A golpe de tijera y costura nocturna, Carolina ha convertido las gradas del Mundial en su propia pasarela de streetwear gracias a sus virales diseños para Claudia Rodríguez

Claudia Rodríguez, mujer de Cucurella, con tres de los estilismos que ha lucido durante el Mundial y de los que ha presumido en redes.
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Hay fenómenos que no se planean, se cosen. Mientras la Selección española avanza con paso firme en el Mundial, en las gradas y en las redes sociales se libra otra competición estética que ya tiene una ganadora indiscutible, Claudia Rodríguez, la mujer del futbolista Marc Cucurella. Sus estilismos, que fusionan la estética futbolera con un potente ADN urbano, se han vuelto virales, despertando la fascinación de miles de seguidores. Detrás de esta revolución visual no se esconde una gran multinacional, sino las manos, el talento y las infinitas horas de trabajo de Carolina Castellote, una diseñadora y creadora de contenido de 30 años que está demostrando que la moda y el fútbol pueden hablar el mismo idioma.
Todo comenzó de la manera más orgánica posible, en el ecosistema digital donde el talento a veces encuentra su altavoz idóneo. "Surgió de forma muy natural", relata Carolina a LOC. "Claudia vio un vídeo mío customizando camisetas de fútbol, me escribió porque quería una y conectamos enseguida". Empezó como un flechazo estético y se transformó en el gran reto de diseñar el armario de la influencer para la cita mundialista.
Un encargo contrarreloj, apenas dos semanas entre el diseño conceptual y la confección exprés para enviar las prendas a Barcelona antes del viaje. Cinco o seis looks iniciales que, debido al arrollador éxito mediático y al avance de la Selección, ya se están quedando cortos. "Ahora me dice: '¿Qué hago, que me quedo sin looks?'. Ya estamos preparando más cosas para las eliminatorias", afirma la diseñadora.
El secreto del impacto está en la diferenciación. Carolina detectó un vacío en el mercado: "Para el público femenino no hay camisetas de fútbol con un diseño enfocado a la chica, al final son las prendas básicas y anchas de siempre". Su respuesta fue meter la tijera, reestructurar patrones y añadir bordados, trabajando en un proceso de cocreación absoluta con Claudia. Sin embargo, trabajar con este tipo de textil es una disciplina de alto riesgo. "El problema de las camisetas de fútbol es que, una vez que coses, si tienes que rectificar, le salen agujeritos a la tela. No puede haber mucho ensayo y error porque las piezas estaban contadas", desvela al recordar la presión de tener que desechar alguna prenda en el proceso de corte por la delicadeza del tejido.
A sus 30 años, Carolina encarna a la perfección la figura de la joven creadora multidisciplinar. Lleva siete años dedicada a la customización desde que terminó la carrera, un oficio artesanal y exigente que compagina con una faceta como creadora de contenido. Su rutina es extenuante. Jornadas interminables en el taller que se prolongan hasta la madrugada en el sofá de casa, editando los vídeos que sube a TikTok e Instagram. "A veces vivo un poco en automático, voy semana a semana y casi no tengo tiempo de pararme a pensar en todo lo que estoy logrando", dice.
Esa saturación y el deseo de expandir su negocio la han llevado a dar el salto definitivo, el lanzamiento de su propia marca de streetwear. El objetivo es delegar la producción en fábricas para poder diversificar los puntos de venta, un camino que define como complejo y económicamente inestable. "Se romantiza mucho la moda y la creación de contenido, pero detrás hay un trabajo tremendo. A veces veo a mis amigas irse el fin de semana a la playa y yo tengo que quedarme trabajando", admite, al tiempo que reclama más ayudas institucionales y una reducción en la cuota de autónomos para los jóvenes que deciden emprender en una industria tan voraz.
Con prendas que oscilan entre la accesibilidad y la exclusividad de sus cotizados bolsos confeccionados con gorras (su pieza más cara cuesta en torno a los 145 euros), el horizonte de Carolina no parece tener techo. Aunque el presente inmediato la obliga a centrarse en el despegue de su firma, descarta los desfiles a corto plazo, pero no los sueños ambiciosos.
Al ser preguntada por su musa absoluta, no bromea, Rihanna. "Tiene muchísima personalidad, no le importa ponerse lo que quiera y disfruta vistiéndose sin miedo al qué dirán". Un espíritu libre e irreverente que encaja a la perfección con la filosofía de esta diseñadora que, puntada a puntada, está cambiando las reglas del juego en el palco del estadio.




















