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Semana negra en la carretera perdida
Manuel Arias Maldonado · 2026-05-31 · via Columnistas

Los votantes de Sánchez han llegado a creer que todo vale con tal de que no gobierne la derecha

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.EFE

Actualizado

No parece necesario subrayar la gravedad de lo que tenemos delante: un auto judicial ha confirmado la sospecha de que los cinco días de abril durante los que Pedro Sánchez dijo encerrarse a meditar su dimisión solo fueron un simulacro destinado a encubrir una estrategia de corte mafioso -temo que sea le mot juste- consistente en presionar o sobornar a los servidores públicos encargados de investigar la corrupción. ¡Casi nada! Aunque se ha dicho que es el Watergate de Sánchez, los sicarios de Nixon solo pusieron micrófonos y robaron documentos. Es así comprensible que el subconsciente traicione a quienes denuncian un golpe de Estado, ya que el Gobierno ha querido ciertamente dar un golpe al Estado. Y casi lo consigue.

Toca responder a la pregunta decisiva: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Es sencillo: un partido sistémico se ha hecho populista y millones de ciudadanos lo han seguido en lugar de abandonarlo. Sus votantes han llegado a creer que todo vale con tal de que no gobierne la derecha; celebran la colonización de las instituciones y participan de la demonización del adversario. Pero semejante estado de opinión no hubiera podido generalizarse sin la colaboración de esos medios de izquierda que -subraya Ramón González Férriz- han rehusado hacer su trabajo. Si hubieran marcado límites a Sánchez, los votantes de adscripción progresista habrían comprendido que quizá todo no valga y el Gobierno -encuestas mediante- hubiera moderado su conducta. Digamos que no hacía falta pedir el voto para Feijóo; bastaba con fiscalizar a Sánchez. Y ya se ve que era mucho pedir.

Por eso cabe atribuir una especial responsabilidad a quienes -periodistas, intelectuales, literatos- han venido denunciando con autosatisfacción grandilocuente las amenazas que sufre la democracia global mientras apoyaban al líder que aquí la pone en peligro. ¡Es de los suyos! Me recuerdan al protagonista de Carretera perdida, la película de David Lynch: un músico asesina a su mujer y al ingresar en prisión experimenta un desdoblamiento de la personalidad que le permite «olvidar» el crimen que ha cometido... al contarse a sí mismo una historia distinta sobre lo sucedido. Es la única manera de explicar la distorsión cognitiva de quienes se ven a sí mismos como campeones de la democracia y contribuyen a su degradación: clamando contra el distante Trump y callando ante el cercano Sánchez. Amigos de dar lecciones, bien podrían rectificar; esto aún no ha terminado y quizá solo acaba de empezar.