hay tantos que dan un paso atrás y cómo se puede reducir esas barreras? Esto es lo que cinco jóvenes de diferentes sectores revelan en la mesa de trabajo organizada por EL MUNDO y Future Makers.
En España, solo el plazo medio de tramitación presencial para crear una empresa es de 55 días, pero antes y después hay más procesos que cumplir. Unos para garantizar la seguridad de los emprendimientos, pero otros que los jóvenes consideran que se podrían agilizar o que incluso ignoran su existencia. Por esto, la complejidad administrativa es uno de los principales obstáculos para dar el gran paso. «Llegas y ya es burocracia, papeles... es un muro enorme que no puedes saltar», lamentaron. Otro describió el inicio de un proyecto como un proceso que te «abruma muchísimo» debido a la carga corporativa y termina en una historia de «pagar, pagar y pagar» cuotas de autónomos incluso antes de haber facturado nada.
Este foro, desarrollado en colaboración con The European House Ambrosetti, es posible gracias al apoyo de Amazon, Astrazéneca, Cunef, EY, Fever, Fundación La Caixa, Generali, Glovo, Marina de Empresas, Philip Morris y Telefónica.
Y, aunque existen recursos como los Puntos de Atención al Emprendedor, «la información está, pero tienes que ponerte a rascar mucho para encontrarla», por lo que apuestan por un modelo en que la información sea más accesible y les permita «conocer las reglas del juego».
Más allá de los números, existe un estigma social que pesa sobre quienes deciden arriesgarse. Según explicaron, en España se juzga el emprendimiento según la edad: «Si eres joven, te meten en el grupo de los ilusionados de turno; y si decides emprender a los 30, dicen que es la crisis». A este juicio externo se suma la barrera interna del «síndrome del impostor» y la presión de las expectativas familiares, donde a menudo se espera que los jóvenes sigan caminos tradicionales, como la medicina, en lugar de crear algo nuevo.
El sistema educativo tampoco parece remar a favor de la innovación. Los participantes señalaron que se prioriza la memorización sobre la iniciativa propia: «No se nos educa en tener ideas, sino en sacar y aprobar un examen». Esta falta de base, junto a la búsqueda de estabilidad una vez que se consigue el primer empleo, hace que muchos prefieran quedarse en su «zona de confort».
A su juicio, en lugar de buscar la masividad inmediata, propusieron «reforzar las estructuras de apoyo local» para resolver problemas cercanos antes de intentar la expansión internacional, lo que es ambicioso, pero puede complicar la mentalidad si no se logran los objetivos.
Por otro lado, los jóvenes advirtieron sobre la idealización del éxito en las redes sociales. Frente a la imagen de libertad total o de «trabajar desde la playa», los ponentes reivindicaron una visión más realista: «Esa idea de que el dinero llega del cielo es una expectativa que no es real». Por el contrario, apelaron a recuperar la «cultura de sacrificio» de generaciones anteriores, centrada en el esfuerzo diario y en el impacto local.





















