Si es verdad lo que sostiene el círculo cercano al expresidente, entonces no tendrá difícil acreditarlo.

José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del GobiernoAraba Press
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No hay delito alguno en heredar de nuestros mayores ni tampoco en recibir regalos de quienes quieren agasajarnos. Por eso llama la atención que la secretaria de José Luis Rodríguez Zapatero, Gertrudis Alcázar, se opusiera frontalmente a abrir la caja fuerte del expresidente cuando se lo pidió la Policía.
Podía, si hubiera querido, explicarles a los agentes que en su interior iban a encontrar un buen lote de joyas que el socialista y su mujer habían recibido en herencia así como obsequios de sus viajes internacionales, pero por alguna razón quería ocultar lo que había en su interior. Una actitud ya de por sí algo inculpatoria.
Si es verdad lo que sostiene el círculo cercano al expresidente, entonces no tendrá difícil acreditarlo. Primero, porque para heredar ha de mediar un notario que adjudique los bienes mediante escritura pública y, segundo, porque al recibir un lote de más de cien joyas cualquier contribuyente tiene obligación de tributar.
La Agencia Tributaria exige que si se recibe un regalo, sobre todo si es de cierto valor, se declare en el Impuesto de Donaciones, incluso en aquellas comunidades en las que está bonificado casi al 100%, mientras que si se hereda de una persona fallecida se pasa por caja con el Impuesto de Sucesiones.
Si, además, se da la circunstancia de que con esas dádivas se supera cierto umbral de riqueza, también habrá que tributar por el Impuesto de Patrimonio.
Es lógico pensar que Zapatero conoce cuáles son sus obligaciones fiscales y las de su esposa y que habrá cumplido debidamente con Hacienda al recibir semejante alijo de piedras preciosas, algo que además servirá para acreditar su valor y acabar con las especulaciones.
La Agencia Tributaria nunca se pronuncia sobre contribuyentes concretos pero sus dirigentes ya habrán podido comprobar, si su curiosidad les anima, si efectivamente el expresidente ha tributado por el contenido de su caja fuerte. De no ser así, podrían enviarle uno de sus famosos avisos, como los que están mandando estos días a los contribuyentes de a pie que sospechan que se han equivocado al presentar la Declaración de la Renta. Si los mortales tienen miedo de que Hacienda se meta hasta cuando reciben regalos de boda, Zapatero debería haber contribuido a las arcas públicas por sus llamativas joyas.
























