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Anatom�a del quilismo
Jorge Bustos · 2026-05-01 · via Columnistas

Bajad las armas

El �nico pol�tico que ha entendido el quilismo es Rufi�n. Precisamente porque fue recibido en la pol�tica profesional con el mismo estimulante desprecio con el que Quiles fue recibido por el periodismo profesional

Imagen del canal de Vito Quiles donde una alllegada de Bego�a G�mez agarra al periodista.

Imagen del canal de Vito Quiles donde una alllegada de Bego�a G�mez agarra al periodista.Eda TV

Actualizado

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Cometemos el error de juzgar a Vito Quiles subidos al pedestal de la deontolog�a. Abrazados a la cari�tide del periodismo con la misma ciega ferocidad con que la nueva mucama de do�a Bego�a se encarama a la chepa del muchacho en el �ltimo gran meme nacional. El solemne cors� de lo corporativo estrangula las neuronas: as� nunca vamos a comprender la naturalidad con la que la chavaler�a acepta el quilismo como suced�neo v�lido del periodismo. Para eso debemos olvidarnos del manual acad�mico del oficio, igual que si queremos conducir por Madrid sin estrellarnos renunciaremos a las consignas del examen te�rico.

Vito Quiles es menos interesante que el quilismo. Que no es un g�nero period�stico sino dramat�rgico, como el microteatro o el mimo. El quilismo tampoco es novedoso: es un situacionismo, y Guy Debord expuso sus presupuestos doctrinales en 1967. Para Debord la vida cotidiana en la sociedad capitalista se reduce a una aburrida sucesi�n de representaciones y mercanc�as. Para salir de la alienaci�n y recobrar la autenticidad es preciso que cada ciudadano rompa en artista y transforme la rutina urbana en escenario de sus insolentes performances. Pas� en los �ltimos a�os del aznarismo, con el auge de los falsos reporteros de Caiga quien caiga, y pasa en estos est�lidos estertores del tardosanchismo (aliteraci�n): lo �nico que cambia es el signo ideol�gico del esc�ndalo. Y cambia porque el esc�ndalo, para serlo, debe dirigirse contra la moral establecida. Que hoy por hoy viene dictada por la sincron�a progre.

Quiles no necesita haber le�do a Debord para saber que su mera presencia desata el espect�culo que necesita su p�blico, aburrido de la turra de los polit�logos. Ese poder no se debe a su destreza sino, como en el judo, a la inercia fan�tica de su adversario. La v�ctimas de los escraches de la izquierda -de Esperanza Aguirre y Ana Botella a Bego�a Villac�s o Cristina Cifuentes- contaban con la ventaja del temperamento liberal-conservador, donde no penetra f�cilmente el sectarismo ce�udo del tonto antifascista: antes muertas que perder los papeles ante una turba. En cambio Vito sabe que puede contar con la furia incontrolable de aquellas a las que llama charos. As� que repite la obra una y otra vez.

El �nico pol�tico que ha entendido el quilismo es Rufi�n. Precisamente porque fue recibido en la pol�tica profesional con el mismo estimulante desprecio con el que Quiles fue recibido por el periodismo profesional.