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Cultura // elmundo

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El Mundo
Raquel R. Incertis MadridMadrid · 2026-08-06 · via Cultura // elmundo

Cristina, Agustín, Lluïsa y María José tienen varias cosas en común. La primera: los cuatro son melómanos redomados. La segunda: dejaron atrás la adolescencia hace ya varias décadas. La tercera: todos reconocen haber cometido muchas locuras por amor. Como viajar hasta Kazajistán, por ejemplo.

Tras esas tres coincidencias se asoma una cuarta, quizá la más relevante: su pasión por Dimash Qudaibergen.

«Antes de Dimash yo vivía mi vida con normalidad, con mi trabajo, mi marido, llevando a mis hijas a las extraescolares, haciendo las cosas de la rutina», explica Cristina, policía catalana de 47 años. «A partir de conocerle, se me ha abierto un mundo nuevo, con nuevas ilusiones, personas y objetivos vitales».

«Para mí es una forma de vida. No puedo pasar un día sin escuchar su voz, desde que me levanto hasta que me acuesto», añade Agustín, sevillano de 59 años residente en Barcelona. «He tenido dos cánceres y me han dado tres infartos, pero cada vez que me sentía amargado recurría a Dimash para llenarme de esperanza. Las enfermeras me preguntan por él, y también mis amigos, como si fuera un miembro más de mi familia».

¿Quién es y de dónde ha salido Dimash Qudaibergen? Una rápida búsqueda en Internet devuelve lo siguiente: «cantante, compositor y multiinstrumentalista kazajo cuya voz ha conquistado al mundo con un rango vocal de seis octavas y una versatilidad que abarca desde la música clásica hasta el pop contemporáneo».

En efecto, la historia de Dimash comenzó en Kazajistán en 1994. Nacido en una familia de músicos, empezó a tocar el piano y a cantar desde muy pequeño. Su talento lo llevó a ganar concursos internacionales como Singer 2017, una especie de Got Talent chino que lo catapultó al reconocimiento en Asia y Europa del Este. Desde entonces, ha acumulado millones de seguidores y ha llenado salas de conciertos en los cinco continentes, interpretando piezas líricas, baladas, canciones tradicionales kazajas y música bailonga de los 70 y 80.

Más allá del fenómeno global, sus dears -nombre con el que se conoce a los fanáticos de Dimash- definen a su ídolo con palabras mucho menos asépticas. Para ellos, es casi como una religión. Lluïsa, jubilada de 79 años natural de Zaragoza, cuenta que lo conoció en 2018 a través de un vídeo en YouTube. La interpretación de uno de sus primeros éxitos, SOS d'un terrien en détresse, la dejó completamente anonadada.

«Aunque desde joven había seguido a otros cantantes, no tiene nada que ver con lo que significa Dimash para mí», asegura Agustín. «Me gustan decenas de artistas de diferentes estilos y he ido a muchísimos conciertos a lo largo de mi vida: Ed Sheeran, James Brown, Lewis Capaldi, BTS, Stray Kids, Alan Walker, EXO, Imagine Dragons, Coldplay... Soy una loca de la música, pero Dimash es mi número uno».

Los caprichos del algoritmo hicieron que esa misma actuación de SOS conectase con Agustín dos años y medio más tarde, en medio de las restricciones por la pandemia de coronavirus: «Estaba de vacaciones, aburrido y desmotivado por no poder bajar a Sevilla a ver a mi familia, y me puse a ver YouTube. Entonces me crucé con Dimash por primera vez», recuerda.

«Fue tal la emoción que me invadió con su música que no lo podía asimilar. Llamé a un amigo, sobresaltado y gritando: ¡Lo he encontrado, lo he encontrado!», relata. «Después tuve que ponerme a los Mojinos Escozíos y salir a la calle a dar un paseo para olvidar lo que había escuchado. Era demasiado».

«Quedé impactada. No me esperaba a un chico tan joven cantando de esa manera», concuerda María José, gaditana de 56 años. Ella se topó con la ya mítica actuación de Dimash en su muro de Facebook hace ocho años: «Yo nunca he sido particularmente fan de ningún cantante, y mi familia se extrañaba de que ahora lo fuera de alguien a quien no conocían».

Lluïsa, Agustín y Cristina García Pérez en Barcelona.

Lluïsa, Agustín y Cristina García Pérez en Barcelona.Victòria RoviraAraba Press.

"Su presencia está siempre conmigo, en los buenos y en los malos momentos. Es un refugio al que acudo para calmarme cuando necesito algo de paz"

María José tiene 56 años y hace ocho se topó con Dimash en su muro de Facebook.

María José es vicepresidenta del club de fans oficial de Dimash en nuestro país. En Dears España hay actualmente registrados 149 socios, de los cuales el 90 por ciento son mujeres mayores de 50 años, seguidoras también de artistas tan variopintos como Raphael, Luis Miguel o BTS.

En el día a día, comenta María José, las administradoras de la asociación se encargan de la venta de merchandising con el logo del club. También actúan como moderadoras en el grupo de Facebook de Dears España, que ya cuenta con 18 mil miembros: «Su presencia está siempre conmigo, en los buenos y en los malos momentos. Es un refugio al que acudo para calmarme cuando necesito algo de paz. Me ha ayudado a abrirme a un mundo desconocido que no sabía que existía».

Un dato importante: antes de noviembre de 2025, Dimash Qudaibergen nunca había pisado un escenario en España. Su primer concierto fue en el Olimpic Arena de Badalona; el próximo tendrá lugar el 30 de octubre de 2026 en el madrileño Palacio de Vistalegre, como parte de su nueva gira mundial Dimensions.

Tanta espera para ver a su ídolo era una condena intolerable para las dears. Había que ponerle remedio.

El remedio en cuestión: recorrer 6870 kilómetros, unas 12 horas de vuelo.

«Jamás habría pensado en viajar para irme de concierto. Solo veía los de las fiestas de mi pueblo, así que imagínate», confiesa Cristina, quien considera los planes con el resto de fans como sus ratos de «desconexión total». Acompañada de su hermana, ha visitado ciudades como Ereván, Budapest, Düsseldorf, Estambul o Riga en busca de Dimash. Su primer concierto en Kazajistán fue a la vez «el viaje de su vida» y la mayor locura que ha cometido: «En esas excursiones, cenas y conciertos soy solo Cristina. No la madre, no la esposa, no la policía. Es muy emocionante porque puedo hacer algo que me llena solo a mí».

Lluïsa y Agustín también aprovechan los días previos al show para conocer a fondo la cultura, gastronomía e idiosincrasia de cada país. Lo han bautizado como «turismo Dimash». «He estado dos veces en Kazajistán y he podido conocer sus costumbres, que son muy distintas a las nuestras. Tengo amigas de muchos lugares; cuando coincidimos en los eventos, nos saludamos como si fuéramos familia. En realidad, eso es lo que somos las dears: una gran familia», afirma Lluïsa. Mientras ustedes leen estas líneas, Agustín está preparando su próxima escapada a Polonia para encontrarse con otras fans.

Todas estas aventuras se recogen en el documental Al compás de su voz, presentado a finales de mayo en los cines MK2 Palacio de Hielo de Madrid. Su director, cámara y montador es David Collantes, un joven de San Fernando cuya relación de parentesco con María José le une al club de fans de Dimash desde hace más de un lustro. «A mi hijo no le quedaba más remedio que escuchar sus canciones al convivir conmigo», admite ella. Cuando se mudó a Madrid para estudiar, empezó a acudir a las reuniones que el club organizaba allí y a interesarse más por su voz y su recorrido".

«Fue una compañera de la asociación, Laura, quien un día nos dijo: 'oye, estaría guay hacer un documental sobre esto, ¿no?' Y lo primero que respondí, casi sin pensarlo, fue: '¿Por qué no lo hemos pensado antes?'», describe Collantes. «Llevaba años viendo muy de cerca cómo funciona el fandom de Dimash, y no había ningún documental previo de este tipo. Pensé que quizá no había nadie mejor para contar esta historia que el hijo de una fan que lleva tanto tiempo implicada en ese mundo y que, además, tenía los medios y los conocimientos para intentar convertirlo en una película».

El artista kazajo Dimash en una de sus interpretaciones.

El artista kazajo Dimash en una de sus interpretaciones.

"Tuve que salirme del concierto para tomarme un diazepam porque me iba a dar algo"

Agustín, fanático de 59 años.

En hora y cuarto de metraje, se suceden las anécdotas de los protagonistas. Desde las jornadas de preparty-cenas multitudinarias que el club de fans de cada país organiza para los dears extranjeros en la víspera del concierto- hasta los meet & greet, donde muchos de ellos han logrado conocer al artista pagando un extra por su entrada.

«La idea siempre fue contar una historia luminosa, algo bueno, que conectara con la gente desde la emoción. Cuando, después del estreno, varias personas se me acercaron para decirme que habían llorado viendo las imágenes, sentí que habíamos cumplido nuestro objetivo. Eso también me emocionó a mí», admite David.

«En la preparty de Düsseldorf, las administradoras del club querían entregarle a algún familiar de Dimash un regalo de parte de sus fans españolas: unas castañuelas con una funda de piel», explica la más veterana. Cuenta que fue una odisea entregar ese regalo: «Entre empujones y gritos que venían de todas partes, no había manera de dárselo a nadie. Al final se lo entregamos a una de las coristas de Dimash. Fue frustrante tener que esperar tanto, pero al final lo conseguimos».

Sus testimonios coinciden en la espectacularidad de sus shows y en lo épico de la experiencia. Cada actuación, insisten, es un «acto catártico» que combina potencia vocal, interpretación dramática y un virtuosismo instrumental poco común en la música contemporánea. Stranger, Ave Maria, Olimpico, Daididau, The Love of Tired Swans... ninguno es capaz de escoger una canción predilecta.

Recuerda Lluïsa que la noche anterior a su primer concierto en Astaná se puso muy enferma: «Al día siguiente me monté rodando como pude en un taxi y asistí al concierto en segunda fila. Cuando lo vi aparecer en el escenario, delante de mí, se me pasaron todos los males».

«Tuve que salirme del concierto para tomarme un diazepam porque me iba a dar algo», rememora Agustín, entre risas. Yo no entendía cuando las tías se tiraban a Los Pecos, admito que criticaba mucho a mis hermanas. Ahora me siento como una niña de 15 años gritando en los conciertos, no tengo límites».

Explica Collantes que Dimash no solo impresiona por su técnica, sino también por su habilidad para conectar emocionalmente con el público. Su repertorio incluye temas en más de una decena de idiomas. «Ha pasado de cantante de ópera a una especie de Michael Jackson kazajo. Hace un tipo de música pop con influencias de su tierra natal, lo que lo convierte en un artista muy singular», describe el director. «A mí siempre me ha sorprendido esa mezcla: incorpora elementos de la cultura kazaja que le dan una personalidad muy marcada y, al mismo tiempo, tiene una capacidad escénica enorme. Combina el canto con unas coreografías muy bien trabajadas».

«No hay nadie en el mundo ni en la historia de la música que haga lo que hace este hombre de 32 años con la voz. No lo digo yo, lo dicen los mejores vocal coaches del mundo. Es un absoluto extraterrestre», afirma Agustín. «Él es un folclórico como la Lola Flores, de Kazajistán, pero folclórico. Le falta llorar; siempre dice que los hombres kazajos no lloran».

Les preguntamos si la fiebre Dimash es contagiosa. ¿Han conseguido los dears inocular su entusiasmo a otros familiares o amigos? Cristina aclara que su marido y sus hijas «apoyan y comparten cualquier cosa que le haga feliz», aunque al principio les chocaba mucho esa devoción por un cantante de Kazajistán. «A mi entorno más cercano ya los tengo acostumbrados y no se extrañan de nada. En el entorno profesional sí que se sorprenden un poco más», reconoce. «Es una afición como cualquier otra y no hay necesidad de frivolizar. Mi marido se apunta a carreras profesionales y también algunos fines de semana para correr. A fin de cuentas, en esta vida venimos aquí a ser felices».

«Mis hijos no lo entendían. Les ponía las canciones y ellos me decían que gritaba mucho. ¡Qué ignorantes!», ríe Lluïsa. «Allá ellos, no les hablo normalmente de los conciertos ni les doy mucho la lata con fotos ni vídeos. Me preguntan cómo me ha ido el viaje y ya. Mi hermana, mi hija y mi nieta sí que han venido conmigo a algún concierto, pero no lo siguen mucho, no he conseguido que se apunten al club», admite.

El objetivo de Agustín, que luce un gigantesco tatuaje con la cara de Dimash en el brazo derecho, es aún más trascendental: «Creo en lo místico y estoy convencido de que tengo una misión del universo, que es darle a conocer. No solo por su música, sino por el enorme corazón que tiene y por su mensaje de paz en el mundo. Sus canciones hablan de oponerse a la guerra, de vivir en armonía y de cuidar a los niños».

Tras rodar el documental, Collantes apunta a que una de las claves del fenómeno Dimash es que no se trata únicamente de una voz prodigiosa ni de un artista exótico. Para muchos de sus fieles, mayores de 50 o 60 años, simboliza el reencuentro con una forma de entender la música que creían perdida.

«Son letras que mucha gente echaba de menos en la música actual. Aunque cante en kazajo o en otros idiomas que no comprenden, hacen el esfuerzo de buscar las traducciones porque quieren saber qué está diciendo en su lengua», sostiene el director. «Muchos sienten que hacía mucho tiempo que no descubrían a un artista nuevo que les ofreciera lo que más valoran de una canción: emoción, un mensaje profundo y una interpretación intensa. Cuando encontraron eso en Dimash, la conexión fue inmediata».