Protagonista de la serie 'Los años nuevos', de Rodrigo Sorogoyen, y figura imprescindible del teatro español actual. Participa en 'Tres adioses', la nueva película de Isabel Coixet, que se estrena el 6 de febrero y que supone su primer papel en italiano.

Francesco Carril (Madrid, 1986).
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- En la película, su personaje pasa de quedar con la persona que le gusta a causa del fútbol. ¿Lo ha hecho usted alguna vez?
- De ninguna manera. Yo es que soy más de tenis.
- ¿Y por el tenis?
- No, tampoco. Hace mucho que no juego. De adolescente sí jugaba. Pero me sigue gustando verlo, porque tiene mucho de hipnótico. Es un deporte en el que tienes que pensar muy rápido, donde la estrategia la tienes que hacer casi mientras estás jugando. Por eso necesitas mucha agilidad mental.
- ¿Sus jugadores fetiche?
- Me gustaba mucho Nadal. Y ahora Alcaraz.
- ¿Por qué el amor es un tema que no se agota nunca?
- Es algo sobre lo que teorizamos mucho, pero de lo que, en el fondo, sabemos muy poco. Un lugar donde somos muy vulnerables. Y que además mueve prácticamente todo. No solamente el amor romántico, sino también el amor por lo que hacemos. Es algo de lo que necesitamos hablar, y mucho.
- ¿En qué sentido?
- Siento que cada vez que nos encontramos con alguien, cada vez que amamos a alguien, tenemos obviamente una mochila, pero también es un comienzo, una vuelta a empezar. Lo suelo comparar con cuando empiezo un proyecto, ya sea de teatro o de cine. He hecho muchas obras y muchas pelis, pero cada vez que me meto en una nueva es... ¿Cómo se hacía esto? ¿Desde dónde empezaba yo? Pues en el amor también es un poco así. Nos da la sensación que no sabemos nada.
- ¿Qué le parece la mirada de Isabel Coixet sobre el amor?
- Ella dice mucho esto de que si hubiera sufrido menos, habría sido igual de buena en las cosas. A veces nos empeñamos en pasarlo mal y no nos damos cuenta que podríamos ser igual de eficientes sin el sufrimiento. Pero siento que Isabel tiene una confianza bonita hacia el amor.
- En cierta forma, 'Tres adioses' vuelve a una de las primeras películas de ella, 'Mi vida sin mí'.
- Tengo amigos dramaturgos y directores que siempre me dicen que, en realidad, se pasan la vida escribiendo sobre lo mismo. Lo cual me recuerda a otra situación: te pasas años en terapia y, en realidad, estás todo el tiempo hablando de dos cosas. Lo que pasa que esas dos tienen que ver con otras muchas, aunque la herida es una. Al final, los temas son muy pocos y todo es repetición.
- ¿Le da vueltas al final de la vida?
- No pienso mucho en la muerte, no porque la rehúya o porque no quiera hacerlo. Reconozco que lo hago cuando se me pone delante algo que me recuerda a ella, ya sea porque alguien muere o porque esté viendo algo que me conecta con ella. Siento que estoy muy apegado a la vida, que soy una persona muy curiosa que está muy hacia afuera.
- ¿Cuánto hay de Francesco y cuánto de personaje en su trabajo?
- El concepto de personaje es a veces un poco tramposo. Prefiero pensar que tengo unos rasgos de personalidad y preguntarme qué pasa si los cojo y los estiro un poco. Ahí, de alguna manera, ya dejo de ser yo, empiezo a habitar otro cuerpo, otro carácter. Me inclino más a pensar eso que a tener que encarnar a otra persona. No me puedo olvidar que soy yo quien está actuando ahí.
- Recuerdo que cuando usted protagonizó 'Los brutos', en el Centro Dramático Nacional (CDN), escuché a mucha gente decir de su interpretación: "Es que soy yo".
- Curiosamente, a lo largo de mi carrera he hecho muchos 'alter ego'. Es decir, que hay directores que han visto en mí la posibilidad de hacer de ellos mismos o de personas muy cercanas. No me considero un actor que componga demasiado a nivel de personaje. A veces me encantaría hacerlo, pero reconozco que me da un cierto reparo.
- ¿Por qué sucede esta conexión?
- Tiene que ver con la forma en que te relacionas con el público. Siempre intento que la gente se sienta como si estuviera en el salón de su casa. Y para eso te tienes que colocar un pelín por debajo del público. Si estás un poco por encima del espectador -hablo de una dimensión de pensamiento- hay algo que, igual que en la vida, genera una distancia. Pero de la otra forma pueden empezar a suceder cosas. Te puedes identificar con lo que ocurre ahí.
- ¿Cómo?
- Hay que saber generar empatía. Que es muy distinta de la simpatía. La primera tiene un punto de partida: No tengo ni idea de lo que te está pasando, no sé qué estás atravesando. Y a partir de ahí puede haber una conexión y dejarte llevar por el encuentro. El problema es cuando digo: "Sé perfectamente lo que te está ocurriendo". Ahí creo que hay algo un poco más impuesto.
- 'Tres adioses' es su primer papel en italiano.
- Mi madre es italiana. Yo nací en Madrid y estudié en el Liceo Italiano desde los 3 hasta los 18. Y luego, los veranos, estaba en Italia desde junio hasta septiembre. Tengo familia allí (mi hermano, mi abuela, mis tías...) y he tenido una conexión muy fuerte con Italia. Sobre todo porque para un adolescente es muy importante el lugar en el que pasas los veranos. Mis primeros amores fueron en Italia y en italiano. Yo era una especie de chico exótico que llegaba de Madrid y luego desaparecía. Entonces, he desarrollado una conexión emocional muy fuerte con ese idioma. Lo que pasa es que cuando volvía a España, dejaba de usarlo. Y ahora que he rodado esta 'peli' me ha pasado algo muy fuerte. El idioma me ha conectado con muchas cosas muy primarias, que yo ni sabía, que estaban en el inconsciente. Creo que hasta me ha cambiado la música de la voz.
- ¿Por qué le damos tanta importancia al lenguaje?
- Tenemos demasiada confianza en las palabras. Y creo que éstas empiezan a poder hacer cosas cuando nos damos cuenta de que no pueden hacer nada. De hecho, muchas veces decimos: "No tengo palabras". Nunca son suficiente. Hay muchas situaciones en la vida que las pasamos intentando decir lo que queremos decir. Y lo que pensamos es, en general, mucho más interesante que lo que decimos. Estamos muy acostumbrados a la prosa, creemos que el verso y el lenguaje poético son algo marciano, pero me da la impresión que pensamos mucho en verso. Lo que pasa es que luego la traducción que hacemos es muy prosaica.
- Todo esto tiene igualmente un lado negativo.
- Las palabras son también una herramienta muy peligrosa, pero tiene que ver más con las personas que le dan ese uso a esas palabras y con un momento en el que contrastamos muy poco las cosas. Tragamos mucho lo que nos dicen y apenas hay espíritu crítico. Y también se nos medio obliga a tener una opinión clara, definida y concreta sobre muchas cuestiones. Cuando este lugar tan frágil de la duda está en un momento delicado. Decir "no sé" genera una cierta controversia.
- ¿Tal vez tenga que ver con el nuevo ecosistema de la sociedad de la información?
- Desde el momento en que empecé a hacer teatro, he ido notando una caída del nivel de atención. Me pasa a mí, que cada vez me cuesta más prestar atención a las cosas. Por eso, todo espectáculo que sea en vivo, ya sea ir al cine, al teatro, a un concierto, elegir salir de tu casa para ir a un lugar donde abandonas el teléfono durante dos horas y generas un encuentro... me parece un oasis, un lugar maravilloso. Yo todavía me sorprendo cuando veo 500 personas que han decidido venir a ver una obra, con todos los estímulos que hay, con todo lo que hay por hacer. Me conmueve mucho. Y me parece que es un punto de encuentro que no va a dejar de existir. De verdad creo que el teatro tiene mucho porvenir.
- ¿En qué momento se encuentra ahora?
- Este año voy a cumplir 40. He hecho 'El entusiasmo' [de Pablo Remón, también en el CDN], que es una obra que habla de la crisis de esta edad, y me ha hecho pensar mucho y me ha arrasado en muchos aspectos. Pero tengo una relación bastante bonita con mi pasado, me siento bastante en paz. Y pienso que tengo la fortuna de haber podido vivir muchas vidas en una. Con lo que tengo más problemas es con el futuro.
- ¿Qué lugar del mundo siente que ocupa la gente de su edad?
- No sé si la generación de mis padres entiende muy bien a la mía. Algo así como mirar y decir: "No sé quién es esta gente". Sobre todo con algunos temas. Por ejemplo, el amor. En general, tenían 'un' amor. Y nos miran y, volviendo a Zygmunt Bauman, se preguntan: ¿Qué es esta liquidez?
¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Y qué respondió?
Pues fue una doble, hace poco: Primero, que cómo llevaba yo ser el guapo de la película [ojos muy abiertos y encogimiento de hombros]. Y la otra, que si Jonás Trueba me daba permiso para trabajar con otros directores.






























